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El Banco Mundial y sus contradicciones

  Por  Mario Zuluaga

El 2 de noviembre de 2006 el Banco Mundial (BM) publico el informe Close to Home, the development impact of remittances in Latin America bajo la autoría de los economistas P. Fajnzylber y J.H López, en el que recomienda a las naciones de América latina no depender de las remesas que los emigrantes de países pobres envían a sus familias en sus países de origen. El monto total de esas remesas, hacia los países del tercer mundo, se estiman en sesenta mil millones de dólares anuales de las cuales tres cuartas partes provienen de la unión americana. Es innegable que esas remesas le han traído a muchas familias, de bajos y medianos ingresos, significativos avances en bienestar y progreso. Y el BM lo reconoce cuando en su informe afirma:  

las remesas han contribuído a la reducción de la pobreza, mayores ahorros, mejor acceso a salud y educación y aumento de la capacidad empresarial, así como estabilidad macroeconómica y menor volatilidad e inequidad

Pero a renglón seguido el informe del BM advierte los “peligros” que pueden acarrear los envíos de remesas: 

1. Las transferencias reducen la fuerza de trabajo en los países de origen.

2. Pueden generar una sobrevaluación del tipo de cambio y, por lo tanto, reducir la  competitividad del país que las recibe.

 

3. Propician el éxodo de profesionales y trabajadores capacitados.

4. En ningún caso pueden sustituir la aplicación de políticas nacionales sólidas.         

5. Las transferencias generan el riesgo de la potencial pérdida de ingresos asociada con  la ausencia de los emigrantes del seno de sus familias y comunidades. 

Miremos con detenimiento el significado perverso de cada uno de los “peligros” que advierte el BM. La única lectura que hemos de darle al primer punto es que el BM considera que las familias pobres que reciben las remesas están compuestas por miembro perezosos y carentes de iniciativas que ante los dineros recibidos paralizan sus actividades productivas para convertirse en “consumidores soberanos”. Ello, aparte de ser un prejuicio mezquino carente de toda realidad, deja de lado el factor positivo que el consumidor inyecta a la economía. Ese niño pequeño que se alimenta y educa gracias a los  dineros enviados por su madre o hermano es de incalculable valía para su familia, el país que lo vio nacer y el mundo en general. Esto es lo que no advierten los redactores del informe del BM. 

En el segundo punto el BM nos alerta sobre la sobrevaluación del tipo de cambio como efecto de las remesas. Yo me pregunto ¿por qué piensan los redactores del informe del BM que son las remesas las que generan sobrevaluación y no los exportadores de bienes y servicios que también traen divisas extranjeras para ser cambiadas por moneda nacional? Y también me pregunto ¿desde cuando hasta ahora lo barato es malo? Con divisas baratas nos favorecemos todos: los que necesitan insumos para sus fábricas, los que necesitan adquirir alta tecnología para mejorar sus negocios, los que viajan por razones académicas, artísticas o simple placer, los estudiantes y profesores que necesitan de libros y revistas académicas que no producimos acá…ctc.  En el fondo de la segunda objeción a las remesas que hace el BM subyace una concepción mercantilista de la economía auspiciada por los gobiernos bajo presiones de los exportadores: “exportar más e importar menos”. Eso es conocido como balanza comercial positiva que constituye una falacia que de tanto repetirse la han querido convertir en una verdad. Los gobiernos que favorecen las exportaciones y dificultan las importaciones se ponen del lado de industriales y comerciantes que no quieren ser competitivos y les dan la espalda a los consumidores, que somos todos y constituímos el objetivo último de todo proyecto económico sano. ¿Qué piden entonces los redactores del informe del BM? Simplemente piden devaluación de las monedas nacionales, poner en marcha las planchas impresoras de dinero. Viejísima y empobrecedora receta.  

En el tercer “peligro” el informe del BM nos advierte del éxodo de profesionales capacitados. Las causas de un éxodo no son las remesas, son la falta de oportunidades satisfactorias de empleo o el deseo lícito que tiene la gente de afincarse en donde le plazca. Y  además ese éxodo se dará con remesas o sin ellas. De otra parte, la culpa de tener gente capacitada y sin empleo en su país de origen recae en las malas políticas de los gobiernos que, las más de las veces, son mal aconsejados por organismos de crédito internacional como el BM. Además, si una familia de Bogotá, digamos, tiene uno de sus miembros trabajando en Medellín que les envía dinero ello no asusta al BM,  pero si el girador se halla en New York sí causa alarma al BM. ¿Por qué? Porque lo que transfiere aquel emigrado a su familia son dólares y esos giros deben ser privativos de los exportadores. Esa es la visión aviesa del BM. 

El cuarto “peligro” que advierte el BM raya en el cinismo más descarado. Cómo culpar a las remesas del desastre si son los países del tercer mundo que llevan más de cien años, y más, aplicando políticas empobrecedoras. Nunca sus gobernantes han querido entender que la prosperidad económica exige como condición necesaria, y casi suficiente, la libertad de acción de sus nacionales. Impuestos, tasas, sobretasas, aranceles, subsidios, regulaciones, estímulos a terceros que pagan los contribuyentes, inversiones estatales ruinosas…ctc son los ingredientes perfectos para el atraso y la pobreza. Es importante advertir que organismos como el BM, el FMI, el BID…ctc cargan con una gran culpa del estado de pauperización de los países del tercer mundo. Esos organismos de crédito internacional, no sólo se han dedicado a proporcionar malos consejos sino, como lo dijo alguien quien no recuerdo, a “transferir dineros de los pobres de los países ricos a los ricos de los países pobres”. Es obvio que son las transferencias un buen sustituto de políticas equivocadas, y lo son porque están impregnadas de un espíritu de libertad. 

Con lo dicho sobre los cuatro primeros “peligros” el quinto formulado por el BM alcanza niveles  superiores de delirio. Si las remesas son ya un ingreso, ¿cual es el otro ingreso potencial al que se refiere en el informe? Habremos de suponer que se refiere al ingreso que no existe y recordemos: ése es el peor de los ingresos.  

No parecen ser la sindéresis, el buen juicio, ni el espíritu de libertad las virtudes que asisten a esos sabios redactores del informe del Banco Mundial. 

 

Categorías:Economía
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