La comisión de expertos y la sin salida
Por Mario Zuluaga
Dos fenómenos económicos aquejan la economía colombiana: la revalución del peso y la inflación. El presidente y su equipo de gobierno, muy preocupados y sin saber qué camino tomar, llamaron a cuatro expertos colombianos para que les ayude a dilucidar las causas del mal y proponer las soluciones pertinentes. No es necesario ser economista para advertir que lo que intentó, y lo sigue intentando, el banco emisor es apagar el incendio con gasolina. Para frenar la revalución del peso, el banco emisor compró en el mercado callejero, y durante los primeros cuatro meses del año, la no despreciable suma de $4,527 millones de dólares. No obstante el tipo de cambio sigue bajando y como es de esperarse la inflación aumentó al 4.1% en tan solo cuatro meses. El mandato constitucional que obliga al banco emisor mantener controlada la inflación ya no se puede cumplir en este año. De acuerdo con datos del banco de la república la inflación en lo corrido de un año alcanzó la cifra del 6.26%.
Tratar de evitar una revaluación del peso imprimiendo billetes es una canallada mayúscula puesto que ello constituye el más descarado impuesto que tendremos que pagar todos los colombianos. Además las motivaciones de tal proceder son absolutamente contradictorias. Los exportadores son quienes han presionado al banco de la república para que salga a comprar dólares en el mercado de divisas y así mantener un precio alto del mismo sin explicarle a la opinión que es justamente su labor exportadora la que genera una de las entradas de dólares que promueven la revaluación. Lo que los exportadores quieren es traer al mercado muchos dólares pero que esos dólares no produzcan ningún efecto revaluacionista. Una incongruencia ridícula. Y como siempre, van en busca de la ayuda del gobierno: el presidente Uribe ya prometió subsidiar la producción agrícola de exportación y dar apoyos a la producción manufacturera. Subsidios escondidos que salen de los bolsillos de los contribuyentes. Dos impuestos adicionales pagaremos los colombianos: la inflación ocasionada por el banco emisor más el abultado gasto público del gobierno y los subsidios de éste al sector exportador.
Las contradicciones en que incurren los asesores económicos del gobierno rayan en lo cómico. Por un lado quieren que llegue al país muchos dólares y al mismo tiempo que no llegue muchos dólares. La pregunta obvia que le hacemos a los exportadores es ¿si no saben que hacer con los dólares, producto de sus exportaciones, para qué esforzarse tanto en traerlos? Si los exportadores no conocen el valor de los frutos de su negocio, tenemos que concluír que no conocen su negocio. No tiene ningún sentido exportar y no importar; si no conocemos las bondades del dólar, necio es luchar por conseguirlos. E infame el gobierno que nos pone a pagar a todos las ineptitudes de los exportadores.
La otra “preocupación” del gobierno central es el déficit comercial o balanza comercial negativa. Quiere que haya más exportaciones que importaciones. Por lo tanto quiere que lleguen dólares y que no salgan dólares y al mismo tiempo lo contrario para evitar la revaluación. Y hay que escuchar el lenguaje técnico y ampuloso con el que quieren camuflar su ridícula contradicción. La pirotecnia verbal es al razonamiento lo que la inflación es a la economía: empobrece su objetivo.
En tres semanas los expertos darán su veredicto y emitirán sus recomendaciones. Todo aquello que se aparte de lo obvio no deja de ser un chiste caro. ¿Desde cuándo lo barato es malo? ¿Quién puede preocuparse cuando una mañana temprano encuentra que el pan y la leche valen la mitad? Pues sólo aquél quien no sabe para qué sirve el pan y la leche.
George Orwell afirmaba que “Nos hemos hundido a tal profundidad que la repetición de lo obvio se ha convertido en el deber primordial de los hombres inteligentes”
La solidaridad del poeta
Por Mario Zuluaga
En las elecciones de la semana pasada, para elegir presidente de Francia, Carlos Fuentes, el eximio novelista mexicano, nacido en Panamá, ha tomado partido y simpatías por la candidata Ségolène Royal. Lo hace por varias razones. Porque, como el mismo lo dice, ama a Francia por motivos políticos y profesionales. El mismo día en que publicó un artículo en [1] y en favor de la dama francesa, su contrincante Nicolas Sarkozy ganaba las elecciones para dolor y pena de don Carlos.
Las tonterías y contradicciones con las que el ilustre mexicano se aproxima a lo que él entiende por derecha e izquierda son más propias de sus ardores de juventud progresista que de analista político. Catalogar a Sarkosy de derechas es un chiste; en Francia, el último liberal, de derecha para Fuentes, ya no está entre nosotros: El gran Jean Francois Revel.
Sarkosy, quien mantendrá los impuestos en el cincuenta por ciento, sólo les advierte a una inmensa horda de vagos y parásitos franceses, renuentes al cambio, que no es posible mantener el estado de bienestar si Francia no aumenta su laboriosidad y productividad.
Don Carlos confunde derechos con objetivos. Una cosa es que las personas tengamos el derecho a conseguir con esfuerzo y trabajo una vivienda, un oficio, una salud y otra muy distinta a que eso mismo nos lo den por las vías impositivas del estado protector. Es obvio que el objetivo de cualquier país decente consiste en que sus ciudadanos alcancen aquellos elementos mínimos de supervivencia. Pero aquellos no pueden erigirse en derechos constitucionales. Que esos “derechos” estén plasmados en una carta constitucional no es garantía de su realidad, a menos que se le violen los derechos a quienes los han de proveer. Y de eso no nos habla don Carlos.
Y como todo lo pasado puede ser citado en causa propia, el izquierdismo de don Carlos intenta reconciliarse con el mercantilismo de Jean Baptiste Colbert, sin advertir que la odiosa y elitista práctica colbertiana se contradice con sus ideas de izquierda. Supongo yo. Colbert, el espléndido ministro de finanzas de Luis XIV, el rey sol, fue quien se inventó el monopolio moderno y quien aseguraba que un país se enriquecía haciéndole la guerra comercial, y no comercial también, a sus vecinos.
La lúdica visión del novelista está vacunada contra la cruda realidad. Don Carlos reconoce, y tontería sería negarlo, que Francia tiene más del diez por ciento de desempleo y más de dos millones de pobres. Pero ello no le dice nada a don Carlos, para él lo importante es que ese fracasado modelo se perpetúe con la condición de mantener el mote de socialista. Autismo político de tomo y lomo.
La sacralización del Estado la encontramos en las opiniones de quienes no esconden sus instintos tiránicos, contraponiéndolas a las bondades del mercado. ¿No es acaso el libre mercado la auténtica manifestación de la libertad de opinión? Pero eso tampoco lo advierte don Carlos. También tiene don Carlos un sentido bizarro de la solidaridad: es aquella que se practica con sangre, con la marca de hierro del estado totalitario y con el dinero ajeno.
Carlos Fuentes, novelista, ensayista, cuentista, comediante y hasta poeta, se siente autorizado para mezclar, diagnosticar, recomendar y confundir todo lo que ha leído en su ya larga vida.
[1] Carlos Fuentes. Sarko y Sego: fundamentales diferencias http://www.eltiempo.com/tiempoimpreso/edicionimpresa/opinion/2007-05-06/ARTICULO-WEB-NOTA_INTERIOR-3545075.html
-
Recientes
- Caritas In Veritate, la mirada de un laico.
- Infiernos fiscales
- Al oído de Joseph E. Stiglitz
- Los Capitales “golondrina”
- Un antiliberal aclamado, Lleras Restrepo y el atropello a las libertades individuales
- El positivismo jurídico como arma política
- Las Mercancías de Piero Sraffa
- El cálculo económico
- En Defensa de la Deflación
- La economía, positiva o normativa
- El Mito, enemigo de la libertad
- El socialismo agazapado
-
Enlaces
-
Archivos
- Agosto de 2009 (1)
- Abril de 2009 (1)
- Julio de 2008 (2)
- Junio de 2008 (1)
- Marzo de 2008 (1)
- Enero de 2008 (1)
- Diciembre de 2007 (1)
- Octubre de 2007 (1)
- Septiembre de 2007 (2)
- Agosto de 2007 (3)
- Julio de 2007 (1)
- Junio de 2007 (1)
-
Categorías
-
RSS
Subscripciones RSS
RSS de los Comentarios
