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La redistribución del ingreso

Otto von Bismarck (1915-1998), artífice de la unificación de Alemania y conocido como el Canciller de Hierro, fue el más notable precursor de lo que hoy conocemos como Estado de Bienestar o Estado Benefactor. Con el ánimo de cerrarle el paso a cualquier intento de proyecto socialista, introdujo las pensiones de jubilación obligatorias y el sistema de seguros médicos y de accidentes para los trabajadores. Aquel incipiente estado benefactor se propagó rápidamente por todo occidente y hoy encontramos que Estado y Estado de Bienestar son conceptos sinónimos. Salvo los liberales que somos minoría, es muy raro encontrar personas, que incluso las consideramos razonables, que acepten que el gobierno, en nombre del Estado, esté limitado a las funciones de garantizar seguridad y justicia, y sólo eso. El Estado tiende a copar todos los resquicios de la vida diaria: regula la economía, la educación, la salud, el arte, la ciencia, la justicia, las obras de infraestructura, la seguridad, el empleo…ctc y hasta nos da clases de moral y sano comportamiento. Y todo lo anterior ocurre porque el Estado es Estado de Bienestar  y su intromisión en la vida de los ciudadanos lo considera su derecho y su obligación. Y cuando una “institución” está tan generalizada, y todo lo abarca, y llega a ser la vida misma, es muy difícil que la gente advierta los perjuicios que nos causa y la libertad que nos quita. Cómo decía Rosseau, “se necesita de mucha filosofía para advertir las cosas que tenemos cerca”. ¿Y de qué se alimenta ese monstruo que nació con la revolución francesa? Pues del poder que le dio la constitución de hacer cumplir por la fuerza la redistribución del ingreso (RI).

La redistribución del ingreso consiste, en pocas palabras, apropiarse de las riquezas de unos para entregárselas a otros. Aparte de consideraciones morales y los costos en materia de libertad individual y despilfarro que conlleva la redistribución del ingreso, es importante analizar las causas de esa visión política y los objetivos que persigue. Lo primero que debemos advertir es que la RI esta motivada por el ruin sentimiento humano de la envidia. Esta afirmación la podemos comprobar en un pasaje de la obra de K. Marx, Trabajo asalariado y Capital, [1], Así dice:

Sea grande o pequeña una casa, mientras las que la rodean son también pequeñas cumple todas las exigencias sociales de una vivienda, pero, si junto a una casa pequeña surge un palacio, la que hasta entonces era casa se encoge hasta quedar convertida en una choza. La casa pequeña indica ahora que su morador no tiene exigencias, o las tiene muy reducidas; y, por mucho que, en el transcurso de la civilización, su casa gane en altura, si el palacio vecino sigue creciendo en la misma o incluso en mayor proporción, el habitante de la casa relativamente pequeña se irá sintiendo cada vez más desazonado, más descontento, más agobiado entre sus cuatro paredes. (La negrilla es mía)

Los beneficios de poder que se pueden lograr de aquella envidia los advertimos en la amplísima clase política que campea en casi todos los países de la tierra, los políticos han sabido cómo sacralizar aquella envidia y derivar de ella su poder. Es así cómo el fundamento teórico de su propuesta lo vemos cimentado en el concepto de igualdad. El poder político que los gobernantes han adquirido con su propuesta igualitaria ha perturbado las bases de la democracia, la justicia y el crecimiento económico.

La igualdad es un concepto mal entendido y son precisamente los seguidores del Estado de Bienestar quienes más lo han distorsionado. La igualdad en sentido lato no existe, no la vemos en ninguna de las manifestaciones de la materia viviente, como tampoco la vemos

en las organizaciones grupales de humanos y animales. La primera evidencia de la desigualdad la advertimos en la diversidad misma: diversidad física, étnica, cultural, espiritual…ctc. Aunque suena duro, la experiencia nos dice que la desigualdad es la esencia de la vida, y en las sociedades humanas constituye un factor de progreso. No obstante sí existe un sentido de igualdad dentro de las sociedades humanas y es aquella que prohíbe los privilegios que los gobiernos, con el uso de la fuerza, otorgan a unos grupos sociales o individuos en contra de los intereses de otros. Esta clase de prohibición la conocemos como igualdad ante la ley. Y es esta igualdad la que el Estado de Bienestar sabotea permanentemente cuando como árbitro pretende conjugar la igualdad social y el desarrollo económico. La redistribución del ingreso en manos del gobierno de un Estado de Bienestar se mueve en direcciones opuestas: transfiere recursos de los sectores de alta concentración de capital a los sectores de baja densidad, buscando con ello una igualdad social. Y recíprocamente, transfiere recursos de los sectores de baja concentración de capital a los sectores de alta densidad buscando con ello un estímulo al desarrollo.

Aparte de la violación de la igualdad ante la ley, los gobiernos de los Estados de Bien Estar incurren en un descomunal desperdicio de recursos económicos en virtud de la enorme infraestructura burocrática necesaria para atender su arbitraje.  Otra de las distorsiones que los seguidores del Estado de Bienestar han introducido en sus análisis económicos consiste en igualar el concepto de pobreza con el de desigualdad social. Así lo encontramos en un informe del BID de noviembre de 2001,[2], titulado Reducción de la pobreza y la desigualdad social en América latina y el Caribe: El BID en acción:

El crecimiento económico durante el decenio no surtió mayor efecto sobre la pobreza en razón de la mayor desigualdad de salarios e ingresos.

Y más adelante en el informe dicen que  La Unidad del Banco sobre Pobreza y Desigualdad ha preparado un plan de acción en ámbitos prioritarios para reducir la pobreza y aumentar la igualdad.

Una sociedad en la que la mayoría de sus habitantes carece de los medios para atender sus necesidades básicas debemos calificarla de anómala o injusta, no obstante es una sociedad con mayor tendencia igualitaria. También, si la mayoría de sus miembros atienden con suficiencia sus necesidades básicas es también una sociedad altamente igualitaria. La mayor desigualdad social se presenta cuando en una sociedad la mitad son ricos y la otra mitad pobres.

Uno de los más conspicuos defensores de la distribución del ingreso es Abba Lerner (1903-1982), economista inglés de origen ruso quien, con base en la ley de rendimientos marginales decrecientes, demostró que con la igualdad en la redistribución del ingreso se maximiza la utilidad marginal siempre y cuando mantengamos las otras variables constantes (ceteris paribus). No obstante, Lerner no ignoraba que la igualdad del ingreso traía un efecto desinsentivador de la producción a gran escala y por consiguiente una disminución de la utilidad. Lerner buscó un balance entre ambos factores, el aumento de la utilidad marginal por la vía de la igualdad y la disminución de la producción a gran escala por causa de la misma igualdad. Lerner nunca pudo calcular el balance que proponía, aunque ello no implica su imposibilidad teórica.

La primera dificultad que encontramos en el razonamiento de Lerner, aparte de las dificultades de cálculo que ya mencionamos, radica en que el crecimiento económico, como antídoto contra la pobreza, depende de la producción a gran escala en virtud del crecimiento y cambio poblacional. La propuesta de Lerner podría tener alguna aceptación en economías estáticas, economías en la que la producción llegó a su tope y en la que no se presentan cambios de las mismas. Este enfoque estático del pensamiento keynesiano, propio del Estado de Bienestar, no explica el carácter dinámico de la eficiencia, ni explica los mecanismos íntimos del crecimiento económico. Para una exposición rigurosa de la eficiencia remitimos al lector al ensayo La teoría de la eficiencia dinámica de Jesús Huerta de Soto, [4].

La segunda dificultad en el razonamiento de Lerner lo encontramos en que la utilidad no se distribuye de forma homogénea entre las personas, mil dólares pueden generar más utilidad en manos de Pedro que en manos de Juan de acuerdo a las diferentes habilidades e iniciativas que poseen.  Es por ello que la línea de argumentación de Lerner sobre la maximización de la utilidad lo llevaría a pedir transferencia de recursos de los menos hábiles y capaces hacia los más capacitados. Vemos, entonces, que los argumentos utilitaristas de la redistribución del ingreso nos conducen a extravagancias. No son satisfactorias las argumentaciones a favor de la redistribución del ingreso, de hecho existen razones de orden moral que prohíben aquel tránsito de recursos de un grupo social a otro que nos muestran cómo ello es violatorio de los derechos individuales.

No quiere decir lo anterior que las sociedades no deban fomentar el sentimiento de solidaridad con el incapacitado y el que se encuentra en estado de indefensión. Existen muchísimas organizaciones privadas dedicadas a actividades de ayuda caritativa, algunas por razones religiosas, otras por su genuino amor al prójimo.

Referencias

[1] K. Marx Trabajo asalariado y capital http://www.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/47tac/2.htm

[2] BID. Reducción de la pobreza y la desigualdad social en América Latina y el Caribe: El BID en acción. Banco Interamericano de Desarrollo, Washington, D.C. Noviembre 2001

[3] Gordon Tullock, La fundamentación de la redistribución, http://www.hacer.org/pdf/Tullock01.pdf

[4] Jesús Huerta de Soto, Teoría de la eficiencia dinámica, http://www.jesushuertadesoto.com/pdf_revistaprocesos/eficienciadinamic1.pdf

 

 

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