pensamiento económico

Opinamos sobre filosofía y economía política

Caritas In Veritate, la mirada de un laico.

Por: Mario Zuluaga

El siete de julio pasado, Joseph Alois Ratzinger, el Papa Benedicto XVI, publicó su encíclica Caritas In Veritate. Este documento de 78 acápites repartidos en seis capítulos expresa la opinión del pontífice sobre los más diversos e importantes temas de filosofía política mirados desde la óptica de la fe cristiana.Va dirigido a toda su grey y, como él mismo afirma, a todos los hombres de buena voluntad. Aunque no es un documento para los seguidores del laicismo, como él categóricamente lo expresa cuando afirma que

<<En el laicismo y en el fundamentalismo se pierde la posibilidad de un diálogo fecundo y de una provechosa colaboración entre la razón y la fe religiosa>>,

sí es un texto al que los liberales y libertarios no creyentes deben prestarle la mayor atención pues el Papa Benedicto XVI es la cabeza de una amplia congregación de seres humanos.

Todos los temas tratados en la encíclica están atravesados por el concepto de caridad cristiana. La caridad que predica el Papa es la solidaridad teñida de fe. Así dice en el acápite 6 de su encíclica:

<<La caridad manifiesta siempre el amor de Dios también en las relaciones humanas, otorgando valor teologal y salvífico a todo compromiso por la justicia en el  mundo>>.

No es pues un sentimiento humano desprovisto de ideologías; no es el amor al prójimo como valor en si mismo, tiene la marca del creyente y condena al no creyente a un mundo de obscuridad y confusión. Así habla el pontífice en la conclusión de su documento,

<<Sin Dios el hombre no sabe adonde ir ni tampoco logra entender quién es. Ante los grandes problemas del desarrollo de los pueblos, que nos impulsan casi al desasosiego y al abatimiento, viene en nuestro auxilio la palabra de Jesucristo, que nos hace saber: «Sin mí no podéis hacer nada» (Jn 15,5). Y nos anima: «Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final del mundo» (Mt 28,20)>>

El Papa desconoce milenios de progreso económico y cultural, conseguido con altísimos costos de sudor y sangre, cuando afirma:

<<Pablo VI nos ha recordado en la Populorum progressio que el hombre no es capaz de gobernar por sí mismo su propio progreso, porque él solo no puede fundar un verdadero humanismo>>.

Sin duda es un texto polémico y controvertible que por fortuna se puede leer en cualquier orden. Incluso puede leerse por medio de palabras clave; por ejemplo: las expresiones

“derecho a la vida” aparece 1 vez,

“derechos a la propiedad” aparece 1 vez,

“justicia social” aparece 2 veces,
“solidaridad” aparece 31 veces,
“bien común” aparece 19 veces,
“libertad” aparece 24 veces,
“justicia” aparece 52 veces,
“derecho” aparece 47 veces,
“desarrollo” aparece 242 veces,
“subdesarrollo” aparece 7 veces,
“igualdad” aparece 3 veces,
“desigualdad” aparece 4 veces,
“mercado” aparece  35 veces,
“globalización” aparece 30 veces,
“intercambio” aparece 7 veces,
“vida” aparece 80 veces,
“felicidad” aparece 2 veces,
“social” aparece 155 veces,
“sociedad” aparece 60 veces,
“progreso” aparece 17 veces,
“gobierno” aparece 10 veces,
“caridad” aparece 91 veces,
“amor” aparece  61 veces,

Como vemos, es un texto en el cual todos los temas que se contemplan  son de capital importancia. Por ello, y por quien los escribe, lo convierte en un texto de obligatoria lectura. Sobre cada uno de los temas que toca el Pontífice podemos hacer reflexiones y expresar comentarios, sólo quiero referirme a unos pocos.

Me sorprende, no gratamente, la poca importancia que Benedicto XVI le da a la propiedad, sólo una vez leemos en el texto la palabra propiedad, sólo se refiere muy rápidamente a la propiedad intelectual, y de hecho, atacándola. Ningún análisis, ningún entendimiento de uno de los temas más sustantivos de la filosofía política. La propiedad es el motor de la vida, el desarrollo y el progreso. Está en el centro de toda discusión, ya filosófica, ya práctica. El humano no sólo tiene, como todo ser viviente, el sentido de propiedad sino que lo ha desarrollado como concepto social y como instrumento de construcción de instituciones que permiten el progreso y la riqueza. Si hay algo implícito en lo que entendemos por vida, éso es la propiedad. Es una pena, Benedicto XVI se niega a verlo.

Uno de los conceptos más vagos en filosofía política es el llamado “bien común”. Diez y nueve veces aparece esta expresión en la encíclica de Benedicto XVI.  La extensión de este concepto a todos los ámbitos de las agrupaciones humanas ha servido de arma política utilizada por líderes políticos e ideólogos para hacerse con el poder. Los políticos justifican su oficio alegando que ellos trabajan en Pro del “bien común”. En sentido lato no existe el “bien común”. Lo que existe es el bien individual, son los individuos quienes buscan satisfacer sus necesidades; los medios materiales o espirituales para satisfacer aquellas necesidades son bienes individuales y no “bienes comunes”.
¿Pero es que no existen elementos comunes a todos los humanos, necesarios ellos para su supervivencia y llevar una existencia digna de ser llamada humana? Claramente sí existen, pero son pocos y muy generales comparados con la cantidad de normas y disposiciones aprobadas en asambleas y congresos exaltadas con el pomposo nombre de “bien común”. Los “bienes comunes” no se deciden ni se votan en cámaras parlamentarias o ayuntamientos, los bienes comunes habremos de buscarlos en las raíces mismas de la existencia humana; ellos vienen expresados en términos de “derechos” (derechos negativos) universales simples y obvios: La vida, la libertad, la propiedad. Aún estos “derechos” tienen límites; mis derechos de vida, libertad y propiedad no pueden oponerse a los de mi vecino; esos “derechos” están por encima de cualquier forma de poder; no se votan, no se modifican y no se matizan  por congresos parlamentarios o gobiernos en favor de mayorías; aquellos derechos están por encima del Poder, son inherentes a la condición humana. Aquellos derechos negativos se alzan como los axiomas de una gran construcción teórica de filosofía política; ellos mismos se autolimitan, no es aceptable que entren en contradicción con ellos mismos. Si, por ejemplo, un plan de acción que yo realice, amparado por mi derecho a la propiedad y la libertad, pone en riesgo la vida de mi vecino, dicho plan de acción es ilegítimo. Otro ejemplo, cuando un gobierno ordena una carga impositiva a un sector de la población para subsidiar las necesidades de otro sector, no puede alegar que lo hace por el afán de un “bien común” puesto que ello viola el derecho de propiedad.

El “bien común” expresado por el Papa en su encíclica es una extensión del bien individual a las colectividades, es una especie de entidad vaga que supera y sofoca el razonamiento y la voluntad individual, es una entidad que al no poder concretarla le abre las puertas a la intervención estatal para que la construya con la fuerza del poder del estado. Toda una perversión. Así dice el Papa:

<<Junto al bien individual, hay un bien relacionado con el vivir social de las personas: el bien común. Es el bien de ese «todos nosotros», formado por individuos, familias y grupos intermedios que se unen en comunidad social[4]. No es un bien que se busca por sí mismo, sino para las personas que forman parte de la comunidad social, y que sólo en ella pueden conseguir su bien realmente y de modo más eficaz. Desear el bien común y esforzarse por él es exigencia de justicia y caridad. Trabajar por el bien común es cuidar, por un lado, y utilizar, por otro, ese conjunto de instituciones que estructuran jurídica, civil, política y culturalmente la vida social, que se configura así como pólis, como ciudad>>.

Está todo claro y todo dicho. Para el Papa el bien común es un derivado del poder del estado. Es un elemento que se extrae del positivismo jurídico. No del derecho natural, tan pegado a la condición humana.

Y sobre la caridad (noble sentimiento de solidaridad) lo que afirma el pontífice me produce espeluznos. Así exhorta a los de su grey:

<<Todo cristiano está llamado a esta caridad, según su vocación y sus posibilidades de incidir en la pólis. Ésta es la vía institucional también política, podríamos decir — de la caridad, no menos cualificada e incisiva de lo que pueda ser la caridad que encuentra directamente al prójimo fuera de las mediaciones institucionales de la pólis>>.

Y más adelante, como si ignorara el aliento que sus palabras infunden en amplísimos sectores de las sociedades occidentales, nos sorprende con la siguiente declaración:

<<La Iglesia no tiene soluciones técnicas que ofrecer[10] y no pretende «de ninguna manera mezclarse en la política de los Estados»[11]. No obstante, tiene una misión de verdad que cumplir en todo tiempo y  circunstancia en favor de una sociedad a medida del hombre, de su dignidad y de su vocación>>.

Referencia

http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/encyclicals/documents/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate_sp.html

Agosto 6, 2009 Publicado por Mario Zuluaga Uribe | Filosofía | | Aún no hay comentarios

Infiernos fiscales

El sigiguiente artículo ha sido publicado por PABLO MOLINA en www.libertaddigital.com

http://www.libertaddigital.com/opinion/pablo-molina/infiernos-fiscales-48526/

Entre las medidas adoptadas en la cumbre de Londres para luchar contra la crisis, unas ineficaces y otras directamente contraproducentes, llama la atención la aprobación popular que ha suscitado la decisión de acabar con los paraísos fiscales. El Príncipe Rainiero solía replicar cuando le preguntaban al respecto que no existen paraísos, sino infiernos fiscales, definición que me parece muy ajustada a la realidad dada la voracidad estatal de los países socialdemócratas.

Salvo que el dinero provenga de la comisión de un delito, no hay ninguna razón para perseguir a los que quieran poner su patrimonio a salvo del Fisco de su país de origen. Pero es que la cumbre del G-20 no quiere acabar con los paraísos para evitar el lavado de dinero del tráfico de drogas o de armas, sino para que los políticos puedan controlar exhaustivamente todos los flujos financieros que se generan en sus territorios. Denunciar a los países que respetan la privacidad de los depositantes extranjeros por la posibilidad de que sean delincuentes, es tanto como prohibir las comunicaciones telefónicas privadas para acabar con las estafas de algunas líneas de pago: un despropósito y un ataque injustificable a la libertad individual, que sin embargo la masa adocenada aplaude, espoleada por la envidia igualitaria que la socialdemocracia estimula con todos los medios a su alcance.

Personalmente lamento no disponer de una paletada de millones con los que crear una sociedad opaca en cualquier paraíso fiscal de los que salpican el mapamundi. Algunas de estas reservas libertarias tienen unos nombres tan sugestivos (Vírgenes Británicas, Monserrat, Aruba, Dominica, Seychelles, Maldivas o Marianas del Norte) que intentar acabar con ellos resulta hasta un acto de mal gusto.

Los líderes mundiales quieren que todo el planeta sea un infierno fiscal, como lo definió Rainiero, motivo suficiente para que la gente decente sospeche de sus verdaderas motivaciones. No les basta con acelerar la máquina de producir dinero y multiplicar exponencialmente el gasto público –la mejor receta para que las crisis se reproduzcan cíclicamente– sino que quieren acabar con los únicos reductos de privacidad que todavía escapan a sus manejos. Son el rostro siniestro de la nueva Inquisición, aunque se oculten tras la tersura de ébano y el encanto cosmopolita de la espléndida Michelle.

Abril 4, 2009 Publicado por Mario Zuluaga Uribe | Blogroll | | Aún no hay comentarios

Al oído de Joseph E. Stiglitz

Por Mario Zuluaga


En un artículo del 11 de julio de este año, [1], publicado por el periódico EL ESPECTADOR, J.Stiglitz (premio Nobel de economía de 2001) se pregunta por el fin del neoliberalismo.

Acusa a los liberales (neoliberales para Stiglitz), o mejor, a los seguidores del libre mercado, de políticas que ellos mismos han atacado. Para nuestro insigne economista el descalabro de las hipotecas subprime se debe a los liberales, ocultando que son los bancos centrales, los que crean artificialmente el dinero, quienes artificialmente han bajado los tipos de interés permitiendo con ello que los bancos comerciales se dediquen a los préstamos irresponsables e induciendo a las familias a tomar endeudamientos que no podían cancelar. ¿Puede haber algo más antiliberal que aquello? También acusa a los liberales del descalabro del sector agrícola norteamericano debido a los subsidios que no les permiten competir con los agricultores europeos. ¿De cuando acá una política de subsidios  es parte del ideario liberal? También acusa a los liberales de favorecer políticas al servicio de intereses particulares. ¿No es acaso esas corruptas prácticas las que los liberales más han atacado desde los tiempos de don Adam Smith y mucho antes, desde los escolásticos españoles de la escuela de Salamanca? Son los gobiernos reguladores los que en alianza con el gran capital les han concedido a sus representantes gabelas, monopolios y preferencias especiales. ¿Puede haber algo más antiliberal que aquello?

Primero  debemos advertir que la expresión neoliberalismo sólo se usa como epíteto insultante. Nadie ha podido explicar cuál es exactamente el significado que el prefijo neo le agrega a la mal tratada palabra liberal. Pero los liberales, liberales en el sentido clásico del término, o libertarios, como muchos de ellos han preferido autodenominarse, siempre recogen el guante de los señalamientos que se les imputa.

Es una pena que un eminente economista como Stiglitz, desinforme al público sobre el pensamiento libertario atribuyéndole posturas que sus seguidores no se cansan de criticar. No es el libre mercado el causante del desbarranque económico que estamos padeciendo. Nunca hemos tenido libre mercado, ¿puede un convenio entre comerciantes e industriales protegidos por sus gobiernos, exasperantemente largo y minucioso, que más parece un juego de poker entre tramposos, llamarse libre comercio? Es el exceso de estatismo regulador y proteccionista el culpable de lo que vivimos. Si no fuera por lo trágico del tema, sería un chiste observar cómo los gobiernos, asesorados por reconocidos economistas de tradición keynesiana, que intervienen el mercado, que alteran artificialmente las estructuras monetarias y fiscales, que subsidian a los gremios económicos dueños del gran capital con dinero salido de los impuestos del ciudadano raso, que expanden el crédito bancario con respaldo de los bancos emisores, y después de todo aquello, cuando nos precipitan al abismo, salgan a culpar a los libertarios (que han advertido hasta el delirio la perversidad de aquellas actuaciones) de aquella debacle.

Cuando Stiglitz cabalga a lomos del estatismo regulador contra la libertad de comercio también se opone a la libertad de expresión pues la primera es la madre de la segunda. Y quien se opone a la libertad de opinión es, por lo menos, un déspota en capullo que se apresta a someter a sus congéneres con la marca del hierro de sus vanidades y extravagantes convicciones.

No entiendo cómo el análisis reposado e incisivo propio de las aulas académicas lo confundan con el panfleto exaltado de la plaza pública. Tratar de fundamentalistas, cómo Stiglitz lo hace, a los libertarios es lo mismo que tratar de caníbal y glotón a M. Gandhi. Nadie más apartado de fundamentalismos e ideologías que un libertario a quien solamente lo asisten el amor a la libertad individual y las leyes de la lógica formal.

Julio 16, 2008 Publicado por Mario Zuluaga Uribe | Blogroll | | 4 comentarios

Los Capitales “golondrina”

Por Mario Zuluaga

Los capitales “golondrina” son aquellos que llegan al país por corto tiempo, aprovechan las altas tasas de rentabilidad y luego salen “volando”, como golondrinas. Para muchos comentaristas económicos, aquéllos son la causa de la apreciación del peso que trae, como corolario, todos los males a los exportadores.

No es necesario ser un experto para advertir las inconsistencias en que algunos economistas, no todos, claro, incurren en el análisis del “golondrinazo”.

Primero debemos advertir que el dólar barato se debe a la enorme oferta del mismo en el mercado de de divisas. Obvio. Las inversiones extranjeras en exploración y refinación de petróleo, en minería, en telefonía, en tiendas de grandes superficies, en proyectos hidroeléctricos, tráfico de drogas…ctc han hecho que en Colombia nos tropecemos con el dólar en cada esquina. Segundo, los exportadores contribuyen con el auge de dicha oferta debido a los dólares que reciben por sus exportaciones. Obvio. Por lo tanto ellos son también causantes del mal que los aqueja. Tercero, su queja y solicitud de protección al gobierno no indica otra cosa que ellos quieren ser los únicos traedores de dólares al país y, claro, que no sean muchos esos traedores de dólares porque de lo contrario se dañaría el negocio ¿No les recuerda el decreto-ley 444 de 1967 e impuesto por Carlos Lleras?

Las soluciones que proponen los gremios exportadores están cargadas de cinismo y conducen a una espiral inflacionaria. Veamos: Los gremios le piden al Banco de la República que bajen las tasas de interés, que están ahora en el 9.75%, para desincentivar el ingreso de capitales golondrinas que, según ellos, traen una apreciación del peso colombiano. Pero aquellos gremios exportadores se niegan, maliciosamente, a aceptar que una baja en los intereses del Banco de la República trae una expansión del crédito que tiene los mismos efectos que genera la impresión de billetes puestos a circular y de allí el aumento artificial de precios de bienes y servicios. Alegan que la inflación que estamos observando se debe solamente a la escasez de productos. No advierten que los males económicos suelen sumarse.

Por ejemplo, Fernando Londoño Hoyos, director de un programa radial titulado La Hora De La Verdad, enfila baterías todos los días contra los capitales “golondrina” y así nos explica la perversidad de aquellos: “…cuando llegan se benefician de la alta rentabilidad que se ofrece en el mercado de capitales y cuando se van se benefician de la alta apreciación del peso…” La frase anterior es efectista y carente de análisis. Es la frase del exportador poco competitivo que busca la protección del gobierno. Protección que todos pagamos, claro.

Hagamos unas cuentas sencillas para entender que no son los capitales “golondrina” los causantes de la apreciación del peso. Es la inversión extranjera directa (IED) la que genera una apreciación del peso. De hecho, la IED es el gran motor de desarrollo de cualquier país y son evidentes sus beneficios.

Supongamos que el dólar lo compran las casas de cambio a $1700 y lo venden a $1800. Supongamos que el rendimiento que ofrece el sector financiero a los capitales es de un 10% anual. Entonces, un dólar que entra al país con un valor de $1700, al año se ha transformado en $1870 y al transformarse de nuevo en dólares será US$1.04. Es decir, por cada dólar que entra y sale, y por el período de un año, sale del país US$0.04 ¿No quiere eso decir que ese dólar “golondrino” está contribuyendo con la escasez del dólar y por ende con la devaluación del peso? Miremos que le sucede a aquel dólar si llega al país por dos años: Al cabo de dos años ese dólar se ha convertido en $2057 y al transformarse en dólares será US$1.14. Es decir que ese dólar que sale se lleva consigo US$0.14. Así sucesivamente, si llega por tres años se lleva consigo US$0.25, si llega por cuatro años se lleva consigo US$0.38. Es claro que capitales que llegan a un país por más de cuatro años no son “golondrinos”, son capitales que llegan para beneficiarse del desarrollo que generan, pues son capitales que son usados para generar industrias y negocios varios.

Las otras cuentas que los exportadores no hacen, o no las expresan, son los beneficios que nos traen los dólares baratos. Pensemos en aquella enorme cantidad de bienes y servicios que no poseemos, que vienen del exterior a precios accesibles, que mejoran nuestra actividad productiva.

La única acción razonable del sector exportador es mejorar sus niveles de competitividad: bajos costos de producción y mejoras en las calidades de sus productos. Sus ruegos proteccionistas van en desmedro del resto de los colombianos y constituyen el más viejo y cínico mercantilismo.

Julio 7, 2008 Publicado por Mario Zuluaga Uribe | Economía | | 1 comentario

Un antiliberal aclamado, Lleras Restrepo y el atropello a las libertades individuales

Por Mario Zuluaga Uribe

El pasado mes de abril hubo una gran cantidad de programas de televisión en los que se conmemoró los cien años del nacimiento de Carlos Lleras Restrepo. Con los más desproporcionados ditirambos a su carrera de político y economista, sus amigos y familiares recordaron las obras de aquel ex presidente que gobernó a Colombia entre 1966 y 1970.

Es casi imposible encontrar alguna publicación, en libros, revistas o periódicos, en la que se critique, desde un punto de vista liberal (en el sentido clásico del término), las perversas decisiones económicas propulsadas por aquel ex presidente. Su más famoso decreto de 1967 numerado con el 444 es considerado por algunos como un éxito económico que “puso al país en la senda del progreso y desarrollo”. Quien esté interesado en leer aquel decreto lo puede consultar en [1].

En doscientos sesenta y nueve artículos, contenidos en catorce capítulos, Lleras Restrepo y tres de sus ministros sellaron la historia económica de Colombia por más de veinte años y por medio de los cuales encerraron al país, cercenaron las libertades económicas del ciudadano común y le entregaron a sus amigos, en monopolios y oligopolios, la cotidianeidad de la nación. Cualquier persona amante de la libertad y consciente del inmenso valor social y económico que conlleva el respeto a la individualidad siente espeluznos al leer aquel minucioso, perverso y desproporcionado documento.

Aquel decreto de ley se ocupó con detalles de toda la vida económica de Colombia: certificados de cambio, mercados de capitales, posesión de divisas, comercio del oro, reservas internacionales, exportación y reexportación de bienes, exportación de café, importación de bienes, ingresos y egresos por servicios, inversión de capitales extranjeros, préstamos de moneda extranjera a particulares, deuda pública externa, inversión de capitales colombianos en el exterior, donaciones en moneda extranjera, régimen cambiario y de comercio exterior de petróleo y minería, estímulos tributarios a las exportaciones, promoción de exportaciones, acuerdos comerciales, creación y reglamentación de organismos de cambio y comercio exterior, oficinas de cambio, prefectura de control de cambios y disposiciones relativas a impuestos.

Aunque muchas de las reglamentaciones sobre divisas, impuestos y comercio exterior han cambiado en los últimos tiempos, el espíritu intervencionista y regulador de aquel decreto 444 sobrevive.

Armando Montenegro, prestigioso economista colombiano, ex director de Planeación Nacional, tímidamente justifica los atropellos que Lleras Restrepo le ocasionó a la libertad de los colombianos simplemente diciendo que eran otros tiempos. La libertad no es un valor de los últimos tiempos, es un valor eterno, es el motor del crecimiento y desarrollo del los pueblos. Así dice Montenegro en [2]

…el aparato productivo había crecido en forma significativa. Su estructura y su composición habían adquirido gran complejidad. Ya no era posible dirigir la economía como cuando las exportaciones o las reservas internacionales ascendían a unos pocos cientos de millones de dólares y el responsable de la mayoría de las operaciones era un puñado de personas conocidas entre sí.

De otro lado, la democratización de la vida política, que le abrió la entrada a nuevos movimientos y partidos, y la creciente liberalización de la economía exigían que la política económica se manejara de manera general, con medidas impersonales, con nuevos y más eficaces instrumentos de intervención estatal, por medio de instituciones modernas, semejantes a las de los países más avanzados. Había llegado la hora del cambio.

No creo que haya sido por azar la coincidencia de la coerción económica y aislamiento que le impuso el ex presidente Lleras a los colombianos con el florecimiento de grupos armados como M 19, FARC y ELN. Las protestas ciudadanas, estudiantiles y sindicales en contra de las disposiciones del gobierno de Lleras fueron fragorosas; los aplausos del protegido y subsidiado gran capital también fueron estruendosos y muchos de los amigos que aún sobreviven al ex presidente lo ensalzan por estos días con motivo de los cien años de su nacimiento.

Yo le he preguntado a muchas personas, amigos y familiares, admiradores de la obra de gobierno del ex presidente Lleras, si conocen el contenido y significado del decreto-ley 444 y me confiesan que no lo conocen. La fama y admiración de aquel personaje fluye y se expande por las páginas de los periódicos de sus áulicos, no porque la gente entienda de cómo aquella nefasta administración retrasó el desarrollo de Colombia por décadas. Afirmo sin ninguna duda que lo que caracteriza y caracterizó a las élites económicas y gubernamentales de Colombia es el odio a la libertad.

Veamos algunos ejemplos que sustentan mis afirmaciones sobre quien más ha manoseado, estrangulado y pisoteado las visiones de libertad de aquellos liberales y libertarios colombianos que creemos en las bondades políticas y económicas del respeto a los derechos individuales de libertad. Comparado con el ex presidente Lleras, John Mynard Keynes luce como el más desatado anarquista. Sólo analizaré unos cuantos artículos consignados en algunos de los capítulos.

Primero debemos advertir que la minuciosidad de las reglamentaciones que aparecen en muchos de los artículos le imprime al texto un carácter temporal y local. No es entendible que ante tal temporalidad este decreto-ley haya servido, por tanta cantidad de años, de hoja de ruta de un país tan complejo como Colombia Además, la discrecionalidad por parte de las juntas reguladoras, en aquel entonces creadas, se presta, como se prestó, a crear bolsas de corrupción de las que aun no hemos sido capaces de zafarnos.

En 1988 Friedrich Hayek escribió su último libro titulado The Fatal Conceit: The Errors of Socialism (La Fatal Arrogancia: Los Errores del Socialismo) En el cual demuestra los errores en los que se incurre bajo una economía centralmente planificada. Ya en 1920 Ludwig Von Mises, mentor de Hayek, expuso sobre la imposibilidad del cálculo económico en economías centralizadas. Los errores que aquellos dos pensadores austriacos señalaron son los mismos que encontramos en el decreto-ley del ex presidente Lleras.

Encontramos tres pecados graves contra la libertad individual del colombiano en este decreto: Uno, el presidente y sus ministros son los únicos que saben qué es lo que le conviene a la gente, no la gente misma. Dos, el gobierno es el amo de la riqueza nacional. Y tres, el gobierno concede monopolios u oligopolios a quienes él considera que tienen los méritos para recibirlos. Y todo aquel horror por el poder que le confiere los fusiles.

1. Violación al derecho que tiene todo ser humano de decidir con autonomía sobre aquello que le conviene.

Observamos en la lectura del texto del decreto 444  que un grupo reducido de ministros y colaboradores del gobierno se arroga el derecho a decidir qué es y qué no es útil para todo el pueblo colombiano; qué es y qué no es superfluo; cuáles son y cuáles no son los servicios que necesitan los colombianos y cuáles son aquellos temas que los colombianos deben estudiar en el exterior. Fatal arrogancia.

Para probar lo que he afirmado voy a transcribir algunos artículos del decreto. Así dice el artículo 4°: (marco en negrilla los apartes más notorios)

Artículo 4° Solamente podrán adquirirse divisas para los fines económica o socialmente útiles, definidos como tales en este estatuto, y previa la expedición de la respectiva licencia de cambio.

En el siguiente artículo vemos cómo el gobierno decide qué es lo útil y qué es lo conveniente para el país. Además, discrecionalmente, concede divisas para el servicio de préstamos a particulares, según lo decida la Junta Monetaria. Así dice el artículo 6°:

Artículo 6º. Dentro de las condiciones y límites establecidos en el presente estatuto, podrán adquirirse divisas para pagos al Exterior por los siguientes conceptos:

a) Mercancías cuya importación haya sido debidamente autorizada;

b) Fletes de importación que deban cubrirse en moneda extranjera;

c) Petróleo crudo que se adquiera para su refinación en Colombia, cuando medie la autorización prevista en el artículo 154;

d) Servicios de evidente conveniencia para el país;

e) Servicio Diplomático, pagos a organismos internacionales, deuda pública y otros compromisos contractuales del Estado y de las demás entidades de derecho público;

f) Gastos en moneda extranjera que demande el comercio de exportación;

g) Gastos de estudiantes en el Exterior;

h) Servicio de la deuda externa del Banco de la República y de la Federación Nacional de Cafeteros de Colombia;

i) Servicio de los préstamos externos a favor de particulares;

j) Remesas de utilidades y reembolso de capitales extranjeros invertidos en Colombia, y

k) Los demás que determine la Junta Monetaria para fines económica o socialmente útiles.

Sobre licencias de importaciones el gobierno se arroga el derecho de calificar lo qué es y no es superfluo. Así dice el artículo 7°:

Artículo 7° A través del requisito de licencia previa, el Gobierno regulará las importaciones en la medida en que lo juzgue necesario, para lograr los siguientes objetivos: …b) Restringir los consumos superfluos.

Sobre lo qué es o no es razonable, también el gobierno se erige como el único conocedor de dicha virtud. Así dice el artículo 95°.

Artículo 95°. Podrán adquirirse divisas del mercado de capitales para pagos de servicios que haya necesidad de cubrir en moneda extranjera. La Junta Monetaria reglamentará la cuantía de dichos giros y las condiciones que deben reunir para ser autorizados. Las cantidades serán razonables, y en todo caso deberá evitarse que a través de transferencias por este concepto se violen las disposiciones sobre control del movimiento de capitales.

Sobre registros de contratos en moneda extranjera el gobierno se siente iluminado para decidir qué es aquello social, económica, técnica o culturalmente útil. Así dice el artículo 101°:

Artículo 101°. Deberá solicitarse a la Oficina de Cambios el registro de contratos en moneda extranjera para el pago de servicios técnicos, científicos, artísticos o de cualquier naturaleza. La Oficina hará el registro si se reúnen los siguientes requisitos: b) Que dichos servicios sean social, económica, técnica o culturalmente útiles para el país.

Pero si aún creemos que no es posible más arrogancia y despotismo gubernamental, veamos el artículo 103° en el que el gobierno dice qué es lo que los colombianos deben estudiar y en qué cuantía podrán recibir giros para su sostenimiento en el exterior.

Artículo 103°. Se harán por el mercado de capitales los giros para el sostenimiento de estudiantes en el Exterior y de personal profesional o técnico que adelante cursos de capacitación en países extranjeros. Los giros a estudiantes universitarios patrocinados por el Instituto Colombiano de Especialización Técnica en el Exterior (ICETEX) se harán por el mercado de certificados de cambio. El Gobierno reglamentará la cuantía y condiciones de los giros y de los estudios de especialización que con ellos pueden atenderse y apropiará las partidas necesarias para dotar al Instituto Colombiano de Especialización Técnica en el Exterior (ICETEX) de recursos financieros para continuar adelantando normalmente sus labores.

2. El gobierno concede monopolios

La columna vertebral del decreto 444 se caracteriza por el otorgamiento de monopolios, es la parte más notoria del texto. El gobierno se alza como dueño de las riquezas naturales, y no naturales también, y las distribuye en monopolios, dejando siempre un espacio de discrecionalidad a las instituciones creadas para tales fines. Empecemos con el

Artículo 18°. Constituyen “Certificados de Cambio” los títulos representativos de monedas extranjeras que el Banco de la República deberá expedir en las circunstancias y con las condiciones del artículo siguiente. Tales títulos serán libremente negociables por sus beneficiarios o tenedores; pero la Junta Monetaria podrá, por razones de conveniencia general, permitir su endoso sólo a los establecimientos de crédito que hayan sido debidamente autorizados por el Superintendente Bancario para adquirirlos, poseerlos y negociarlos.

Ahora, una vez que los organismos de crédito han sido autorizados por la Junta Monetaria para hacer préstamos en divisas extranjeras a particulares, el artículo 14° configura el mecanismo de los monopolios. Veamos:

Artículo 14°. Además de las operaciones en moneda extranjera autorizadas por otras disposiciones de este Decreto, los establecimientos de crédito podrán celebrar las siguientes, siempre con sujeción a las normas en él previstas:

a) Recibir depósitos en moneda extranjera;

b) Obtener financiación externa y utilizar el producto de ésta para los fines propios de su actividad;

c) Otorgar préstamos en moneda extranjera para la prefinanciación de exportaciones colombianas;

d) Abrir cartas de crédito sobre el Exterior y conceder créditos para el pago de mercancías importadas y para cubrir en forma directa por cuenta del cliente a las empresas marítimas y aéreas los fletes causados por la importación de ellas;

e) Otorgar garantías o avales de obligaciones en moneda extranjera para operaciones de cambio internacional celebradas de conformidad con las normas de este estatuto, y

f) Hacer inversiones y préstamos en el Exterior.

3. El gobierno, el único dueño y repartidor de la riqueza.

El superintendente bancario es quien decide sobre las utilidades de los certificados de cambio. Es decir, no se llega a la riqueza y el crecimiento económico producto de la actividad comercial de los ciudadanos, aquello lo decide un burócrata nombrado por el presidente. Veamos el siguiente esperpento:

Artículo 26°. El Superintendente Bancario determinará la cuantía máxima de las utilidades que pueden obtener los establecimientos de crédito en sus operaciones de compra y venta de “certificados de cambio”, y reglamentará la forma de calcularlas y los términos para su liquidación. Si al efectuar la liquidación se hallare que la utilidad ha sido mayor a la que establezca el Superintendente, la diferencia ingresará al Tesoro Nacional con destino al Fondo de Promoción de Exportaciones.

Los artículos 30°, 31° y 32° muestran con claridad por qué este decreto-ley ordena el encierro discriminado de los colombianos. Sólo el gran capital y los amigos personales del gobierno están habilitados para interactuar con el mundo exterior. He resaltado en negrilla las partes más aberrantes de los artículos. Veamos que dicen los artículos:

Artículo 30°. Salvo las excepciones que este decreto autoriza, solamente el Banco de la República podrá recibir depósitos en moneda extranjera.

Artículo 31°. Las divisas correspondientes a depósitos en moneda extranjera, constituidos en establecimientos de crédito del país o en el Exterior, con anterioridad al Decreto 2867 de 1966, por personas naturales o jurídicas residentes en Colombia, deberán venderse al Banco de la República a la tasa del mercado de capitales o invertirse en los bonos de que trata el artículo 251, dentro de los plazos que señale la Junta Monetaria, teniendo en cuenta, entre otras consideraciones, la naturaleza de las distintas clases de depósitos.

Salvo las excepciones que establezca la Junta Monetaria, también deberá venderse al Banco de la República o invertirse en los mencionados bonos las divisas que resulten de la venta o liquidación de acciones, bonos, participaciones en fondos de inversión, y en general de toda clase de valores denominados en moneda extranjera, y los provenientes de la enajenación de otros bienes muebles o inmuebles que tengan en el exterior los residentes en Colombia.

A fin de asegurar el cumplimiento de lo dispuesto en el inciso anterior, los bienes a que él se refiere, al igual que toda transferencia o enajenación de los mismos, deberán registrarse en la Oficina de Cambios cuando ello no se hubiere hecho en desarrollo del Decreto 2867 de 1966, dentro de los plazos y en la forma que dicha Oficina determine.

Artículo 32°. No obstante lo dispuesto en el artículo anterior, la Junta Monetaria podrá autorizar qué personas naturales o jurídicas, residentes en Colombia mantengan y utilicen depósitos u otros fondos en moneda extranjera, cuando ello fuere necesario para el normal desarrollo de determinadas actividades económicas, o cuando se tratare de personas que, residiendo transitoriamente en el país, deban hacer gastos en el exterior. Estos depósitos podrán mantenerse en establecimientos de crédito que operen en Colombia y estarán sujetos al encaje que determine la mencionada Junta.

Pero no sólo el gobierno enriquece a sus amigos personales y al gran capital sino que los protege de la competencia exterior para enriquecerlos aun más. Veamos cómo:

Artículo 70°. La importación de bienes incluidos en la lista de licencia previa requiere autorización de la Junta de Importaciones, la cual podrá aprobarla total o parcialmente, aplazarla o improbarla.

También el gobierno de Lleras Restrepo de manera abusiva decide sobre los préstamos que reciben los particulares. Lo vemos en el siguiente artículo:

Artículo 127°. Con el fin de asegurar que los préstamos externos a particulares se contraten en términos favorables y que su servicio se pueda hacer en forma oportuna, sin que él ocasione presiones inconvenientes sobre el mercado de cambio exterior, la Junta Monetaria reglamentará con carácter general los plazos, intereses y demás condiciones de tales préstamos.

La irracionalidad del decreto-ley 444 llega a cumbres insospechadas. Sólo la demencia explica que un grupo de burócratas le exijan garantías de éxito a un colombiano que inicia una empresa en el exterior. Así dice el artículo 147°:

Artículo 147°. El Departamento Administrativo de Planeación exigirá garantías suficientes que aseguren la efectividad de la inversión y la venta al Banco de la República de su rendimiento, a fin de evitar fugas de capitales o reexportaciones ilegales.

Podría seguir mostrando ejemplos sobre el carácter maligno del decreto 444. Creo que con lo que he señalado es suficiente par apoyar mis afirmaciones.

A Carlos Lleras Restrepo se le acusa de haberle robado las elecciones presidenciales de 1970 al ex general Gustavo Rojas Pinilla quien se enfrentó al candidato del Frente Nacional Misael Pastrana Borrero. Esta acusación fue negada por el mismo ex presidente. Pero muchos años después, su ex ministro de gobierno, Carlos Augusto Noriega aceptó y justificó aquella felonía a la democracia.

Aun hoy, después de tantos años, algunos periodistas prestigiosos y viejos amigos del ex presidente le rinden panegíricos recordatorios y carentes de análisis. Así publicó el periódico EL TIEMPO el pasado 11 de abril de 2008 en su editorial Carlos Lleras, 100 años, [3], Con una desmesurada carga de cinismo el editorialista expresó:

…Pero no fueron sus innumerables textos, discursos o decretos los que más se grabaron en la memoria colectiva del país, sino los gestos con los que ganó el respeto general, como el de la noche del 21 de abril de 1970, en la que “mandó a dormir a los colombianos”. En una aparición por televisión, mientras miraba su reloj de pulsera, notificó a la ciudadanía que debía recluirse en sus casas en el término de una hora, en acatamiento del toque de queda. Así puso fin a la agitación callejera que siguió a la jornada electoral de la antevíspera, en la que se enfrentaron los candidatos presidenciales Gustavo Rojas Pinilla y Misael Pastrana Borrero. Los seguidores de Rojas se habían lanzado a las calles para protestar contra lo que vieron como un fraude y la tensión había llegado a tal punto que, en opinión de muchos, ese día Lleras Restrepo salvó al país de otro 9 de abril”.

Junio 14, 2008 Publicado por Mario Zuluaga Uribe | Economía | | Aún no hay comentarios

El positivismo jurídico como arma política

Por:  Mario Zuluaga

Ante la crisis de relaciones diplomáticas entre Colombia y Ecuador, suscitada por el ataque de un comando del ejército colombiano  a un campamento de las FARC asentado en territorio ecuatoriano, el viejo enfrentamiento entre el iuspositivismo, o positivismo  jurídico, y el iusnaturalismo, o derecho natural,  vuelve a ponerse de relieve generando con ello un dilema que parece no tener solución.

  

El positivismo jurídico habilita al estado para establecer una serie de normas jurídicas que moldean el comportamiento humano y que separan el carácter formal de aquellas del aspecto moral o natural de las mismas. En el iuspositivismo no existe la interpretación de la norma, ella ha de aplicarse en sentido literal y no se mira si tal norma es justa o injusta, si consulta valores morales o tradiciones culturales. Es suficiente que alguien competente, y habilitado por el estado, la establezca para que ella cobre fuerza de ley.   

Uno de los propósitos del iuspositivismo es alcanzar el estatus de derecho científico: un cuerpo normativo cerrado y completo en el que no han de presentarse vacíos jurídicos; un entramado normativo derivado de unas grandes normas hipotéticas y nunca cuestionadas que revistan un carácter internacional y una fácil aplicabilidad reducida a la consulta rápida del manual que las contiene.   

  

El iuspositivismo se remonta casi a los inicios mismos del derecho, pero cobró gran fuerza con los trabajos de Thomas Hobbes, Jeremy Benthan y David Hume. En la edad moderna quizás el más destacado positivista jurídico sea el austriaco Hans Kelsen (1881-1973) quien en [1] afirmaba que  

una norma jurídica no vale por tener un contenido determinado; es decir no vale porque su contenido pueda inferirse, mediante un argumento deductivo lógico, de una norma fundamental básica presupuesta, sino por haber sido producida de determinada manera y, en última instancia, por haber sido producida de la manera determinada por una norma fundante básica presupuesta. Por ello, y sólo por ello, pertenece la norma al orden jurídico, …“.  

El aterrador párrafo anterior hace del derecho positivo una teoría abstracta sin principios éticos que la rijan dando cabida a regímenes criminales como el nazismo en el cual sus métodos y actuaciones se ajustaban a derecho.   

No es el aspecto puramente formal del positivismo jurídico su lado oscuro, es la incuestionabilidad de sus normas rectoras la que lo convierte en una teoría perversa. No es justificable una teoría del derecho que sólo exhibe como bondad una armazón coherente de axiomas y normas derivadas de ellos sin anclaje en aspecto alguno de la naturaleza humana. Semejante inspiración no la encontramos ni siquiera en las abstractas teorías matemáticas. Las más fructíferas axiomatizaciones de la matemática están inspiradas en hechos intuitivos y naturales de la vida ordinaria.  

Contrario al iuspositivismo tenemos el llamado iusnaturalismo, éste  basa su entramado jurídico en valores naturales irrenunciables como el derecho a la vida, el derecho a la propiedad, el derecho a la libertad de comercio, el derecho a la libertad de expresión, el derecho a la libre asociación, el derecho a juicios imparciales y el uso legítimo de la fuerza en caso de agresión. Considera el iusnaturalismo que cualquier sistema jurídico que no consulte aquellos derechos naturales es ilegítimo e inaceptable pues atenta contra los más elementales derechos humanos; que legitima la existencia de tiranías y calla ante los abusos del poder.  

Aquellas dos vertientes de la filosofía del derecho se mezclan de manera ecléctica en los articulados jurídicos de casi todos los países del mundo ocasionando dilemas y controversias interminables. Es, por ejemplo, el caso del diferendo colombo ecuatoriano de hace unos días: Existe una norma explícita en el derecho internacional que prohíbe la penetración de tropas extranjeras en territorios vecinos. Este principio del positivismo jurídico es invocado por la diplomacia ecuatoriana en sus alegatos contra el gobierno colombiano. Por el contrario, la diplomacia colombiana invoca el principio de la legítima defensa, principio básico del derecho natural, como argumento a su favor para justificar el ataque al campamento guerrillero de las FARC en territorio ecuatoriano.  

Pero aquí también advertimos la utilización del derecho positivo como arma política. Que el ejército de una nación invada un país vecino significa la apropiación de su territorio, la usurpación de sus recursos naturales, el asesinato y desplazamiento de su población y la imposición de normas y poderes jurídicos extraños a sus tradiciones. Ese no fue el caso del ejército de Colombia. Fue un ataque a un grupo guerrillero colombiano que se ocultaba en territorio extranjero y selvático; nunca se atentó contra ciudadanos ecuatorianos ni contra la infraestructura del país hermano; el ataque que duró unas pocas horas invocaba el uso de la legítima defensa que tenemos los colombianos para dar de baja a uno de los más grandes criminales del mundo quien ha llenado a nuestra nación de dolor y luto por más de treinta años. La reclamación desproporcionada del gobierno ecuatoriano no es otra cosa que la utilización literal de una norma jurídica descontextualizada para atacar a un gobierno que profesa una ideología de desarrollo que no comparte. Este es el más claro ejemplo del uso del iuspostivismo como arma política.  

Recuerdo una frase de don Benito Juarez (1806-1872), presidente de México en varias ocasiones, que resume el carácter ecléctico del quehacer jurídico. Así decía: “para mis amigos, la ley, la comprensión y las consideraciones (Juarez, el iusnaturalista). Para mis enemigos, la ley” (Juarez, el iuspositivista)   

Bibliografía.

[1] Kelsen. H Teoría pura del derecho , editorial Porrúa, Mexico 1993

Marzo 19, 2008 Publicado por Mario Zuluaga Uribe | Filosofía | | 4 comentarios

Las Mercancías de Piero Sraffa

Por Mario Zuluaga

Piero Sraffa (1898-1983) fue un notable economista italiano que realizó su carrera en Gran Bretaña bajo el amparo de John Maynard Keynes. Su trabajo más relevante es una pequeña obra titulada Producción de mercancías por medio de mercancías,[1]. Aunque el artículo es muy corto, alrededor de 40 páginas, Sraffa tardó casi 30 años en perfeccionarlo. Es un artículo denso, de no fácil lectura y en el cual el autor asume hipótesis traídas del marxismo, como la teoría del valor-trabajo y el trabajo complejo como múltiplo del trabajo simple. El propósito del artículo, sin éxito según mi opinión, es establecer una estructura de precios, P = (p1, p2,…pn), de las mercancías en cuestión de tal suerte que las proporciones entre ellas queden unívocamente determinadas. Si por ejemplo fijamos p1, como precio de una mercancía patrón, el resto de las mercancías pueden expresarse en términos de ella. El lector de aquel artículo no encontrará en su texto la palabra dinero ni la palabra mercado. Es un artículo de alto contenido teórico y como el mismo autor afirma la investigación se ocupa exclusivamente de aquellas propiedades de un sistema económico que no dependen de variaciones en la escala de producción o en las proporciones de los «factores». Es un artículo en el cual se quiere dar una respuesta a la corriente marginalista de finales del siglo XIX.   

El método empleado por Sraffa consiste en la formulación de su problema como un sistema lineal de n ecuaciones con n incógnitas sometido a ciertas restricciones y reducido al estudio de un problema de valores y vectores propios.    

Lo primero que debemos advertir en la lectura del texto es la falta de análisis sobre el sistema lineal que sustenta la teoría de Sraffa. Es importante advertir que es imposible modelar una economía medianamente compleja con el uso de sistemas de ecuaciones lineales. Incluso con la utilización de instrumentos matemáticos más elaborados y profundos, como puede ser el análisis no lineal, las explicaciones y conclusiones emanadas de modelos económicos así formulados son altamente insatisfactorias.

No obstante es necesario advertir que cuando Sraffa  matematizó su modelo, los desarrollos en el campo del análisis no lineal eran bastante incipientes, y eran los temas del álgebra lineal el instrumento más desarrollado que erróneamente pudiera ser aplicado. Los grandes desarrollos del análisis no lineal son posteriores a la segunda mitad del siglo XX.

Me propongo exhibir tres ejemplos numéricos que muestran las debilidades del modelo de Sraffa. Y lo hago con triple propósito: el primero, para mostrar que los modelos matemáticos lineales, y no lineales también, son inadecuados como herramientas de análisis económico; segundo, que es deshonestidad intelectual exhibir un aparato matemático que sustente una teoría y al mismo tiempo abstenerse de examinar con minuciosidad el instrumento utilizado; y tercero, que cuando aceptamos principios básicos en las formulaciones teóricas, tenemos el deber de aceptar las conclusiones que de ellos se derivan.

 

Espero que el lector no encuentre confusos los ejemplos que expongo debido a su formulación matemática. Los Invito a leer el archivo adjunto psraffa.pdf   

Referencias   

[1] P.Sraffa, Producción de mercancías por medio de mercancías, http://www.geocities.com/aportexxi/sraffa.pdf

Enero 17, 2008 Publicado por Mario Zuluaga Uribe | Economía | | 1 comentario

El cálculo económico

Por: Mario Zuluaga  

Walter Eucken (1891-1950), en [1],  afirmaba que sólo existen dos formas de organización económica: la economía centralmente planificada y la economía de mercado. No hay duda que aquella opinión de Eucken se deriva de lo expresado por David Boaz quien afirma, en [2], que sólo existen dos formas de filosofía política: la que se deriva del uso del poder y la que se deriva de la libertad individual. Es evidente la contradicción que existe entre estas dos visiones y ambas constituyen la frontera de todo el espectro de la filosofía política. Entre estos dos extremos encontramos todos los sistemas políticos que el ser humano ha intentado a lo largo de su historia.  

La economía de mercado es la respuesta que los liberales le dan a los seguidores de las economías centralizadas como la única manera de la que disponen las sociedades para la asignación de precios. En 1920 L. Mises escribió un artículo en el cual afirmaba que en economías planificadas desde un poder central era imposible el cálculo económico. Las razones esgrimidas por Mises se apoyaban en la imposibilidad que tiene un pequeño grupo de personas encargadas de asignar y coordinar todas las transacciones económicas que se suceden en una sociedad compleja. Oskar Lange (1904–1965), economista polaco, afirmaba que dicha planificación sí era posible puesto que el comité planificador podía ir ajustando, de tanto en tanto, los precios de los productos. Lo que Lange nunca nos dijo fue bajo que criterios el comité planificador ajustaría los precios. Las ideas de Lange ya las había expresado León Walras (1834–1910) en su teoría del equilibrio general.  

Rogelio Pontón nos cuenta, en [3], que matemáticos rusos afirmaban que la planificación de una economía que constara de  de veinticinco millones de productos, y que se hiciese con el uso de una computadora, podría tardar en sus análisis más de quince mil millones de años, superando con ello la edad del universo. También afirma Pontón que la planificación sí se da en las economías de mercado, siendo ella una planificación invisible y a cargo de las enormes cantidades de decisiones individuales de las personas que libremente compran o venden.  

Pienso que la válida crítica que Mises y los seguidores de la escuela austriaca de economía hacen a las economías centralmente planificadas no puede apoyarse en el argumento de las dificultades computacionales. Puede pensarse, en un arranque de optimismo o simplemente desde un punto de vista teórico, que el avance computacional puede llegar al extremo de poder calcular y relacionar, en un instante dado, todas las transacciones económicas del planeta. Aún en ese hipotético caso el cálculo económico futuro es imposible por las siguientes razones: Primera, un comité planificador tiene que disponer de algún criterio objetivo de asignación de precios, ésto es, debe disponer de una teoría objetiva del valor, cualquiera que ella sea (en caso contrario no tendría ningún sentido la existencia de dicho comité planificador, todo planificador tiene que diseñar y construír a  partir de un plan) y las teorías objetivas del valor están vaciadas de contenido. Esto lo conocían con lujo de detalles los escolásticos de la escuela de Salamanca en el siglo dieciséis. El ejemplo más claro lo vemos en la teoría del valor – trabajo del marxismo, ver [4]. Cuando nos preguntamos cuál es el valor del  trabajo de un obrero llegamos a que tenemos que avaluarlo en términos de él mismo lo que constituye una inconsistencia lógica. Otro ejemplo, si el valor de todas las mercancías las avaluáramos en términos de un gramo de oro, cuando nos preguntemos cuánto vale un kilo de oro, como material industrial, tendríamos que decir que vale mil gramos de oro y por lo tanto no hemos avanzado en el conocimiento del valor de un kilo de oro. Segunda, cuando dicho comité permite algún tipo de libertad para mercadear y con ello ocasionar variaciones de precios, a los que Lange dice que el comité planificador debe ajustar de tiempo en tiempo, ese mismo conocimiento de los precios en la mente del público genera una variación en los mismos. Esto lo observamos en las bolsas de valores, si conocemos el precio de una acción, ello provoca, por reacción del público, una modificación del mismo. En cortas palabras, conocer implica modificar. Tercera, si quisiéramos determinar el precio de una mercancía con relación al precio de las insumos necesarios para su producción, encontramos que alguno de éstos es justamente la mercancía que queremos avaluar. Por ejemplo: si queremos conocer el precio de un camión, en términos de las piezas que lo componen, encontramos que el precio del motor viene determinado por el precio de los aceros que lo componen, por el transporte de los mismos a los talleres de construcción,…ctc  y dicho transporte depende del valor del camión transportador que, para infortunio de los planificadores centrales, es del mismo tipo de camión que queremos avaluar, por lo tanto el precio del camión inicial queda indeterminado.   

Este tipo de definiciones circulares las encontramos también en el lenguaje ordinario; si miramos un diccionario y buscamos el significado de la palabra justicia vemos que en una de sus acepciones ella está definida como el poder judicial y si miramos que significa la palabra judicial encontramos que se define en términos de la administración de justicia. Cualquier comité central de planificación lingüística entraría en crisis cuando intente elaborar, con precisión milimétrica, su diccionario de usos y reglas. Aquí vemos las hondas razones que asistían a Hayek cuando nos hablaba del Orden Espontáneo, como algo que no está racionalmente planificado y sin embargo funciona.  

Ya en el siglo XVI, diego de Cobarrubias y Leyva, obispo de Segovia nos advertía de la inconsistencia de las teorías objetivas del valor y entendía que el valor es un concepto subjetivo que depende del mercado. Así decía en [5]: el valor de una cosa no depende de su naturaleza objetiva sino de la estimación subjetiva de los hombres, incluso, aunque tal estimación sea alocada…” y lo ilustraba diciendo que …en las Indias el trigo se valora más que en España porque allí los hombres lo estiman más, y ello a pesar de que la naturaleza del trigo es la misma en ambos lugares.  

El mercado, mercado libre, en su sentido lato, es la manera que tienen los humanos de comunicarse. Intercambiamos mercancías para nuestra subsistencia como también intercambiamos opiniones y afectos. Sólo en condiciones de libertad y respeto mutuo es posible la construcción de sociedades dignas y prósperas.    

Referencias  

[1] Walter Eucken Cuestiones fundamentales de economía política,

Alianza, Madrid (1967)  

[2] David  Boaz, Las raíces del liberalismo   

http://www.elcato.org/node/2840  

[3] Rogelio Pontón. Mercado y Racionalidad Económica

http://www.hayek.org.ar/new/images/fotos/revista/Escuela_Austriaca_No.5.pdf  

[4] K. Marx, Salario, precio y ganancia

 http://www.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/65spg/index.htm  

[5] Diego de Covarrubias y Leyva, Omnia Opera, Haredam Hieronymi Scoti, Venecia 1604, vol. 2, Libro 2, p. 131

Diciembre 10, 2007 Publicado por Mario Zuluaga Uribe | Economía | | 3 comentarios

En Defensa de la Deflación

Por: Mario Zuluaga   

Hace algunos meses escribí un artículo en el que me ponía del lado del patrón oro porque, como muchos economistas también opinan, considero que es la mejor manera que puede tener la gente de conservar el valor de su dinero. Si pudiéramos, en cualquier momento, convertir nuestros ahorritos por lingotes de oro, estaríamos más tranquilos que lo que estamos ahora lidiando con el dinero fiduciario en el tormentoso mundo de las inflaciones, devaluaciones, intereses que suben y bajan, bonos del tesoro que se incumplen…ctc.    

En 1881, bajo el gobierno de Rafael Núñez, fue creado el Banco Nacional de Colombia. Los bancos privados de aquel entonces fueron obligados por el gobierno central a aceptar los billetes que el Banco Nacional emitía. Ello es lo que los economistas llaman el curso forzoso. El objetivo de la creación del Banco Nacional era acabar con el bimetalismo, monedas de oro y plata que servían de dinero, y dar así por terminada la época del patrón oro. Aunque por aquellas épocas el patrón oro estaba en auge en Europa y Norteamérica, ya los políticos colombianos encontraban la manera de defraudar los ahorros y ganancias de la gente con la aprobación y exigencia del dinero fiduciario que el  gobierno central podía crear sin límites con el uso de una imprenta.   El oro fue elegido, a lo largo del tiempo, como el más eficaz medio de intercambio y depósito de valor. Todo ello debido a sus propiedades de ductilidad, maleabilidad, imposibilidad de falsificación, escasez relativa y aplicaciones prácticas.   

A finales del siglo XIX y principios del XX las personas más adineradas en Colombia guardaban sus monedas de plata y oro en arcones enterrados en los patios de sus casas. Cómo decía mi abuela, era la manera natural de ahorrar y proteger los esfuerzos de toda una vida. Las monedas de oro y plata enterradas en arcones y las brujas y duendes que aparecían en las casas de aquel entonces tenían una relación directa. La creencia popular decía que cuando en una casa aparecía un “susto” o “espanto” era por que allí había una guaca o entierro y el alma del dueño fallecido no podía encontrar la paz del descanso eterno hasta tanto su fortuna fuese desenterrada. Tan pronto se conocía la presencia de un espanto en una casa vecina deshabitada, mi abuela corría a tomarla en alquiler y empezaba de inmediato las excavaciones. Hoy, sus descendientes, lamentamos su impericia en el arte de excavar.   

La dupla Gobierno–Banco Nacional pronto mostró su pérfida alianza pues, como lo relata  Fabio Sánchez y otros, en [1], bajo el título: Historia Monetaria de Colombia en el Siglo XX,    

[…] La financiación de la guerra civil de final del siglo (Guerra de los Mil Días)  produjo un aumento acelerado de la emisión y de la inflación, que pasó de ser cercana a cero entre 1896 y 1898  a 15,2% en 1899, 66% en 1900, 389% en 1901 y promedió 120% hasta 1903.   

Fue tan catastrófico lo ocurrido en tan corto período que el congreso de la república de 1903 aprobó una ley que prohibía al gobierno central la emisión de billetes y propuso la creación de una Junta de Conversión que restaurara el abolido patrón oro. Pero como la ley de Gresham que dice que la mala moneda desplaza a la buena, los esfuerzos de la Junta de Conversión por volver al patrón oro se vieron sofocados con la creación del Banco de La República en 1923, cuyas funciones eran las de emisión, circulación, depósito y descuento. Cuentan los historiadores de la economía colombiana que durante el período de 1905 a 1930 Colombia gozó de la mayor estabilidad monetaria en casi toda su historia.   

A raíz de mi artículo he recibido comentarios sobre el efecto deflacionista que traería la reimplantación del modelo del patrón oro. Los enemigos de la deflación nos advierten de los estragos que le causarán a una población que cae en una “espiral” deflacionaria. La deflación se define como una disminución generalizada y continua del nivel general de precios de la economía. Así puestas las cosas, la primera reacción de la gente del común es que aquello sería ¡buenísimo! y además añadirían que ni ellos ni sus antepasados, remotos o cercanos, les tocó vivir esos estados de dicha. Pero un economista experto nos explicará que una caída de los precios está generada, las más de las veces, por una contracción brusca de la demanda agregada y ello conlleva a un deterioro de la inversión por parte del empresario que ha tenido que vender sus productos por debajo de sus costos de producción y por lo tanto tiene que despedir trabajadores y de allí un desempleo masivo y, claro, con el desempleo cae más la demanda. Además nos advertirá que ante la caída generalizada de los precios, las personas se abstienen de consumir esperando a que los precios de los productos bajen aún más y de allí llegamos a más pérdidas para los empresarios productores de bienes, retroalimentando con ello la caída de la demanda. El colapso y la muerte de la actividad económica.   

Nadie puede desconocer la lógica implacable de nuestro experto economista que así razonara, pero en muchas ocasiones encontramos falacias detrás de argumentaciones razonables. Lo que nuestro economista experto nunca se pregunta es el porqué de una caída de la demanda, cuáles son las condiciones previas que la generan. Y no se hace la pregunta porque es muy difícil de explicar las razones que inducen a la gente a comprar, vender, ahorrar, invertir…ctc. Ello cae en el terreno de la subjetividad y hasta allí no llega la ciencia económica.

Lo primero que debemos observar es que la caída de la demanda no es una enfermedad económica, la caída de la demanda es una señal que el mercado le envía al productor de bienes y servicios con respecto a sus productos. Por ejemplo, si un empresario decide invertir su dinero en la fabricación de reglas de cálculo, que hoy son un producto obsoleto, no puede después quejarse de una caída de la demanda de reglas y la pérdida de su inversión. Debe ocuparse en mejorar sus bajas calificaciones como empresario e inversionista. De otra parte, las personas no pueden posponer indefinidamente sus necesidades de demanda, la demanda nula equivale a la muerte, por lo tanto  es un error creer en la posibilidad de una espiral en la caída de la demanda. Es por ello, aunque difícil de cuantificar, que existen estados naturales de demanda que dependen del tamaño de la población, gustos y costumbres de la gente, niveles de ingreso, expectativas…ctc. Es allí donde aparece el empresario exitoso que entiende su entorno y es capaz de inducir una demanda de sus productos de acuerdo con las necesidades de las personas. El crecimiento y desarrollo económico depende de aquellos que compiten con innovaciones tecnológicas o mejoras de sus cadenas de producción que conllevan a precios bajos y altas calidades.   

Clamar por una moneda sana no es ningún disparate, es un derecho ciudadano a conservar el valor de sus esfuerzos y el patrón oro es el mejor camino para esos propósitos. Además, no es una propuesta nueva, a finales del siglo XIX y comienzos del XX los países occidentales disfrutaron de prosperidad con el sistema del patrón oro. Fue a partir de la primera guerra mundial donde comenzó el derrumbe. Los gobiernos, para financiar sus guerras y acrecentar el poder político que el asistencialismo les genera, se arrogaron el derecho de imponer una moneda de curso forzoso y emitir billetes a discreción.    

La inflación que ha traído el dinero fiduciario no es, por frutos del azar, una calamidad llegada del cielo, es una perversa política estatal conscientemente aplicada y avalada por reconocidos economistas que la encubren con falaces argumentos. Las explicaciones de los efectos nocivos en la economía  no hay que buscarlas en el régimen del patrón oro, ellas son visibles como causa de las políticas expansionistas del papel moneda. Una expansión monetaria acompañada de artificiales tasas de interés a la baja induce la generación de empresas ruinosas. Inexpertos empresarios que se aventuran en proyectos que sólo están avalados en el capital monetario disponible, que no consultan los estados naturales de la demanda, conduce necesariamente al despedido de trabajadores y pérdidas del inversionista. No es el patrón oro el culpable del desempleo, no podemos entender que una moneda que conserva su valor en el tiempo pueda ser causa del desbarranque económico. Lo contrario equivaldría a afirmar que una tonelada de carbón, que conserva su poder calórico en el tiempo, es la causante del deterioro energético de un país porque la gente se negaría a consumirlo como combustible. Muy por el contrario, ponerse del lado del dinero fiduciario equivale a convivir gustoso con las desgracias. El primero de los efectos perversos de la expansión monetaria es la carestía, de ello damos fe los latinoamericanos que soportamos por años hiperinflaciones que incluso llegaron a superar más del 1000% en algunos países; el segundo es el enriquecimiento de los poseedores del gran capital que son los únicos que se aprovechan de la relación prestamista – prestatario que existe entre el banco emisor y los bancos comerciales privados. Los poseedores del gran capital se lucran de la primera oleada de la expansión monetaria y el crédito barato que de ella se deriva y se enriquecen con la compra de bienes de bajo precio; el tercero es el empobrecimiento del asalariado que no tiene capacidad de reacción y ve cómo su salario se envilece ante el alza continua de los precios de los productos.   

No importan los hechos y los datos incontrovertibles, no importan las experiencias catastróficas que hemos vivido, la fuerza de la institución Dinero Fiduciario no tiene parangón y su dimensión es sencillamente colosal. Preclaros economistas, aunque convencidos racionalmente de la perversidad del dinero fiduciario se rinden ante él. Alan Greenspan, quien manejó la moneda norteamericana por 19 años al frente de La Reserva Federal de EE.UU, esto decía, en [2], bajo el título Gold and Economic Freedom, claro, antes de ocupar el más apetecido puesto de la unión americana:   

“Un antagonismo prácticamente histérico contra el patrón oro es un nexo que une a los estatistas de toda condición. Parecen apreciar -quizás más clara y profundamente que muchos defensores del laissez faire- que el oro y la libertad económica son inseparables”; (…) “la oposición al patrón oro se deriva de la incompatibilidad de éste con el déficit público crónico (…) Bajo el patrón oro, la cantidad de crédito que puede financiar una economía está determinada por los activos tangibles de la misma, ya que cada instrumento de crédito es en última instancia un pasivo respaldado con un activo real. Sin embargo, la deuda pública no está respaldada con riqueza real, sino tan sólo con la promesa del gobierno de pagarla con lo obtenido de impuestos futuros y por tanto su absorción por los mercados financieros se hace problemática si su cantidad empieza a ser apreciable. (…) El abandono del patrón oro ha hecho posible que los estatistas utilicen el sistema bancario como instrumento para una expansión ilimitada del crédito. (…) El déficit público es sencillamente un ardid para la “oculta” confiscación de la riqueza. El oro se interpone en este proceso como protector de los derechos de propiedad. Esto es lo que se oculta detrás del antagonismo frente al oro de todo estatista”   

Ante este descomunal contraste entre lo que se piensa y lo que se hace, me pregunto si la Economía es una ciencia cargada de racionalidad o un instrumento al servicio del poder.   

Referencias   

[1] Robinson. J, Urrutia. M, editores, Economía colombiana del siglo XX, Fondo de Cultura Económica, Bogotá, 2007.   

[2] Rand. A, and others  Capitalism: The Unknown Ideal, Signet Publisher, 1986.

Octubre 26, 2007 Publicado por Mario Zuluaga Uribe | Economía | | Aún no hay comentarios

La economía, positiva o normativa

Por: Mario Zuluaga  

Uno de los debates más hondos al interior de la ciencia económica está relacionado con el carácter positivo y normativo de la misma. La discusión empieza por decidir si la economía se apoya en hechos (lo fáctico) naturales, independientes de nuestras opiniones o pareceres, o por el contrario se apoya en nuestros juicios de valor. La discusión es importante porque de ella derivamos una posición metodológica, así: la economía es una ciencia lógica–deductiva y su tratamiento debe seguir los delineamientos de las ciencias naturales, como la física, la química,  la biología…ctc, o, por el contrario, debe mantenerse en el escenario de la normatividad en virtud del apoyo que recibe de los juicios de valor que nos acompañan. A pesar de esta clara distinción metodológica, es interesante observar cómo los seguidores de la Nueva Economía del Bienestarintentan” establecer una economía normativa libre de juicios de valor, lo que obviamente constituye una contradicción en los términos.   

La discusión se inicia con lo que es conocido como La Guillotina de Hume. David Hume (1711-1776), en su obra Tratado sobre la naturaleza humana, establecía una diferencia entre dos categorías: el ser y el deber ser. Es decir, entre los hechos descriptivos que observamos en la naturaleza y los juicios de valor que emitimos. Así afirmaba: “no puede deducirse el deber ser a partir del ser”. Esto quiere decir que las proposiciones elaboradas con base en hechos observados en la naturaleza sólo pueden implicar hechos de la misma categoría y no proposiciones de carácter moral que nos obliguen a una determinada actuación o comportamiento. En términos resumidos: el ser no implica el deber ser y recíprocamente. Por ejemplo, sabemos que los leones machos asesinan a los cachorros, hijos de otros leones desplazados de la manada. De ello no se sigue que podamos deducir una proposición sobre esa actitud felina que califiquemos de buena o mala, aceptable o repugnante…ctc, o cualquier otro calificativo moral. Y recíprocamente, una ley moral o ética no nos conduce al mundo de los hechos observables, obvio.   

Como las realidades sociales son derivadas de juicios de valor, entonces ellas mismas son juicios de valor, por lo tanto no pueden incluirse en la categoría de las realidades fácticas, como las encontramos en las ciencias físicas. Por ejemplo, lo que define y permite el libre mercado es una derivación de aquello que entendemos y aceptamos como libertad. Todas las restricciones, modificaciones o regulaciones que hagamos a la libertad implica eso mismo en el libre mercado. Muy por el contrario, lo fáctico no se deriva de juicio de valor alguno. Por ejemplo, la ley de la gravitación universal no se deriva de ningún juicio de valor.  

Muchas personas opinan, yo entre ellas, que las disciplinas sociales, y entre ellas la economía, están confinadas a la categoría del deber ser. Esta opinión no es unánime pues encontramos a destacados economistas que quieren convencernos del carácter científico (positivo) de su disciplina. La parte más interesante de la discusión aparece cuando nos preguntamos ¿cómo podemos saber si una teoría económica es falsa o verdadera? Incluso, muchos economistas no se ponen de acuerdo con lo que debemos entender por falso o verdadero en su disciplina.   

Otra vertiente del debate consiste en que muchos pensadores intentan establecer paralelos entre las disciplinas sociales y las conocidas como científicas (positivas). Karl Popper (1902-1994), filósofo austríaco, introdujo en [1] el concepto de la falsación para examinar las disciplinas científicas. Popper afirmaba que del éxito repetido de una teoría, en la explicación de hechos observables, no podía implicarse su veracidad. La razón que se arguye para tal afirmación es que el método lógico-inductivo no es aplicable a los hechos observables pues no se puede garantizar que el éxito de una teoría en la predicción de un fenómeno implique el mismo éxito en un fenómeno siguiente.  Mas sin embargo, con una única vez que un hecho observable no concuerde con la predicción de la teoría es suficiente para catalogarla de falsa. Esta visión metodológica de Popper explica muy bien la forma del avance científico. La teoría A supera a la teoría B cuando explica todo lo que B explica más aquellos hechos en los que B falla.   

Como es difícil trasplantar el método popperiano de contrastación de teorías al reino de las ciencias económicas, algunos economistas recurren al método de la opinión mayoritaria cómo argumento de validación alegando que eso mismo sucede en el campo científico. Por ejemplo M. Blaug, en [2], afirma que   

“[…] en último término, se dirá, una proposición fáctica y descriptiva de lo que es  se considerará verdadera porque nos hemos puesto de acuerdo para acatar ciertas reglas científicas que nos enseñan que hemos de considerar dicha proposición como cierta, aunque puede, de hecho, ser falsa.   

Opino que Blaug tergiversa el método de convalidación científica. No acatamos una teoría porque mayoritariamente la aceptemos sino porque la contrastamos con los fenómenos observables. Un ejemplo muy significativo de ello es la Teoría de la Relatividad de A. Einstein (1879-1955). Inicialmente fue rechazada por un amplio número de destacados científicos quienes tuvieron que resignar sus ataques ante el triunfo de aquella teoría cuando predijo la inexistencia del eter, hecho comprobado por el famoso experimento de Michelson y Morley en 1887. Cuando Einstein fue congratulado por algunas personas sobre el triunfo de su disputa con los científicos que rechazaban su teoría, esto fue lo que dijo: No era necesario que muchos desaprobaran mi teoría para convertirla en falsa, bastaba con sólo una persona siempre y cuando tuviera la razón.  

M. Blaug se equivoca al igualar el método de las disciplinas positivas con las normativas pues afirma, en [2], sin ninguna argumentación satisfactoria que “[…] no existe proposición empírica, descriptiva, que sea considerada cierta, que no se base sobre un consenso social definido acerca de que debemos aceptar dicha proposición sobre lo que es”.  Los científicos aceptan la ley de la gravitación universal porque la pueden contrastar con los hechos experimentales, no porque haya un consenso social que la acate. O dicho de otra forma, no es lo mismo tener un consenso debido a la aprobación que tener una aprobación debido al consenso.  

El lector puede estar tentado a pensar que la anterior discusión no pasa de ser una estéril controversia entre filósofos dedicados a la teoría del conocimiento. La verdad es que tiene implicaciones metodológicas y consecuencias sociales sobre la manera cómo abordamos los problemas de la economía. Por ejemplo, J.N. Keynes afirmaba que las ciencias positivas son las premisas a tener en cuenta a la hora de diseñar políticas económicas, dando a entender que el ser puede implicar el deber ser.  Así dice en [3]:  

“La relación de la Política económica con las ciencias físicas es entonces simplemente eso, que aquella presupone a estas, oportunamente referidas como premisas, pero nunca como conclusiones”  

Este error epistemológico pone a J.N. Keynes del lado de la economía positiva y lo aleja de la economía normativa. La peligrosidad de esta visión de la economía consiste en que muchos economistas que comparten esa visión keynesiana están tentados a creer que sus recomendaciones económicas están dictadas y sustentadas en hechos científicos positivos libres de cualquier juicio de valor.  

También M. Friedman acepta el carácter positivo de la disciplina económica y la eleva por encima de las ciencias naturales en virtud de la complejidad que comportan. M. Friedman va mucho más lejos que J.N. Keynes cuando, en [4], afirma que  

“[…] En resumen, la Economía positiva es, o puede ser, una ciencia objetiva precisamente en el mismo sentido que cualquiera de las ciencias físicas. Naturalmente el hecho de que la economía trate de las interrelaciones de los seres humanos y que el investigador forme el mismo parte de la materia sujeto que se esta investigando, en un sentido más intimo que en las ciencias físicas, da origen a dificultades en la tarea de alcanzar la objetividad, al mismo tiempo que dota al científico social con una clase de datos no disponibles para el estudioso de las ciencias físicas”  

El texto anterior nos indica que para M. Friedman no existen diferencias epistemológicas en la manera de encarar los problemas económicos. Todos los fenómenos sociales y científicos están amparados por la cobija del positivismo científico. Es decir, para M. Friedman, la distinción entre positivo y normativo parece ser irrelevante pues todo en economía es ciencia positiva.  

Cito a  J.N. Keynes y M. Friedman como ejemplo de economistas seguidores de la economía positiva porque ellos dos están entre los más grandes pensadores de las disciplinas económicas del siglo XX. Pero es importante advertir que el positivismo económico está generalizado, es escaso encontrar hoy en día una universidad cuya escuela de economía cultive su disciplina como una ciencia moral. Opino que los esfuerzos por edificar un entramado de pensamiento positivo en economía no sólo es un error epistemológico sino que reviste un complejo de inferioridad del que intentan sacudirse. Es un error porque, primero, no es posible zafarse de los juicios de valor y segundo, para el “éxito” de su esfuerzo se introducen simplificaciones que hacen que su modelo ni siquiera se aproxime a una borrosa caricatura.   

Que una teoría económica esté basada sólo en juicios morales no la hace débil o desdeñable. Muy por el contrario; primero, la ubica en el campo de las relaciones humanas; segundo, la convierte en una disciplina áltamente compleja en donde los campos de investigación son inmensos; tercero, permite contrastarla con otras teorías con base en los logros por ellas alcanzados, algo así como una teoría económica experimental de largo plazo; cuarto, la convierte en una teoría muy dinámica que se acomoda al crecimiento intelectual de las sociedades que la acogen.   

Una pregunta para terminar: ¿Acaso no tenemos una sensación de encierro anaeróbico en una clase de economía matemática?  

Referencias  

[1] Popper. K.. La lógica de la investigación científica. Madrid: Tecnos, 1982a.  

[2] Blaug. M.; The Methodology of Economics. Or how economists explain, Cambridge University Press, 1992  

[3] Keynes. J.N. Scope and Method of political economy. Batoche Books. Kitchener 1999. First edition 1890  

[4]  Friedman. M. Ensayos sobre economía positiva” Editorial Gredos S. A Madrid. 1967. Primera parte. La metodología de la economía positiva

Septiembre 21, 2007 Publicado por Mario Zuluaga Uribe | Economía | | 5 comentarios