pensamiento económico

Opinamos sobre filosofía y economía política

Los Capitales “golondrina”

Por Mario Zuluaga

Los capitales “golondrina” son aquellos que llegan al país por corto tiempo, aprovechan las altas tasas de rentabilidad y luego salen “volando”, como golondrinas. Para muchos comentaristas económicos, aquéllos son la causa de la apreciación del peso que trae, como corolario, todos los males a los exportadores.

No es necesario ser un experto para advertir las inconsistencias en que algunos economistas, no todos, claro, incurren en el análisis del “golondrinazo”.

Primero debemos advertir que el dólar barato se debe a la enorme oferta del mismo en el mercado de de divisas. Obvio. Las inversiones extranjeras en exploración y refinación de petróleo, en minería, en telefonía, en tiendas de grandes superficies, en proyectos hidroeléctricos, tráfico de drogas…ctc han hecho que en Colombia nos tropecemos con el dólar en cada esquina. Segundo, los exportadores contribuyen con el auge de dicha oferta debido a los dólares que reciben por sus exportaciones. Obvio. Por lo tanto ellos son también causantes del mal que los aqueja. Tercero, su queja y solicitud de protección al gobierno no indica otra cosa que ellos quieren ser los únicos traedores de dólares al país y, claro, que no sean muchos esos traedores de dólares porque de lo contrario se dañaría el negocio ¿No les recuerda el decreto-ley 444 de 1967 e impuesto por Carlos Lleras?

Las soluciones que proponen los gremios exportadores están cargadas de cinismo y conducen a una espiral inflacionaria. Veamos: Los gremios le piden al Banco de la República que bajen las tasas de interés, que están ahora en el 9.75%, para desincentivar el ingreso de capitales golondrinas que, según ellos, traen una apreciación del peso colombiano. Pero aquellos gremios exportadores se niegan, maliciosamente, a aceptar que una baja en los intereses del Banco de la República trae una expansión del crédito que tiene los mismos efectos que genera la impresión de billetes puestos a circular y de allí el aumento artificial de precios de bienes y servicios. Alegan que la inflación que estamos observando se debe solamente a la escasez de productos. No advierten que los males económicos suelen sumarse.

Por ejemplo, Fernando Londoño Hoyos, director de un programa radial titulado La Hora De La Verdad, enfila baterías todos los días contra los capitales “golondrina” y así nos explica la perversidad de aquellos: “…cuando llegan se benefician de la alta rentabilidad que se ofrece en el mercado de capitales y cuando se van se benefician de la alta apreciación del peso…” La frase anterior es efectista y carente de análisis. Es la frase del exportador poco competitivo que busca la protección del gobierno. Protección que todos pagamos, claro.

Hagamos unas cuentas sencillas para entender que no son los capitales “golondrina” los causantes de la apreciación del peso. Es la inversión extranjera directa (IED) la que genera una apreciación del peso. De hecho, la IED es el gran motor de desarrollo de cualquier país y son evidentes sus beneficios.

Supongamos que el dólar lo compran las casas de cambio a $1700 y lo venden a $1800. Supongamos que el rendimiento que ofrece el sector financiero a los capitales es de un 10% anual. Entonces, un dólar que entra al país con un valor de $1700, al año se ha transformado en $1870 y al transformarse de nuevo en dólares será US$1.04. Es decir, por cada dólar que entra y sale, y por el período de un año, sale del país US$0.04 ¿No quiere eso decir que ese dólar “golondrino” está contribuyendo con la escasez del dólar y por ende con la devaluación del peso? Miremos que le sucede a aquel dólar si llega al país por dos años: Al cabo de dos años ese dólar se ha convertido en $2057 y al transformarse en dólares será US$1.14. Es decir que ese dólar que sale se lleva consigo US$0.14. Así sucesivamente, si llega por tres años se lleva consigo US$0.25, si llega por cuatro años se lleva consigo US$0.38. Es claro que capitales que llegan a un país por más de cuatro años no son “golondrinos”, son capitales que llegan para beneficiarse del desarrollo que generan, pues son capitales que son usados para generar industrias y negocios varios.

Las otras cuentas que los exportadores no hacen, o no las expresan, son los beneficios que nos traen los dólares baratos. Pensemos en aquella enorme cantidad de bienes y servicios que no poseemos, que vienen del exterior a precios accesibles, que mejoran nuestra actividad productiva.

La única acción razonable del sector exportador es mejorar sus niveles de competitividad: bajos costos de producción y mejoras en las calidades de sus productos. Sus ruegos proteccionistas van en desmedro del resto de los colombianos y constituyen el más viejo y cínico mercantilismo.

Julio 7, 2008 Publicado por Mario Zuluaga Uribe | Economía | | 1 comentario

Un antiliberal aclamado, Lleras Restrepo y el atropello a las libertades individuales

Por Mario Zuluaga Uribe

El pasado mes de abril hubo una gran cantidad de programas de televisión en los que se conmemoró los cien años del nacimiento de Carlos Lleras Restrepo. Con los más desproporcionados ditirambos a su carrera de político y economista, sus amigos y familiares recordaron las obras de aquel ex presidente que gobernó a Colombia entre 1966 y 1970.

Es casi imposible encontrar alguna publicación, en libros, revistas o periódicos, en la que se critique, desde un punto de vista liberal (en el sentido clásico del término), las perversas decisiones económicas propulsadas por aquel ex presidente. Su más famoso decreto de 1967 numerado con el 444 es considerado por algunos como un éxito económico que “puso al país en la senda del progreso y desarrollo”. Quien esté interesado en leer aquel decreto lo puede consultar en [1].

En doscientos sesenta y nueve artículos, contenidos en catorce capítulos, Lleras Restrepo y tres de sus ministros sellaron la historia económica de Colombia por más de veinte años y por medio de los cuales encerraron al país, cercenaron las libertades económicas del ciudadano común y le entregaron a sus amigos, en monopolios y oligopolios, la cotidianeidad de la nación. Cualquier persona amante de la libertad y consciente del inmenso valor social y económico que conlleva el respeto a la individualidad siente espeluznos al leer aquel minucioso, perverso y desproporcionado documento.

Aquel decreto de ley se ocupó con detalles de toda la vida económica de Colombia: certificados de cambio, mercados de capitales, posesión de divisas, comercio del oro, reservas internacionales, exportación y reexportación de bienes, exportación de café, importación de bienes, ingresos y egresos por servicios, inversión de capitales extranjeros, préstamos de moneda extranjera a particulares, deuda pública externa, inversión de capitales colombianos en el exterior, donaciones en moneda extranjera, régimen cambiario y de comercio exterior de petróleo y minería, estímulos tributarios a las exportaciones, promoción de exportaciones, acuerdos comerciales, creación y reglamentación de organismos de cambio y comercio exterior, oficinas de cambio, prefectura de control de cambios y disposiciones relativas a impuestos.

Aunque muchas de las reglamentaciones sobre divisas, impuestos y comercio exterior han cambiado en los últimos tiempos, el espíritu intervencionista y regulador de aquel decreto 444 sobrevive.

Armando Montenegro, prestigioso economista colombiano, ex director de Planeación Nacional, tímidamente justifica los atropellos que Lleras Restrepo le ocasionó a la libertad de los colombianos simplemente diciendo que eran otros tiempos. La libertad no es un valor de los últimos tiempos, es un valor eterno, es el motor del crecimiento y desarrollo del los pueblos. Así dice Montenegro en [2]

…el aparato productivo había crecido en forma significativa. Su estructura y su composición habían adquirido gran complejidad. Ya no era posible dirigir la economía como cuando las exportaciones o las reservas internacionales ascendían a unos pocos cientos de millones de dólares y el responsable de la mayoría de las operaciones era un puñado de personas conocidas entre sí.

De otro lado, la democratización de la vida política, que le abrió la entrada a nuevos movimientos y partidos, y la creciente liberalización de la economía exigían que la política económica se manejara de manera general, con medidas impersonales, con nuevos y más eficaces instrumentos de intervención estatal, por medio de instituciones modernas, semejantes a las de los países más avanzados. Había llegado la hora del cambio.

No creo que haya sido por azar la coincidencia de la coerción económica y aislamiento que le impuso el ex presidente Lleras a los colombianos con el florecimiento de grupos armados como M 19, FARC y ELN. Las protestas ciudadanas, estudiantiles y sindicales en contra de las disposiciones del gobierno de Lleras fueron fragorosas; los aplausos del protegido y subsidiado gran capital también fueron estruendosos y muchos de los amigos que aún sobreviven al ex presidente lo ensalzan por estos días con motivo de los cien años de su nacimiento.

Yo le he preguntado a muchas personas, amigos y familiares, admiradores de la obra de gobierno del ex presidente Lleras, si conocen el contenido y significado del decreto-ley 444 y me confiesan que no lo conocen. La fama y admiración de aquel personaje fluye y se expande por las páginas de los periódicos de sus áulicos, no porque la gente entienda de cómo aquella nefasta administración retrasó el desarrollo de Colombia por décadas. Afirmo sin ninguna duda que lo que caracteriza y caracterizó a las élites económicas y gubernamentales de Colombia es el odio a la libertad.

Veamos algunos ejemplos que sustentan mis afirmaciones sobre quien más ha manoseado, estrangulado y pisoteado las visiones de libertad de aquellos liberales y libertarios colombianos que creemos en las bondades políticas y económicas del respeto a los derechos individuales de libertad. Comparado con el ex presidente Lleras, John Mynard Keynes luce como el más desatado anarquista. Sólo analizaré unos cuantos artículos consignados en algunos de los capítulos.

Primero debemos advertir que la minuciosidad de las reglamentaciones que aparecen en muchos de los artículos le imprime al texto un carácter temporal y local. No es entendible que ante tal temporalidad este decreto-ley haya servido, por tanta cantidad de años, de hoja de ruta de un país tan complejo como Colombia Además, la discrecionalidad por parte de las juntas reguladoras, en aquel entonces creadas, se presta, como se prestó, a crear bolsas de corrupción de las que aun no hemos sido capaces de zafarnos.

En 1988 Friedrich Hayek escribió su último libro titulado The Fatal Conceit: The Errors of Socialism (La Fatal Arrogancia: Los Errores del Socialismo) En el cual demuestra los errores en los que se incurre bajo una economía centralmente planificada. Ya en 1920 Ludwig Von Mises, mentor de Hayek, expuso sobre la imposibilidad del cálculo económico en economías centralizadas. Los errores que aquellos dos pensadores austriacos señalaron son los mismos que encontramos en el decreto-ley del ex presidente Lleras.

Encontramos tres pecados graves contra la libertad individual del colombiano en este decreto: Uno, el presidente y sus ministros son los únicos que saben qué es lo que le conviene a la gente, no la gente misma. Dos, el gobierno es el amo de la riqueza nacional. Y tres, el gobierno concede monopolios u oligopolios a quienes él considera que tienen los méritos para recibirlos. Y todo aquel horror por el poder que le confiere los fusiles.

1. Violación al derecho que tiene todo ser humano de decidir con autonomía sobre aquello que le conviene.

Observamos en la lectura del texto del decreto 444  que un grupo reducido de ministros y colaboradores del gobierno se arroga el derecho a decidir qué es y qué no es útil para todo el pueblo colombiano; qué es y qué no es superfluo; cuáles son y cuáles no son los servicios que necesitan los colombianos y cuáles son aquellos temas que los colombianos deben estudiar en el exterior. Fatal arrogancia.

Para probar lo que he afirmado voy a transcribir algunos artículos del decreto. Así dice el artículo 4°: (marco en negrilla los apartes más notorios)

Artículo 4° Solamente podrán adquirirse divisas para los fines económica o socialmente útiles, definidos como tales en este estatuto, y previa la expedición de la respectiva licencia de cambio.

En el siguiente artículo vemos cómo el gobierno decide qué es lo útil y qué es lo conveniente para el país. Además, discrecionalmente, concede divisas para el servicio de préstamos a particulares, según lo decida la Junta Monetaria. Así dice el artículo 6°:

Artículo 6º. Dentro de las condiciones y límites establecidos en el presente estatuto, podrán adquirirse divisas para pagos al Exterior por los siguientes conceptos:

a) Mercancías cuya importación haya sido debidamente autorizada;

b) Fletes de importación que deban cubrirse en moneda extranjera;

c) Petróleo crudo que se adquiera para su refinación en Colombia, cuando medie la autorización prevista en el artículo 154;

d) Servicios de evidente conveniencia para el país;

e) Servicio Diplomático, pagos a organismos internacionales, deuda pública y otros compromisos contractuales del Estado y de las demás entidades de derecho público;

f) Gastos en moneda extranjera que demande el comercio de exportación;

g) Gastos de estudiantes en el Exterior;

h) Servicio de la deuda externa del Banco de la República y de la Federación Nacional de Cafeteros de Colombia;

i) Servicio de los préstamos externos a favor de particulares;

j) Remesas de utilidades y reembolso de capitales extranjeros invertidos en Colombia, y

k) Los demás que determine la Junta Monetaria para fines económica o socialmente útiles.

Sobre licencias de importaciones el gobierno se arroga el derecho de calificar lo qué es y no es superfluo. Así dice el artículo 7°:

Artículo 7° A través del requisito de licencia previa, el Gobierno regulará las importaciones en la medida en que lo juzgue necesario, para lograr los siguientes objetivos: …b) Restringir los consumos superfluos.

Sobre lo qué es o no es razonable, también el gobierno se erige como el único conocedor de dicha virtud. Así dice el artículo 95°.

Artículo 95°. Podrán adquirirse divisas del mercado de capitales para pagos de servicios que haya necesidad de cubrir en moneda extranjera. La Junta Monetaria reglamentará la cuantía de dichos giros y las condiciones que deben reunir para ser autorizados. Las cantidades serán razonables, y en todo caso deberá evitarse que a través de transferencias por este concepto se violen las disposiciones sobre control del movimiento de capitales.

Sobre registros de contratos en moneda extranjera el gobierno se siente iluminado para decidir qué es aquello social, económica, técnica o culturalmente útil. Así dice el artículo 101°:

Artículo 101°. Deberá solicitarse a la Oficina de Cambios el registro de contratos en moneda extranjera para el pago de servicios técnicos, científicos, artísticos o de cualquier naturaleza. La Oficina hará el registro si se reúnen los siguientes requisitos: b) Que dichos servicios sean social, económica, técnica o culturalmente útiles para el país.

Pero si aún creemos que no es posible más arrogancia y despotismo gubernamental, veamos el artículo 103° en el que el gobierno dice qué es lo que los colombianos deben estudiar y en qué cuantía podrán recibir giros para su sostenimiento en el exterior.

Artículo 103°. Se harán por el mercado de capitales los giros para el sostenimiento de estudiantes en el Exterior y de personal profesional o técnico que adelante cursos de capacitación en países extranjeros. Los giros a estudiantes universitarios patrocinados por el Instituto Colombiano de Especialización Técnica en el Exterior (ICETEX) se harán por el mercado de certificados de cambio. El Gobierno reglamentará la cuantía y condiciones de los giros y de los estudios de especialización que con ellos pueden atenderse y apropiará las partidas necesarias para dotar al Instituto Colombiano de Especialización Técnica en el Exterior (ICETEX) de recursos financieros para continuar adelantando normalmente sus labores.

2. El gobierno concede monopolios

La columna vertebral del decreto 444 se caracteriza por el otorgamiento de monopolios, es la parte más notoria del texto. El gobierno se alza como dueño de las riquezas naturales, y no naturales también, y las distribuye en monopolios, dejando siempre un espacio de discrecionalidad a las instituciones creadas para tales fines. Empecemos con el

Artículo 18°. Constituyen “Certificados de Cambio” los títulos representativos de monedas extranjeras que el Banco de la República deberá expedir en las circunstancias y con las condiciones del artículo siguiente. Tales títulos serán libremente negociables por sus beneficiarios o tenedores; pero la Junta Monetaria podrá, por razones de conveniencia general, permitir su endoso sólo a los establecimientos de crédito que hayan sido debidamente autorizados por el Superintendente Bancario para adquirirlos, poseerlos y negociarlos.

Ahora, una vez que los organismos de crédito han sido autorizados por la Junta Monetaria para hacer préstamos en divisas extranjeras a particulares, el artículo 14° configura el mecanismo de los monopolios. Veamos:

Artículo 14°. Además de las operaciones en moneda extranjera autorizadas por otras disposiciones de este Decreto, los establecimientos de crédito podrán celebrar las siguientes, siempre con sujeción a las normas en él previstas:

a) Recibir depósitos en moneda extranjera;

b) Obtener financiación externa y utilizar el producto de ésta para los fines propios de su actividad;

c) Otorgar préstamos en moneda extranjera para la prefinanciación de exportaciones colombianas;

d) Abrir cartas de crédito sobre el Exterior y conceder créditos para el pago de mercancías importadas y para cubrir en forma directa por cuenta del cliente a las empresas marítimas y aéreas los fletes causados por la importación de ellas;

e) Otorgar garantías o avales de obligaciones en moneda extranjera para operaciones de cambio internacional celebradas de conformidad con las normas de este estatuto, y

f) Hacer inversiones y préstamos en el Exterior.

3. El gobierno, el único dueño y repartidor de la riqueza.

El superintendente bancario es quien decide sobre las utilidades de los certificados de cambio. Es decir, no se llega a la riqueza y el crecimiento económico producto de la actividad comercial de los ciudadanos, aquello lo decide un burócrata nombrado por el presidente. Veamos el siguiente esperpento:

Artículo 26°. El Superintendente Bancario determinará la cuantía máxima de las utilidades que pueden obtener los establecimientos de crédito en sus operaciones de compra y venta de “certificados de cambio”, y reglamentará la forma de calcularlas y los términos para su liquidación. Si al efectuar la liquidación se hallare que la utilidad ha sido mayor a la que establezca el Superintendente, la diferencia ingresará al Tesoro Nacional con destino al Fondo de Promoción de Exportaciones.

Los artículos 30°, 31° y 32° muestran con claridad por qué este decreto-ley ordena el encierro discriminado de los colombianos. Sólo el gran capital y los amigos personales del gobierno están habilitados para interactuar con el mundo exterior. He resaltado en negrilla las partes más aberrantes de los artículos. Veamos que dicen los artículos:

Artículo 30°. Salvo las excepciones que este decreto autoriza, solamente el Banco de la República podrá recibir depósitos en moneda extranjera.

Artículo 31°. Las divisas correspondientes a depósitos en moneda extranjera, constituidos en establecimientos de crédito del país o en el Exterior, con anterioridad al Decreto 2867 de 1966, por personas naturales o jurídicas residentes en Colombia, deberán venderse al Banco de la República a la tasa del mercado de capitales o invertirse en los bonos de que trata el artículo 251, dentro de los plazos que señale la Junta Monetaria, teniendo en cuenta, entre otras consideraciones, la naturaleza de las distintas clases de depósitos.

Salvo las excepciones que establezca la Junta Monetaria, también deberá venderse al Banco de la República o invertirse en los mencionados bonos las divisas que resulten de la venta o liquidación de acciones, bonos, participaciones en fondos de inversión, y en general de toda clase de valores denominados en moneda extranjera, y los provenientes de la enajenación de otros bienes muebles o inmuebles que tengan en el exterior los residentes en Colombia.

A fin de asegurar el cumplimiento de lo dispuesto en el inciso anterior, los bienes a que él se refiere, al igual que toda transferencia o enajenación de los mismos, deberán registrarse en la Oficina de Cambios cuando ello no se hubiere hecho en desarrollo del Decreto 2867 de 1966, dentro de los plazos y en la forma que dicha Oficina determine.

Artículo 32°. No obstante lo dispuesto en el artículo anterior, la Junta Monetaria podrá autorizar qué personas naturales o jurídicas, residentes en Colombia mantengan y utilicen depósitos u otros fondos en moneda extranjera, cuando ello fuere necesario para el normal desarrollo de determinadas actividades económicas, o cuando se tratare de personas que, residiendo transitoriamente en el país, deban hacer gastos en el exterior. Estos depósitos podrán mantenerse en establecimientos de crédito que operen en Colombia y estarán sujetos al encaje que determine la mencionada Junta.

Pero no sólo el gobierno enriquece a sus amigos personales y al gran capital sino que los protege de la competencia exterior para enriquecerlos aun más. Veamos cómo:

Artículo 70°. La importación de bienes incluidos en la lista de licencia previa requiere autorización de la Junta de Importaciones, la cual podrá aprobarla total o parcialmente, aplazarla o improbarla.

También el gobierno de Lleras Restrepo de manera abusiva decide sobre los préstamos que reciben los particulares. Lo vemos en el siguiente artículo:

Artículo 127°. Con el fin de asegurar que los préstamos externos a particulares se contraten en términos favorables y que su servicio se pueda hacer en forma oportuna, sin que él ocasione presiones inconvenientes sobre el mercado de cambio exterior, la Junta Monetaria reglamentará con carácter general los plazos, intereses y demás condiciones de tales préstamos.

La irracionalidad del decreto-ley 444 llega a cumbres insospechadas. Sólo la demencia explica que un grupo de burócratas le exijan garantías de éxito a un colombiano que inicia una empresa en el exterior. Así dice el artículo 147°:

Artículo 147°. El Departamento Administrativo de Planeación exigirá garantías suficientes que aseguren la efectividad de la inversión y la venta al Banco de la República de su rendimiento, a fin de evitar fugas de capitales o reexportaciones ilegales.

Podría seguir mostrando ejemplos sobre el carácter maligno del decreto 444. Creo que con lo que he señalado es suficiente par apoyar mis afirmaciones.

A Carlos Lleras Restrepo se le acusa de haberle robado las elecciones presidenciales de 1970 al ex general Gustavo Rojas Pinilla quien se enfrentó al candidato del Frente Nacional Misael Pastrana Borrero. Esta acusación fue negada por el mismo ex presidente. Pero muchos años después, su ex ministro de gobierno, Carlos Augusto Noriega aceptó y justificó aquella felonía a la democracia.

Aun hoy, después de tantos años, algunos periodistas prestigiosos y viejos amigos del ex presidente le rinden panegíricos recordatorios y carentes de análisis. Así publicó el periódico EL TIEMPO el pasado 11 de abril de 2008 en su editorial Carlos Lleras, 100 años, [3], Con una desmesurada carga de cinismo el editorialista expresó:

…Pero no fueron sus innumerables textos, discursos o decretos los que más se grabaron en la memoria colectiva del país, sino los gestos con los que ganó el respeto general, como el de la noche del 21 de abril de 1970, en la que “mandó a dormir a los colombianos”. En una aparición por televisión, mientras miraba su reloj de pulsera, notificó a la ciudadanía que debía recluirse en sus casas en el término de una hora, en acatamiento del toque de queda. Así puso fin a la agitación callejera que siguió a la jornada electoral de la antevíspera, en la que se enfrentaron los candidatos presidenciales Gustavo Rojas Pinilla y Misael Pastrana Borrero. Los seguidores de Rojas se habían lanzado a las calles para protestar contra lo que vieron como un fraude y la tensión había llegado a tal punto que, en opinión de muchos, ese día Lleras Restrepo salvó al país de otro 9 de abril”.

Junio 14, 2008 Publicado por Mario Zuluaga Uribe | Economía | | Aún no hay comentarios

Las Mercancías de Piero Sraffa

Por Mario Zuluaga

Piero Sraffa (1898-1983) fue un notable economista italiano que realizó su carrera en Gran Bretaña bajo el amparo de John Maynard Keynes. Su trabajo más relevante es una pequeña obra titulada Producción de mercancías por medio de mercancías,[1]. Aunque el artículo es muy corto, alrededor de 40 páginas, Sraffa tardó casi 30 años en perfeccionarlo. Es un artículo denso, de no fácil lectura y en el cual el autor asume hipótesis traídas del marxismo, como la teoría del valor-trabajo y el trabajo complejo como múltiplo del trabajo simple. El propósito del artículo, sin éxito según mi opinión, es establecer una estructura de precios, P = (p1, p2,…pn), de las mercancías en cuestión de tal suerte que las proporciones entre ellas queden unívocamente determinadas. Si por ejemplo fijamos p1, como precio de una mercancía patrón, el resto de las mercancías pueden expresarse en términos de ella. El lector de aquel artículo no encontrará en su texto la palabra dinero ni la palabra mercado. Es un artículo de alto contenido teórico y como el mismo autor afirma la investigación se ocupa exclusivamente de aquellas propiedades de un sistema económico que no dependen de variaciones en la escala de producción o en las proporciones de los «factores». Es un artículo en el cual se quiere dar una respuesta a la corriente marginalista de finales del siglo XIX.   

El método empleado por Sraffa consiste en la formulación de su problema como un sistema lineal de n ecuaciones con n incógnitas sometido a ciertas restricciones y reducido al estudio de un problema de valores y vectores propios.    

Lo primero que debemos advertir en la lectura del texto es la falta de análisis sobre el sistema lineal que sustenta la teoría de Sraffa. Es importante advertir que es imposible modelar una economía medianamente compleja con el uso de sistemas de ecuaciones lineales. Incluso con la utilización de instrumentos matemáticos más elaborados y profundos, como puede ser el análisis no lineal, las explicaciones y conclusiones emanadas de modelos económicos así formulados son altamente insatisfactorias.

No obstante es necesario advertir que cuando Sraffa  matematizó su modelo, los desarrollos en el campo del análisis no lineal eran bastante incipientes, y eran los temas del álgebra lineal el instrumento más desarrollado que erróneamente pudiera ser aplicado. Los grandes desarrollos del análisis no lineal son posteriores a la segunda mitad del siglo XX.

Me propongo exhibir tres ejemplos numéricos que muestran las debilidades del modelo de Sraffa. Y lo hago con triple propósito: el primero, para mostrar que los modelos matemáticos lineales, y no lineales también, son inadecuados como herramientas de análisis económico; segundo, que es deshonestidad intelectual exhibir un aparato matemático que sustente una teoría y al mismo tiempo abstenerse de examinar con minuciosidad el instrumento utilizado; y tercero, que cuando aceptamos principios básicos en las formulaciones teóricas, tenemos el deber de aceptar las conclusiones que de ellos se derivan.

 

Espero que el lector no encuentre confusos los ejemplos que expongo debido a su formulación matemática. Los Invito a leer el archivo adjunto psraffa.pdf   

Referencias   

[1] P.Sraffa, Producción de mercancías por medio de mercancías, http://www.geocities.com/aportexxi/sraffa.pdf

Enero 17, 2008 Publicado por Mario Zuluaga Uribe | Economía | | 1 comentario

El cálculo económico

Por: Mario Zuluaga  

Walter Eucken (1891-1950), en [1],  afirmaba que sólo existen dos formas de organización económica: la economía centralmente planificada y la economía de mercado. No hay duda que aquella opinión de Eucken se deriva de lo expresado por David Boaz quien afirma, en [2], que sólo existen dos formas de filosofía política: la que se deriva del uso del poder y la que se deriva de la libertad individual. Es evidente la contradicción que existe entre estas dos visiones y ambas constituyen la frontera de todo el espectro de la filosofía política. Entre estos dos extremos encontramos todos los sistemas políticos que el ser humano ha intentado a lo largo de su historia.  

La economía de mercado es la respuesta que los liberales le dan a los seguidores de las economías centralizadas como la única manera de la que disponen las sociedades para la asignación de precios. En 1920 L. Mises escribió un artículo en el cual afirmaba que en economías planificadas desde un poder central era imposible el cálculo económico. Las razones esgrimidas por Mises se apoyaban en la imposibilidad que tiene un pequeño grupo de personas encargadas de asignar y coordinar todas las transacciones económicas que se suceden en una sociedad compleja. Oskar Lange (1904–1965), economista polaco, afirmaba que dicha planificación sí era posible puesto que el comité planificador podía ir ajustando, de tanto en tanto, los precios de los productos. Lo que Lange nunca nos dijo fue bajo que criterios el comité planificador ajustaría los precios. Las ideas de Lange ya las había expresado León Walras (1834–1910) en su teoría del equilibrio general.  

Rogelio Pontón nos cuenta, en [3], que matemáticos rusos afirmaban que la planificación de una economía que constara de  de veinticinco millones de productos, y que se hiciese con el uso de una computadora, podría tardar en sus análisis más de quince mil millones de años, superando con ello la edad del universo. También afirma Pontón que la planificación sí se da en las economías de mercado, siendo ella una planificación invisible y a cargo de las enormes cantidades de decisiones individuales de las personas que libremente compran o venden.  

Pienso que la válida crítica que Mises y los seguidores de la escuela austriaca de economía hacen a las economías centralmente planificadas no puede apoyarse en el argumento de las dificultades computacionales. Puede pensarse, en un arranque de optimismo o simplemente desde un punto de vista teórico, que el avance computacional puede llegar al extremo de poder calcular y relacionar, en un instante dado, todas las transacciones económicas del planeta. Aún en ese hipotético caso el cálculo económico futuro es imposible por las siguientes razones: Primera, un comité planificador tiene que disponer de algún criterio objetivo de asignación de precios, ésto es, debe disponer de una teoría objetiva del valor, cualquiera que ella sea (en caso contrario no tendría ningún sentido la existencia de dicho comité planificador, todo planificador tiene que diseñar y construír a  partir de un plan) y las teorías objetivas del valor están vaciadas de contenido. Esto lo conocían con lujo de detalles los escolásticos de la escuela de Salamanca en el siglo dieciséis. El ejemplo más claro lo vemos en la teoría del valor – trabajo del marxismo, ver [4]. Cuando nos preguntamos cuál es el valor del  trabajo de un obrero llegamos a que tenemos que avaluarlo en términos de él mismo lo que constituye una inconsistencia lógica. Otro ejemplo, si el valor de todas las mercancías las avaluáramos en términos de un gramo de oro, cuando nos preguntemos cuánto vale un kilo de oro, como material industrial, tendríamos que decir que vale mil gramos de oro y por lo tanto no hemos avanzado en el conocimiento del valor de un kilo de oro. Segunda, cuando dicho comité permite algún tipo de libertad para mercadear y con ello ocasionar variaciones de precios, a los que Lange dice que el comité planificador debe ajustar de tiempo en tiempo, ese mismo conocimiento de los precios en la mente del público genera una variación en los mismos. Esto lo observamos en las bolsas de valores, si conocemos el precio de una acción, ello provoca, por reacción del público, una modificación del mismo. En cortas palabras, conocer implica modificar. Tercera, si quisiéramos determinar el precio de una mercancía con relación al precio de las insumos necesarios para su producción, encontramos que alguno de éstos es justamente la mercancía que queremos avaluar. Por ejemplo: si queremos conocer el precio de un camión, en términos de las piezas que lo componen, encontramos que el precio del motor viene determinado por el precio de los aceros que lo componen, por el transporte de los mismos a los talleres de construcción,…ctc  y dicho transporte depende del valor del camión transportador que, para infortunio de los planificadores centrales, es del mismo tipo de camión que queremos avaluar, por lo tanto el precio del camión inicial queda indeterminado.   

Este tipo de definiciones circulares las encontramos también en el lenguaje ordinario; si miramos un diccionario y buscamos el significado de la palabra justicia vemos que en una de sus acepciones ella está definida como el poder judicial y si miramos que significa la palabra judicial encontramos que se define en términos de la administración de justicia. Cualquier comité central de planificación lingüística entraría en crisis cuando intente elaborar, con precisión milimétrica, su diccionario de usos y reglas. Aquí vemos las hondas razones que asistían a Hayek cuando nos hablaba del Orden Espontáneo, como algo que no está racionalmente planificado y sin embargo funciona.  

Ya en el siglo XVI, diego de Cobarrubias y Leyva, obispo de Segovia nos advertía de la inconsistencia de las teorías objetivas del valor y entendía que el valor es un concepto subjetivo que depende del mercado. Así decía en [5]: el valor de una cosa no depende de su naturaleza objetiva sino de la estimación subjetiva de los hombres, incluso, aunque tal estimación sea alocada…” y lo ilustraba diciendo que …en las Indias el trigo se valora más que en España porque allí los hombres lo estiman más, y ello a pesar de que la naturaleza del trigo es la misma en ambos lugares.  

El mercado, mercado libre, en su sentido lato, es la manera que tienen los humanos de comunicarse. Intercambiamos mercancías para nuestra subsistencia como también intercambiamos opiniones y afectos. Sólo en condiciones de libertad y respeto mutuo es posible la construcción de sociedades dignas y prósperas.    

Referencias  

[1] Walter Eucken Cuestiones fundamentales de economía política,

Alianza, Madrid (1967)  

[2] David  Boaz, Las raíces del liberalismo   

http://www.elcato.org/node/2840  

[3] Rogelio Pontón. Mercado y Racionalidad Económica

http://www.hayek.org.ar/new/images/fotos/revista/Escuela_Austriaca_No.5.pdf  

[4] K. Marx, Salario, precio y ganancia

 http://www.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/65spg/index.htm  

[5] Diego de Covarrubias y Leyva, Omnia Opera, Haredam Hieronymi Scoti, Venecia 1604, vol. 2, Libro 2, p. 131

Diciembre 10, 2007 Publicado por Mario Zuluaga Uribe | Economía | | 3 comentarios

En Defensa de la Deflación

Por: Mario Zuluaga   

Hace algunos meses escribí un artículo en el que me ponía del lado del patrón oro porque, como muchos economistas también opinan, considero que es la mejor manera que puede tener la gente de conservar el valor de su dinero. Si pudiéramos, en cualquier momento, convertir nuestros ahorritos por lingotes de oro, estaríamos más tranquilos que lo que estamos ahora lidiando con el dinero fiduciario en el tormentoso mundo de las inflaciones, devaluaciones, intereses que suben y bajan, bonos del tesoro que se incumplen…ctc.    

En 1881, bajo el gobierno de Rafael Núñez, fue creado el Banco Nacional de Colombia. Los bancos privados de aquel entonces fueron obligados por el gobierno central a aceptar los billetes que el Banco Nacional emitía. Ello es lo que los economistas llaman el curso forzoso. El objetivo de la creación del Banco Nacional era acabar con el bimetalismo, monedas de oro y plata que servían de dinero, y dar así por terminada la época del patrón oro. Aunque por aquellas épocas el patrón oro estaba en auge en Europa y Norteamérica, ya los políticos colombianos encontraban la manera de defraudar los ahorros y ganancias de la gente con la aprobación y exigencia del dinero fiduciario que el  gobierno central podía crear sin límites con el uso de una imprenta.   El oro fue elegido, a lo largo del tiempo, como el más eficaz medio de intercambio y depósito de valor. Todo ello debido a sus propiedades de ductilidad, maleabilidad, imposibilidad de falsificación, escasez relativa y aplicaciones prácticas.   

A finales del siglo XIX y principios del XX las personas más adineradas en Colombia guardaban sus monedas de plata y oro en arcones enterrados en los patios de sus casas. Cómo decía mi abuela, era la manera natural de ahorrar y proteger los esfuerzos de toda una vida. Las monedas de oro y plata enterradas en arcones y las brujas y duendes que aparecían en las casas de aquel entonces tenían una relación directa. La creencia popular decía que cuando en una casa aparecía un “susto” o “espanto” era por que allí había una guaca o entierro y el alma del dueño fallecido no podía encontrar la paz del descanso eterno hasta tanto su fortuna fuese desenterrada. Tan pronto se conocía la presencia de un espanto en una casa vecina deshabitada, mi abuela corría a tomarla en alquiler y empezaba de inmediato las excavaciones. Hoy, sus descendientes, lamentamos su impericia en el arte de excavar.   

La dupla Gobierno–Banco Nacional pronto mostró su pérfida alianza pues, como lo relata  Fabio Sánchez y otros, en [1], bajo el título: Historia Monetaria de Colombia en el Siglo XX,    

[…] La financiación de la guerra civil de final del siglo (Guerra de los Mil Días)  produjo un aumento acelerado de la emisión y de la inflación, que pasó de ser cercana a cero entre 1896 y 1898  a 15,2% en 1899, 66% en 1900, 389% en 1901 y promedió 120% hasta 1903.   

Fue tan catastrófico lo ocurrido en tan corto período que el congreso de la república de 1903 aprobó una ley que prohibía al gobierno central la emisión de billetes y propuso la creación de una Junta de Conversión que restaurara el abolido patrón oro. Pero como la ley de Gresham que dice que la mala moneda desplaza a la buena, los esfuerzos de la Junta de Conversión por volver al patrón oro se vieron sofocados con la creación del Banco de La República en 1923, cuyas funciones eran las de emisión, circulación, depósito y descuento. Cuentan los historiadores de la economía colombiana que durante el período de 1905 a 1930 Colombia gozó de la mayor estabilidad monetaria en casi toda su historia.   

A raíz de mi artículo he recibido comentarios sobre el efecto deflacionista que traería la reimplantación del modelo del patrón oro. Los enemigos de la deflación nos advierten de los estragos que le causarán a una población que cae en una “espiral” deflacionaria. La deflación se define como una disminución generalizada y continua del nivel general de precios de la economía. Así puestas las cosas, la primera reacción de la gente del común es que aquello sería ¡buenísimo! y además añadirían que ni ellos ni sus antepasados, remotos o cercanos, les tocó vivir esos estados de dicha. Pero un economista experto nos explicará que una caída de los precios está generada, las más de las veces, por una contracción brusca de la demanda agregada y ello conlleva a un deterioro de la inversión por parte del empresario que ha tenido que vender sus productos por debajo de sus costos de producción y por lo tanto tiene que despedir trabajadores y de allí un desempleo masivo y, claro, con el desempleo cae más la demanda. Además nos advertirá que ante la caída generalizada de los precios, las personas se abstienen de consumir esperando a que los precios de los productos bajen aún más y de allí llegamos a más pérdidas para los empresarios productores de bienes, retroalimentando con ello la caída de la demanda. El colapso y la muerte de la actividad económica.   

Nadie puede desconocer la lógica implacable de nuestro experto economista que así razonara, pero en muchas ocasiones encontramos falacias detrás de argumentaciones razonables. Lo que nuestro economista experto nunca se pregunta es el porqué de una caída de la demanda, cuáles son las condiciones previas que la generan. Y no se hace la pregunta porque es muy difícil de explicar las razones que inducen a la gente a comprar, vender, ahorrar, invertir…ctc. Ello cae en el terreno de la subjetividad y hasta allí no llega la ciencia económica.

Lo primero que debemos observar es que la caída de la demanda no es una enfermedad económica, la caída de la demanda es una señal que el mercado le envía al productor de bienes y servicios con respecto a sus productos. Por ejemplo, si un empresario decide invertir su dinero en la fabricación de reglas de cálculo, que hoy son un producto obsoleto, no puede después quejarse de una caída de la demanda de reglas y la pérdida de su inversión. Debe ocuparse en mejorar sus bajas calificaciones como empresario e inversionista. De otra parte, las personas no pueden posponer indefinidamente sus necesidades de demanda, la demanda nula equivale a la muerte, por lo tanto  es un error creer en la posibilidad de una espiral en la caída de la demanda. Es por ello, aunque difícil de cuantificar, que existen estados naturales de demanda que dependen del tamaño de la población, gustos y costumbres de la gente, niveles de ingreso, expectativas…ctc. Es allí donde aparece el empresario exitoso que entiende su entorno y es capaz de inducir una demanda de sus productos de acuerdo con las necesidades de las personas. El crecimiento y desarrollo económico depende de aquellos que compiten con innovaciones tecnológicas o mejoras de sus cadenas de producción que conllevan a precios bajos y altas calidades.   

Clamar por una moneda sana no es ningún disparate, es un derecho ciudadano a conservar el valor de sus esfuerzos y el patrón oro es el mejor camino para esos propósitos. Además, no es una propuesta nueva, a finales del siglo XIX y comienzos del XX los países occidentales disfrutaron de prosperidad con el sistema del patrón oro. Fue a partir de la primera guerra mundial donde comenzó el derrumbe. Los gobiernos, para financiar sus guerras y acrecentar el poder político que el asistencialismo les genera, se arrogaron el derecho de imponer una moneda de curso forzoso y emitir billetes a discreción.    

La inflación que ha traído el dinero fiduciario no es, por frutos del azar, una calamidad llegada del cielo, es una perversa política estatal conscientemente aplicada y avalada por reconocidos economistas que la encubren con falaces argumentos. Las explicaciones de los efectos nocivos en la economía  no hay que buscarlas en el régimen del patrón oro, ellas son visibles como causa de las políticas expansionistas del papel moneda. Una expansión monetaria acompañada de artificiales tasas de interés a la baja induce la generación de empresas ruinosas. Inexpertos empresarios que se aventuran en proyectos que sólo están avalados en el capital monetario disponible, que no consultan los estados naturales de la demanda, conduce necesariamente al despedido de trabajadores y pérdidas del inversionista. No es el patrón oro el culpable del desempleo, no podemos entender que una moneda que conserva su valor en el tiempo pueda ser causa del desbarranque económico. Lo contrario equivaldría a afirmar que una tonelada de carbón, que conserva su poder calórico en el tiempo, es la causante del deterioro energético de un país porque la gente se negaría a consumirlo como combustible. Muy por el contrario, ponerse del lado del dinero fiduciario equivale a convivir gustoso con las desgracias. El primero de los efectos perversos de la expansión monetaria es la carestía, de ello damos fe los latinoamericanos que soportamos por años hiperinflaciones que incluso llegaron a superar más del 1000% en algunos países; el segundo es el enriquecimiento de los poseedores del gran capital que son los únicos que se aprovechan de la relación prestamista – prestatario que existe entre el banco emisor y los bancos comerciales privados. Los poseedores del gran capital se lucran de la primera oleada de la expansión monetaria y el crédito barato que de ella se deriva y se enriquecen con la compra de bienes de bajo precio; el tercero es el empobrecimiento del asalariado que no tiene capacidad de reacción y ve cómo su salario se envilece ante el alza continua de los precios de los productos.   

No importan los hechos y los datos incontrovertibles, no importan las experiencias catastróficas que hemos vivido, la fuerza de la institución Dinero Fiduciario no tiene parangón y su dimensión es sencillamente colosal. Preclaros economistas, aunque convencidos racionalmente de la perversidad del dinero fiduciario se rinden ante él. Alan Greenspan, quien manejó la moneda norteamericana por 19 años al frente de La Reserva Federal de EE.UU, esto decía, en [2], bajo el título Gold and Economic Freedom, claro, antes de ocupar el más apetecido puesto de la unión americana:   

“Un antagonismo prácticamente histérico contra el patrón oro es un nexo que une a los estatistas de toda condición. Parecen apreciar -quizás más clara y profundamente que muchos defensores del laissez faire- que el oro y la libertad económica son inseparables”; (…) “la oposición al patrón oro se deriva de la incompatibilidad de éste con el déficit público crónico (…) Bajo el patrón oro, la cantidad de crédito que puede financiar una economía está determinada por los activos tangibles de la misma, ya que cada instrumento de crédito es en última instancia un pasivo respaldado con un activo real. Sin embargo, la deuda pública no está respaldada con riqueza real, sino tan sólo con la promesa del gobierno de pagarla con lo obtenido de impuestos futuros y por tanto su absorción por los mercados financieros se hace problemática si su cantidad empieza a ser apreciable. (…) El abandono del patrón oro ha hecho posible que los estatistas utilicen el sistema bancario como instrumento para una expansión ilimitada del crédito. (…) El déficit público es sencillamente un ardid para la “oculta” confiscación de la riqueza. El oro se interpone en este proceso como protector de los derechos de propiedad. Esto es lo que se oculta detrás del antagonismo frente al oro de todo estatista”   

Ante este descomunal contraste entre lo que se piensa y lo que se hace, me pregunto si la Economía es una ciencia cargada de racionalidad o un instrumento al servicio del poder.   

Referencias   

[1] Robinson. J, Urrutia. M, editores, Economía colombiana del siglo XX, Fondo de Cultura Económica, Bogotá, 2007.   

[2] Rand. A, and others  Capitalism: The Unknown Ideal, Signet Publisher, 1986.

Octubre 26, 2007 Publicado por Mario Zuluaga Uribe | Economía | | Aún no hay comentarios

La economía, positiva o normativa

Por: Mario Zuluaga  

Uno de los debates más hondos al interior de la ciencia económica está relacionado con el carácter positivo y normativo de la misma. La discusión empieza por decidir si la economía se apoya en hechos (lo fáctico) naturales, independientes de nuestras opiniones o pareceres, o por el contrario se apoya en nuestros juicios de valor. La discusión es importante porque de ella derivamos una posición metodológica, así: la economía es una ciencia lógica–deductiva y su tratamiento debe seguir los delineamientos de las ciencias naturales, como la física, la química,  la biología…ctc, o, por el contrario, debe mantenerse en el escenario de la normatividad en virtud del apoyo que recibe de los juicios de valor que nos acompañan. A pesar de esta clara distinción metodológica, es interesante observar cómo los seguidores de la Nueva Economía del Bienestarintentan” establecer una economía normativa libre de juicios de valor, lo que obviamente constituye una contradicción en los términos.   

La discusión se inicia con lo que es conocido como La Guillotina de Hume. David Hume (1711-1776), en su obra Tratado sobre la naturaleza humana, establecía una diferencia entre dos categorías: el ser y el deber ser. Es decir, entre los hechos descriptivos que observamos en la naturaleza y los juicios de valor que emitimos. Así afirmaba: “no puede deducirse el deber ser a partir del ser”. Esto quiere decir que las proposiciones elaboradas con base en hechos observados en la naturaleza sólo pueden implicar hechos de la misma categoría y no proposiciones de carácter moral que nos obliguen a una determinada actuación o comportamiento. En términos resumidos: el ser no implica el deber ser y recíprocamente. Por ejemplo, sabemos que los leones machos asesinan a los cachorros, hijos de otros leones desplazados de la manada. De ello no se sigue que podamos deducir una proposición sobre esa actitud felina que califiquemos de buena o mala, aceptable o repugnante…ctc, o cualquier otro calificativo moral. Y recíprocamente, una ley moral o ética no nos conduce al mundo de los hechos observables, obvio.   

Como las realidades sociales son derivadas de juicios de valor, entonces ellas mismas son juicios de valor, por lo tanto no pueden incluirse en la categoría de las realidades fácticas, como las encontramos en las ciencias físicas. Por ejemplo, lo que define y permite el libre mercado es una derivación de aquello que entendemos y aceptamos como libertad. Todas las restricciones, modificaciones o regulaciones que hagamos a la libertad implica eso mismo en el libre mercado. Muy por el contrario, lo fáctico no se deriva de juicio de valor alguno. Por ejemplo, la ley de la gravitación universal no se deriva de ningún juicio de valor.  

Muchas personas opinan, yo entre ellas, que las disciplinas sociales, y entre ellas la economía, están confinadas a la categoría del deber ser. Esta opinión no es unánime pues encontramos a destacados economistas que quieren convencernos del carácter científico (positivo) de su disciplina. La parte más interesante de la discusión aparece cuando nos preguntamos ¿cómo podemos saber si una teoría económica es falsa o verdadera? Incluso, muchos economistas no se ponen de acuerdo con lo que debemos entender por falso o verdadero en su disciplina.   

Otra vertiente del debate consiste en que muchos pensadores intentan establecer paralelos entre las disciplinas sociales y las conocidas como científicas (positivas). Karl Popper (1902-1994), filósofo austríaco, introdujo en [1] el concepto de la falsación para examinar las disciplinas científicas. Popper afirmaba que del éxito repetido de una teoría, en la explicación de hechos observables, no podía implicarse su veracidad. La razón que se arguye para tal afirmación es que el método lógico-inductivo no es aplicable a los hechos observables pues no se puede garantizar que el éxito de una teoría en la predicción de un fenómeno implique el mismo éxito en un fenómeno siguiente.  Mas sin embargo, con una única vez que un hecho observable no concuerde con la predicción de la teoría es suficiente para catalogarla de falsa. Esta visión metodológica de Popper explica muy bien la forma del avance científico. La teoría A supera a la teoría B cuando explica todo lo que B explica más aquellos hechos en los que B falla.   

Como es difícil trasplantar el método popperiano de contrastación de teorías al reino de las ciencias económicas, algunos economistas recurren al método de la opinión mayoritaria cómo argumento de validación alegando que eso mismo sucede en el campo científico. Por ejemplo M. Blaug, en [2], afirma que   

“[…] en último término, se dirá, una proposición fáctica y descriptiva de lo que es  se considerará verdadera porque nos hemos puesto de acuerdo para acatar ciertas reglas científicas que nos enseñan que hemos de considerar dicha proposición como cierta, aunque puede, de hecho, ser falsa.   

Opino que Blaug tergiversa el método de convalidación científica. No acatamos una teoría porque mayoritariamente la aceptemos sino porque la contrastamos con los fenómenos observables. Un ejemplo muy significativo de ello es la Teoría de la Relatividad de A. Einstein (1879-1955). Inicialmente fue rechazada por un amplio número de destacados científicos quienes tuvieron que resignar sus ataques ante el triunfo de aquella teoría cuando predijo la inexistencia del eter, hecho comprobado por el famoso experimento de Michelson y Morley en 1887. Cuando Einstein fue congratulado por algunas personas sobre el triunfo de su disputa con los científicos que rechazaban su teoría, esto fue lo que dijo: No era necesario que muchos desaprobaran mi teoría para convertirla en falsa, bastaba con sólo una persona siempre y cuando tuviera la razón.  

M. Blaug se equivoca al igualar el método de las disciplinas positivas con las normativas pues afirma, en [2], sin ninguna argumentación satisfactoria que “[…] no existe proposición empírica, descriptiva, que sea considerada cierta, que no se base sobre un consenso social definido acerca de que debemos aceptar dicha proposición sobre lo que es”.  Los científicos aceptan la ley de la gravitación universal porque la pueden contrastar con los hechos experimentales, no porque haya un consenso social que la acate. O dicho de otra forma, no es lo mismo tener un consenso debido a la aprobación que tener una aprobación debido al consenso.  

El lector puede estar tentado a pensar que la anterior discusión no pasa de ser una estéril controversia entre filósofos dedicados a la teoría del conocimiento. La verdad es que tiene implicaciones metodológicas y consecuencias sociales sobre la manera cómo abordamos los problemas de la economía. Por ejemplo, J.N. Keynes afirmaba que las ciencias positivas son las premisas a tener en cuenta a la hora de diseñar políticas económicas, dando a entender que el ser puede implicar el deber ser.  Así dice en [3]:  

“La relación de la Política económica con las ciencias físicas es entonces simplemente eso, que aquella presupone a estas, oportunamente referidas como premisas, pero nunca como conclusiones”  

Este error epistemológico pone a J.N. Keynes del lado de la economía positiva y lo aleja de la economía normativa. La peligrosidad de esta visión de la economía consiste en que muchos economistas que comparten esa visión keynesiana están tentados a creer que sus recomendaciones económicas están dictadas y sustentadas en hechos científicos positivos libres de cualquier juicio de valor.  

También M. Friedman acepta el carácter positivo de la disciplina económica y la eleva por encima de las ciencias naturales en virtud de la complejidad que comportan. M. Friedman va mucho más lejos que J.N. Keynes cuando, en [4], afirma que  

“[…] En resumen, la Economía positiva es, o puede ser, una ciencia objetiva precisamente en el mismo sentido que cualquiera de las ciencias físicas. Naturalmente el hecho de que la economía trate de las interrelaciones de los seres humanos y que el investigador forme el mismo parte de la materia sujeto que se esta investigando, en un sentido más intimo que en las ciencias físicas, da origen a dificultades en la tarea de alcanzar la objetividad, al mismo tiempo que dota al científico social con una clase de datos no disponibles para el estudioso de las ciencias físicas”  

El texto anterior nos indica que para M. Friedman no existen diferencias epistemológicas en la manera de encarar los problemas económicos. Todos los fenómenos sociales y científicos están amparados por la cobija del positivismo científico. Es decir, para M. Friedman, la distinción entre positivo y normativo parece ser irrelevante pues todo en economía es ciencia positiva.  

Cito a  J.N. Keynes y M. Friedman como ejemplo de economistas seguidores de la economía positiva porque ellos dos están entre los más grandes pensadores de las disciplinas económicas del siglo XX. Pero es importante advertir que el positivismo económico está generalizado, es escaso encontrar hoy en día una universidad cuya escuela de economía cultive su disciplina como una ciencia moral. Opino que los esfuerzos por edificar un entramado de pensamiento positivo en economía no sólo es un error epistemológico sino que reviste un complejo de inferioridad del que intentan sacudirse. Es un error porque, primero, no es posible zafarse de los juicios de valor y segundo, para el “éxito” de su esfuerzo se introducen simplificaciones que hacen que su modelo ni siquiera se aproxime a una borrosa caricatura.   

Que una teoría económica esté basada sólo en juicios morales no la hace débil o desdeñable. Muy por el contrario; primero, la ubica en el campo de las relaciones humanas; segundo, la convierte en una disciplina áltamente compleja en donde los campos de investigación son inmensos; tercero, permite contrastarla con otras teorías con base en los logros por ellas alcanzados, algo así como una teoría económica experimental de largo plazo; cuarto, la convierte en una teoría muy dinámica que se acomoda al crecimiento intelectual de las sociedades que la acogen.   

Una pregunta para terminar: ¿Acaso no tenemos una sensación de encierro anaeróbico en una clase de economía matemática?  

Referencias  

[1] Popper. K.. La lógica de la investigación científica. Madrid: Tecnos, 1982a.  

[2] Blaug. M.; The Methodology of Economics. Or how economists explain, Cambridge University Press, 1992  

[3] Keynes. J.N. Scope and Method of political economy. Batoche Books. Kitchener 1999. First edition 1890  

[4]  Friedman. M. Ensayos sobre economía positiva” Editorial Gredos S. A Madrid. 1967. Primera parte. La metodología de la economía positiva

Septiembre 21, 2007 Publicado por Mario Zuluaga Uribe | Economía | | 5 comentarios

El socialismo agazapado

Por: Mario Zuluaga  

Hernán Echavarría Olózaga (1911-2006) fue uno de los más influyentes dirigentes empresariales que tuvo Colombia en el siglo XX. Ingeniero y economista, fue fundador de varias universidades, ministro de estado, embajador y exitoso industrial. El estudio de la economía fue siempre su gran pasión; publicó varios libros y artículos de revistas sobre temas económicos y fue un promotor de los estudios de economía entre las juventudes desde la década de los años treinta del siglo pasado.   

En la década de los años cincuenta, publicó un libro titulado El sentido Común en la Economía, [1], del cual, aún hoy, se siguen imprimiendo ediciones. Es un libro escrito en un lenguaje llano, alejado de ese lenguaje críptico con el que muchos economistas expresan sus ideas, salpicado de simpáticos ejemplos y en el cual toca todos los temas de la macroeconomía bajo la óptica y preocupación del empresario: La producción, la renta nacional, los mercados, el dinero, el comercio exterior, los impuestos, la intervención estatal …ctc, son los temas que encontramos en el libro, tratados con el talante de quien los vivió y lidió durante su larga vida.  Cómo él mismo lo dice, no se trata de un manual de ciencia económica. “Es solamente una explicación de los problemas más corrientes que el hombre de la calle encuentra en este campo”.    

Una característica del tono que advertimos en su lectura consiste en que, a diferencia de la postura fría y distante que los académicos profesionales le imprimen a sus análisis, don Hernán toma partido, y desde el principio, en favor de la iniciativa privada y el afán de lucro como motores del desarrollo económico.   

Aunque nunca se refiere a los trabajos de L.V. Mises y F.A.V. Hayek, como ellos, le otorga una inmensa importancia al papel que juega el empresario en el crecimiento económico. Sin mencionarlo, utiliza como elemento central de sus análisis, el equilibrio hayekiano entre producción y consumo que encontramos en los análisis sobre la macroeconomía del capital de la escuela austriaca.

Por la década de los años cuarenta don Hernán fue un difusor y defensor del keynesianismo. Posteriormente se apartó de aquellas ideas y se convirtió en acérrimo enemigo de la expansión monetaria como medio para lograr el pleno empleo, mostrando cómo, en el largo, y no tan largo, plazo el fenómeno se revierte y el desempleo y la destrucción de las industrias aparecen como una enfermedad difícil de curar. Lo que se inicia como una feliz fiesta, termina como una aterradora resaca. Con ejemplos latinoamericanos ilustra las amargas realidades que aún hoy muchos dirigentes políticos se niegan reconocer. Es en estos pasajes donde vemos cómo don Hernán se pone del lado de la escuela austríaca de economía sin siquiera mencionarla.  

Por ser un convencido de las libertades individuales, de la libre empresa, de la propiedad privada, de los peligros de la intervención estatal, de la moneda sana, puede ser don Hernán considerado por los socialistas como un redomado neoliberal. El epíteto nada  significa, salvo la carga ofensiva que conlleva; la preocupación que encontramos en el libro es la del progreso general de la población la que don Hernán defiende con sus ideas de empresario, avaladas por su experiencia y el sentido común.  

No todo es liberalismo en la obra de don Hernán. En el capítulo séptimo de su libro, donde se enfrenta al problema de la tenencia de la tierra, don Hernán descompone su talante de liberal y pierde la línea de argumentación libertaria. Así dice en uno de los acápites del libro: 

“En los países de América Latina es posible llevar a cabo una reforma agraria significativa aumentando los impuestos al valor de la tierra, no a su producción. Haciendo que el almacenaje (posesión de la tierra) cueste y obligando así al propietario a trabajarla o a venderla; impidiendo que la tierra siga siendo un activo de acumulación de riqueza y se convierta en activo de producción.”  

Es una pena que después de leer muchas páginas de liberalismo clásico, nos encontremos en un recodo del libro con semejante ataque a la propiedad. Pierde la compostura y clama por la acción violenta del Estado expropiador que imponga una reforma agraria que obligue al propietario a producir o vender. Poseer un pedazo de tierra para conservar una riqueza constituye una estrategia legítima de protección patrimonial. Iniciar con la tierra una cadena de producción no siempre es beneficioso; muchas veces puede ser una empresa ruinosa, pues puede romperse el equilibrio entre producción y consumo, el que tanto defiende don Hernán.   

El derecho a la propiedad privada es para los liberales, o mejor los libertarios, incuestionable; ceder en este punto es abrirle las puertas a los totalitarismos y los abusos estatales. La economía es una ciencia que tiene sentido y bella complejidad sólo bajo el principio de la propiedad privada, sin ésta la mano del déspota sería su perfecta sucedánea.  

Deploro que aquel prohombre colombiano no hubiera sido capaz de exorcizar de su mente ese socialismo agazapado que llevamos dentro.   

Referencia 

[1] Hernán Echavarría Olózoga, El Sentido Común En La Economía, SESA, octava edición, Bogotá, 2003.

Agosto 27, 2007 Publicado por Mario Zuluaga Uribe | Economía | | 1 comentario

El luddismo reencarna en Colombia

Por Mario Zuluaga   

El luddismo fue un movimiento obrero que tuvo su auge a principios del siglo XIX y cuyo supuesto precursor y lider fue Ned Ludd. Sus seguidores aseguraban que eran las máquinas y la tecnología las responsables del desempleo y del deterioro de la dignidad del trabajador. Fue por ello que muchos de los seguidores de dicho movimiento resultaron acusados de la destrucción de máquinas hilanderas en Nottingham (Inglaterra), lo mismo que en Lankashire y Yorkshire, en donde la revolución industrial alcanzó sus mayores logros. Aunque el luddismo se extendió por todo Europa y su auge y decadencia se dieron rápidamente, no por ello ha desaparecido de la mente de destacados economistas que parecen desconocer aquella vieja historia y se convierten en sus abanderados convencidos.   

El luddismo ya lo tenemos en Colombia y en el corazón de acatados economistas. El domingo 5 de agosto de 2007 el periódico EL TIEMPO, en su sección económica, publicó un artículo titulado: Las máquinas, ahora culpables del desempleo. La queja comienza por afirmar que las máquinas son las responsables de que 460000 personas no tengan empleo. Una connotada senadora de la república se quejaba y afirmaba que “el ejemplo más claro es el de las máquinas de café. Ahora con la revaluación salen baratas y han llegado a las empresas en reemplazo de las señoras que antes lo preparaban y servían”.  

No puedo afirmar que la senadora proponga la destrucción de las máquinas de café, cómo lo hicieron los obreros de Nottingham, pero no dudo que está muy cerca de proponer la prohibición de su importación y/o construcción local.  

Muy por el contrario de lo que afirman nuestros luddistas criollos, las máquinas y el desarrollo tecnológico son el motor del crecimiento económico y la generación del empleo. El uso de la maquina genera empleos entre las personas que las diseñan y construyen y, evidentemente también, entre quienes las operan y mejoran. Los oficios y tareas que hoy en día se realizan sin el uso de las máquinas no se diferencian de los que se hacían en épocas prehistóricas; son oficios sin ningún significado cuando pensamos en crecimiento y desarrollo. Aún en el caso de trabajadores no calificados, sus tareas están ligadas al uso de algún tipo de maquinaria. Basta con pasearnos por plazas de mercado y almacenes para advertir que detrás de cada producto que vemos en los anaqueles hay una máquina que intervino en su elaboración.  

Gary Becker estima que el 70% del capital industrial de las empresas norteamericanas está representado en capital humano calificado. Es impensable que todo aquel potencial creativo pueda lograr sus metas sin el uso de máquinas y desarrollos tecnológicos.  Si hay algo que diferencia al ser humano del resto de las especies vivientes es el uso de instrumentos, es por ello que resulta aterrador que aparezcan influyentes economistas y dirigentes políticos proponiendo políticas luddistas, que, cómo lo hacía J.J Roesseau, exaltan las épocas primitivas del estado salvaje.  

Otro de los argumentos que los luddistas esgrimen para apoyar su postura es la pérdida de “la dignidad del trabajo”. Ellos consideran que no es humana ni digna, además enajenante, una labor realizada con el uso de una máquina. No me imagino cómo puede ser “digno y humano” trabajar en la construcción de una autopista o cualquier obra de infraestructura sin el uso de las máquinas.  

El luddismo es una postura ideológica difícil de defender por ridícula, contra evidente  y opuesta a la naturaleza humana. No obstante es una de esas ideas zombis  que se niegan morir. Pero, aunque parezca imposible, ronda en las cabezas de despistados dirigentes políticos que se creen los salvadores de la especie humana.

Agosto 9, 2007 Publicado por Mario Zuluaga Uribe | Economía | | 3 comentarios

Solidarios por decreto-ley

“Aunque resulte una obviedad decirlo conviene insistir una vez más: el socialismo nos hace peores personas.”

Por Pablo Molina

Este artículo apareció publicado en Libertad digital (http://www.libertaddigital.es/opiniones/opinion_38688.html)

Cuando hay una catástrofe que afecta a un amplio número de ciudadanos, inmediatamente aparece el Gobierno con la bolsa de dinero lista para compensar las pérdidas sufridas. Lo hacen todos los gobiernos, sean del color político que sean, si exceptuamos el caso catalán, cuyos miembros no admiten retrasar las vacaciones así llegue el hedor de los congelados echados a perder por un apagón más allá de Perpiñán.

En el caso de los terribles incendios de Canarias, ZP ha prometido “ayudas sin límites” no sólo para reconstruir las infraestructuras dañadas o repoblar los montes quemados, sino también para subvencionar a quienes hayan perdido su trabajo temporalmente por causa del incendio (¿No está ya para eso el seguro de desempleo?) y, en general, para solucionar los contratiempos económicos que cualquier ciudadano canario haya podido sufrir por causa del fuego. “Será un decreto-ley amplio –ha anunciado ZP–, que contemplará todas las posibilidades de los daños causados, todos los supuestos”, incluidos, por tanto, los casos de aquellos beneficiarios que por su nivel de renta o patrimonio no necesiten ese dinero, aunque evidentemente harán todo lo posible por obtenerlo en competencia con el resto de afectados.

Probablemente las compañías aseguradoras habrán recibido la noticia con alborozo, pues es bastante seguro que muchas intentarán evitar hacer frente a sus responsabilidades en los siniestros gracias al maná presidencial. Y en todo caso, no faltará la picaresca de aquellos que pretendan ser compensados dos veces por el mismo daño. Aunque esto no le suele importar a los políticos. Total, el dinero no sale de su bolsillo sino de quienes pagamos impuestos, y eso por no entrar en la doctrina “calvinista” (por la ex ministra “Calvo”, aclaro innecesariamente), que decía aquello tan bonito de “el dinero público no es de nadie”.

Cuando sucede un hecho trágico como es el caso de un incendio que obliga a las personas a abandonar sus hogares, lo normal es que de forma espontánea se pongan en marcha iniciativas solidarias entre la gente que se considera vinculada a los afectados por razón del territorio o, simplemente, por la empatía natural que las personas tenemos con nuestros semejantes. ¿Por qué sucede cada vez con menos frecuencia? Pues principalmente porque todos pensamos que para eso ya está el Estado, cuyo principal empeño para extender su cuota de poder ha sido siempre expropiar las instituciones naturales de la sociedad civil responsables de activar los mecanismos de solidaridad para con los más necesitados.

Actualmente, el Gobierno de España destina un 53 por ciento de la renta nacional a la llamada “redistribución de riqueza”, esto es, a sacar el dinero del bolsillo de unos para meterlo en el de otros. Con una presión fiscal que, según los tramos, llega a límites confiscatorios, lo más natural es que los ciudadanos se inhiban moralmente ante el sufrimiento ajeno para dejar que sea el Gobierno quien resuelva el problema. Si de cada cien euros que usted paga a hacienda, más de cincuenta se destinan a esa función, nadie puede reprocharle que cuando suceda una catástrofe en la otra punta de España no acuda corriendo a su entidad bancaria para hacer una donación voluntaria.

Aunque sea impopular decirlo, el dinero que ZP va a entregar a los afectados por los incendios canarios es un factor más de corrupción moral. Contribuye a que la gente se despreocupe de asegurar su patrimonio ante ciertas eventualidades, incita a la picaresca para rapiñar ayudas aunque uno no las necesite y, en general, desactiva los mecanismos espontáneos de solidaridad en la sociedad civil. Aunque resulte una obviedad decirlo conviene insistir una vez más: el socialismo nos hace peores personas.

Agosto 4, 2007 Publicado por Mario Zuluaga Uribe | Blogroll, Economía | | Aún no hay comentarios

La redistribución del ingreso

Por Mario Zuluaga  

Otto von Bismarck (1915-1998), artífice de la unificación de Alemania y conocido como el Canciller de Hierro, fue el más notable precursor de lo que hoy conocemos como Estado de Bienestar o Estado Benefactor. Con el ánimo de cerrarle el paso a cualquier intento de proyecto socialista, introdujo las pensiones de jubilación obligatorias y el sistema de seguros médicos y de accidentes para los trabajadores. Aquel incipiente estado benefactor se propagó rápidamente por todo occidente y hoy encontramos que Estado y Estado de Bienestar son conceptos sinónimos. Salvo los liberales que somos minoría, es muy raro encontrar personas, que incluso las consideramos razonables, que acepten que el gobierno, en nombre del Estado, esté limitado a las funciones de garantizar seguridad y justicia, y sólo eso. El Estado tiende a copar todos los resquicios de la vida diaria: regula la economía, la educación, la salud, el arte, la ciencia, la justicia, las obras de infraestructura, la seguridad, el empleo…ctc y hasta nos da clases de moral y sano comportamiento. Y todo lo anterior ocurre porque el Estado es Estado de Bienestar  y su intromisión en la vida de los ciudadanos lo considera su derecho y su obligación. Y cuando una “institución” está tan generalizada, y todo lo abarca, y llega a ser la vida misma, es muy difícil que la gente advierta los perjuicios que nos causa y la libertad que nos quita. Cómo decía Rosseau, “se necesita de mucha filosofía para advertir las cosas que tenemos cerca”. ¿Y de qué se alimenta ese monstruo que nació con la revolución francesa? Pues del poder que le dio la constitución de hacer cumplir por la fuerza la redistribución del ingreso (RI).   

La redistribución del ingreso consiste, en pocas palabras, apropiarse de las riquezas de unos para entregárselas a otros. Aparte de consideraciones morales y los costos en materia de libertad individual y despilfarro que conlleva la redistribución del ingreso, es importante analizar las causas de esa visión política y los objetivos que persigue. Lo primero que debemos advertir es que la RI esta motivada por el ruin sentimiento humano de la envidia. Esta afirmación la podemos comprobar en un pasaje de la obra de K. Marx, Trabajo asalariado y Capital, [1], Así dice:  

Sea grande o pequeña una casa, mientras las que la rodean son también pequeñas cumple todas las exigencias sociales de una vivienda, pero, si junto a una casa pequeña surge un palacio, la que hasta entonces era casa se encoge hasta quedar convertida en una choza. La casa pequeña indica ahora que su morador no tiene exigencias, o las tiene muy reducidas; y, por mucho que, en el transcurso de la civilización, su casa gane en altura, si el palacio vecino sigue creciendo en la misma o incluso en mayor proporción, el habitante de la casa relativamente pequeña se irá sintiendo cada vez más desazonado, más descontento, más agobiado entre sus cuatro paredes. (La negrilla es mía)  

Los beneficios de poder que se pueden lograr de aquella envidia los advertimos en la amplísima clase política que campea en casi todos los países de la tierra, los políticos han sabido cómo sacralizar aquella envidia y derivar de ella su poder. Es así cómo el fundamento teórico de su propuesta lo vemos cimentado en el concepto de igualdad. El poder político que los gobernantes han adquirido con su propuesta igualitaria ha perturbado las bases de la democracia, la justicia y el crecimiento económico.

La igualdad es un concepto mal entendido y son precisamente los seguidores del Estado de Bienestar quienes más lo han distorsionado. La igualdad en sentido lato no existe, no la vemos en ninguna de las manifestaciones de la materia viviente, como tampoco la vemos en las organizaciones grupales de humanos y animales. La primera evidencia de la desigualdad la advertimos en la diversidad misma: diversidad física, étnica, cultural, espiritual…ctc. Aunque suena duro, la experiencia nos dice que la desigualdad es la esencia de la vida, y en las sociedades humanas constituye un factor de progreso. No obstante sí existe un sentido de igualdad dentro de las sociedades humanas y es aquella que prohíbe los privilegios que los gobiernos, con el uso de la fuerza, otorgan a unos grupos sociales o individuos en contra de los intereses de otros. Esta clase de prohibición la conocemos como igualdad ante la ley. Y es esta igualdad la que el Estado de Bienestar sabotea permanentemente cuando como árbitro pretende conjugar la igualdad social y el desarrollo económico. La redistribución del ingreso en manos del gobierno de un Estado de Bienestar se mueve en direcciones opuestas: transfiere recursos de los sectores de alta concentración de capital a los sectores de baja densidad, buscando con ello una igualdad social. Y recíprocamente, transfiere recursos de los sectores de baja concentración de capital a los sectores de alta densidad buscando con ello un estímulo al desarrollo.

Aparte de la violación de la igualdad ante la ley, los gobiernos de los Estados de Bien Estar incurren en un descomunal desperdicio de recursos económicos en virtud de la enorme infraestructura burocrática necesaria para atender su arbitraje.  Otra de las distorsiones que los seguidores del Estado de Bienestar han introducido en sus análisis económicos consiste en igualar el concepto de pobreza con el de desigualdad social. Así lo encontramos en un informe del BID de noviembre de 2001,[2], titulado Reducción de la pobreza y la desigualdad social en América latina y el Caribe: El BID en acción:  

El crecimiento económico durante el decenio no surtió mayor efecto sobre la pobreza en razón de la mayor desigualdad de salarios e ingresos.  

Y más adelante en el informe dicen que  

La Unidad del Banco sobre Pobreza y Desigualdad ha preparado un plan de acción en ámbitos prioritarios para reducir la pobreza y aumentar la igualdad.  

Una sociedad en la que la mayoría de sus habitantes carece de los medios para atender sus necesidades básicas debemos calificarla de anómala o injusta, no obstante es una sociedad con mayor tendencia igualitaria. También, si la mayoría de sus miembros atienden con suficiencia sus necesidades básicas es también una sociedad altamente igualitaria. La mayor desigualdad social se presenta cuando en una sociedad la mitad son ricos y la otra mitad pobres.  

Uno de los más conspicuos defensores de la distribución del ingreso es Abba Lerner (1903-1982), economista inglés de origen ruso quien, con base en la ley de rendimientos marginales decrecientes, demostró que con la igualdad en la redistribución del ingreso se maximiza la utilidad marginal siempre y cuando mantengamos las otras variables constantes (ceteris paribus). No obstante, Lerner no ignoraba que la igualdad del ingreso traía un efecto desinsentivador de la producción a gran escala y por consiguiente una disminución de la utilidad. Lerner buscó un balance entre ambos factores, el aumento de la utilidad marginal por la vía de la igualdad y la disminución de la producción a gran escala por causa de la misma igualdad. Lerner nunca pudo calcular el balance que proponía, aunque ello no implica su imposibilidad teórica.   

La primera dificultad que encontramos en el razonamiento de Lerner, aparte de las dificultades de cálculo que ya mencionamos, radica en que el crecimiento económico, como antídoto contra la pobreza, depende de la producción a gran escala en virtud del crecimiento y cambio poblacional. La propuesta de Lerner podría tener alguna aceptación en economías estáticas, economías en la que la producción llegó a su tope y en la que no se presentan cambios de las mismas. Este enfoque estático del pensamiento keynesiano, propio del Estado de Bienestar, no explica el carácter dinámico de la eficiencia, ni explica los mecanismos íntimos del crecimiento económico. Para una exposición rigurosa de la eficiencia remitimos al lector al ensayo La teoría de la eficiencia dinámica de Jesús Huerta de Soto, [4].  

La segunda dificultad en el razonamiento de Lerner lo encontramos en que la utilidad no se distribuye de forma homogénea entre las personas, mil dólares pueden generar más utilidad en manos de Pedro que en manos de Juan de acuerdo a las diferentes habilidades e iniciativas que poseen.  Es por ello que la línea de argumentación de Lerner sobre la maximización de la utilidad lo llevaría a pedir transferencia de recursos de los menos hábiles y capaces hacia los más capacitados. Vemos, entonces, que los argumentos utilitaristas de la redistribución del ingreso nos conducen a extravagancias. No son satisfactorias las argumentaciones a favor de la redistribución del ingreso, de hecho existen razones de orden moral que prohíben aquel tránsito de recursos de un grupo social a otro que nos muestran cómo ello es violatorio de los derechos individuales.   

No quiere decir lo anterior que las sociedades no deban fomentar el sentimiento de solidaridad con el incapacitado y el que se encuentra en estado de indefensión. Existen muchísimas organizaciones privadas dedicadas a actividades de ayuda caritativa, algunas por razones religiosas, otras por su genuino amor al prójimo.

Referencias  

[1] K. Marx Trabajo asalariado y capital http://www.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/47tac/2.htm  

[2] BID. Reducción de la pobreza y la desigualdad social en América Latina y el Caribe: El BID en acción. Banco Interamericano de Desarrollo, Washington, D.C. Noviembre 2001 

[3] Gordon Tullock, La fundamentación de la redistribución, http://www.hacer.org/pdf/Tullock01.pdf  

[4] Jesús Huerta de Soto, Teoría de la eficiencia dinámica, http://www.jesushuertadesoto.com/pdf_revistaprocesos/eficienciadinamic1.pdf

Julio 14, 2007 Publicado por Mario Zuluaga Uribe | Economía | | Aún no hay comentarios