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El Mito, enemigo de la libertad

Por: Mario Zuluaga

Enrique Ghersi es un prestigioso abogado peruano e influyente pensador liberal cuyas columnas de prensa han prestado un invaluable servicio a la causas del liberalismo.

En enero de 2007, en las aulas de la Universidad Francisco Marroquín, en Guatemala, el Doctor Ghersi pronunció una elocuente lección inaugural titulada Los límites del lenguaje y la defensa de la libertad, [1].  La conferencia se inició haciendo alusión a la obra del italiano Giambattista Vico (1668-1774), filósofo de la historia, en cuya obra más importante, La Ciencia Nueva, discurría sobre el desenvolvimiento espiral del progreso humano pasando por las etapas divina, heróica y finalmente la humana para luego retomar el ciclo.

Es extraño, y casi maliciosamente puesto,  el título que Vico dio a su obra más importante si tenemos en cuenta que en 1638 Galileo Galilei (1564-1642) publicó su magna obra titulada Consideraciones y Demostraciones Matemáticas Sobre Dos Ciencias Nuevas Relacionadas Con La Mecánica y que es considerada la precursora de la ciencia moderna. Cómo nos lo cuenta el Doctor Ghersi en su conferencia, Vico y su obra permanecieron largamente olvidados hasta su redescubrimiento, por parte del historiador francés Jules Michelet, a finales del siglo XIX. Más grave hubiera sido si Galileo y sus dos ciencias nuevas, por las que casi le cuesta morir en la hoguera, hubiesen sido ignorados y sólo hasta ahora estuviésemos descubriendo los orígenes de la modernidad.

Que Galileo haya sido condenado a morir en la hoguera por haber difundido sus ciencias nuevas que no compaginaban con la grande creencia es una de las pruebas más claras de cómo el mito es enemigo de la libertad.

Uno de los puntos centrales de la conferencia inaugural del Doctor Ghersi es la postura anticartesiana de Vico que él mismo recoge con decidida pasión. Vico aseguraba que el pensamiento poético o mítico constituían instrumentos de conocimiento tan válidos como el conocimiento científico apoyado en el racionalismo.

La ciencia moderna, consideran muchos investigadores de la historia de la ciencia, se inicia con Isaac Newton (1642-1727) y constituye el triunfo del racionalismo y la base de la civilización occidental. No es concebible el desarrollo tecnológico, del que hoy disfrutamos, sin las herramientas matemáticas, altamente racionalistas, desarrolladas por Isaac Newton, contemporáneo del ilustre Vico. Los Principios Matemáticos De La Filosofía Natural, (1687), la obra cumbre de Isaac Newton, es una obra densa que por sus características sólo puede ser leída por ojos entrenados y constituye el documento más influyente en el pensamiento occidental de los últimos trescientos años. La física, la matemática, la química, la ingeniería, las comunicaciones, los desarrollos tecnológicos en casi todos los campos atinentes a la vida de hoy son herederos de aquella magna obra. Y los son, principalmente, por que sus cultores entendieron el valor del racionalismo en la investigación científica.  Es bien probable que Vico no conociera la obra Newton y menos aún que pudiera comprender su alcance y significado.

Es por ello perturbador e incomprensible el intento de Ghersi de resucitar aquella despistada visión vicoiana  y atribuirle a ésta una enorme importancia en el desarrollo del pensamiento liberal moderno.  Concuerdo con el Doctor Ghersi cuando afirma que

“No sólo se conoce por una fórmula matemática. No sólo la geometría es conocimiento. No sólo se conoce en la fría acción de laboratorio de un químico o un físico”.

Claro. Pero sólo alcanzamos el conocimiento con el uso del argumento racionalista que se apega a las leyes de la lógica formal, que confronta sus resultados con la experiencia, así venga en la presentación de lenguaje matemático o retórico.

Los mitos se propagan en cualquier forma de lenguaje ya sea científico o poético. Cuando una explicación de un fenómeno económico, en el cual el comportamiento humano es decisorio, y siempre lo es, pretende ser avalado por el uso del lenguaje matemático, no estamos ante un argumento científico si no ante una explicación mítica o fetichista. La física, con el uso de la matemática, explica y predice fenómenos simples, susceptibles de experimentación y repetibles en diferentes lugares. Pero pretender matematizar el comportamiento humano es, hasta ahora, una quimera mítica.

El pensamiento mítico, al que Giambattista Vico le concede poderes cognoscitivos y el Doctor Ghersi comparte, es la forma desesperada de explicar lo que no entendemos; es la fuente inagotable de errores y calamidades; instalado en nuestra mente se convierte en la herramienta que utilizamos para edificar creencias y desechar ideas. Don José Ortega y Gasset distinguía entre unas y otras. Las ideas las discutimos, o las modificamos, o las desechamos; las creencias, hijas del pensamiento mítico, son difíciles de erradicar y en ocasiones nos acompañan hasta la tumba.

Como afirmaba el colombiano Estanislao Zuleta, “la ignorancia no es un fenómeno de escasez, es un fenómeno de llenura mítica indigesta”. Si para instruir a una persona sólo fuese necesario llenarla de información, la labor educativa sería simplísima. La gran dificultad de ésta radica en quitarle de la mente al educando la carga mítica que lo acompaña. No Sé, es una frase que le escuchamos con frecuencia al sabio, rara vez al ignorante. Éste siempre tiene explicaciones para todo lo que ve o se imagina pues está imbuído de pensamiento mítico. Instruir tiene más que ver con el verbo quitar que con el verbo meter.

El párrafo más perturbador de la conferencia del Doctor Ghersi aparece hacia la mitad de su exposición. Así decía:

“¿Porqué los liberales fracasamos en defender la libertad? Porque creemos que una curva vende más que un mito, porque creemos que una fórmula convence más que una metáfora, porque pensamos equivocada e ingenuamente que a través del conocimiento científico, y sólo a través de él, podemos defender la libertad.”

No me puedo imaginar que el camino de la defensa de la libertad sea la utilización tramposa de imaginaciones desquiciadas. Nadie ha pretendido deducir la necesidad de la libertad humana como un corolario de un teorema matemático, o derivación de leyes físicas, químicas o biológicas.

Aunque en la alocución del Doctor Ghersi escuchamos veinte veces la palabra libertad, no pudimos encontrar una explicación satisfactoria de qué es la libertad y para qué sirve la libertad. Buscar las causas de la libertad en el pensamiento mítico–retórico de Giambattistta Vico y señalar que no debemos buscarla en el racionalismo, es equivalente a decir que el agua debemos buscarla en el árido desierto de Atacama porque los caudalosos ríos de nuestra cordillera andina están secos.

Ya en el siglo pasado, la pensadora ruso-americana Ayn Rand nos explicaba los orígenes racionalistas de la libertad, [2]. Lo que distingue a la especie humana del resto de los seres vivos es justamente su capacidad de razonar, es lo que define su individualidad Y ello es justamente lo que le permite al ser humano conservar su valor más preciado: La vida. Los animales pueden supervivir con el uso del instinto, el ser humano no lo podría sin el uso del razonamiento. Es por ello que en el ámbito humano el razonamiento es una condición necesaria y suficiente para la vida. En términos de la lógica formal podemos afirmar que son realidades equivalentes. Donde digo vida digo razonamiento y recíprocamente.

Pero dentro de los mecanismos del razonamiento encontramos una de sus piezas más básicas: la facultad de elegir y decidir. He aquí lo que significa la palabra libertad: Facultad de Elegir y Decidir. Concluímos, entonces, que la libertad es una condición necesaria para el razonamiento y por lo tanto una condición necesaria para la vida.

El mito es una narración fantástica, cargada de simbolismos, que explica los elementos básicos de una cultura: origen de los hombres y animales, códigos de moral, causas de las enfermedades, métodos de curación…ctc, cuya característica principal es su distanciamiento de los métodos de la razón. Ya Aristóteles, uno de los más influyentes filósofos de la civilización occidental, exaltaba las bondades de la razón y hacía agudas críticas a los mitos como forma de conocer la realidad. Pero la grande peligrosidad del mito radica en la fuerza que toma en el imaginario colectivo, convirtiéndose en el enemigo del libre examen y la libertad.

Otro aspecto oscuro que se desprende de la conferencia del Doctor Ghersi es el intento de trasplantar al campo de la ciencia los esquemas del relativismo moral. Uno podría estar tentado a aceptar la ausencia de jerarquías éticas y morales en virtud de la diversidad cultural. Ello no ocurre en el ámbito de las sociedades científicas. Las proposiciones sobre física, matemáticas o cualquier otra disciplina racionalista y los métodos para llegar a ellas son igualmente avaladas o rechazadas por el descendiente inca, azteca, árabe o anglosajón…ctc. Y la manera de jerarquizar entre lo verdadero,  lo falso y lo incompleto es común a todos ellos independiente de la etnia u origen cultural al que pertenecen. Y no son aceptadas las argumentaciones apoyadas en mitos, ni tradiciones históricas, ni retórica poética. No por dogmatismo. Por inconsistentes y deleznables.

Ya para terminar su exposición, El doctor Ghersi nos confunde al tratar de distinguir entre silogismos y argumentos. Así dice:

“No triunfaremos nunca si incurrimos en el error que denunciamos. Esto es, defender cartesianamente la libertad como consecuencia necesaria e inevitable de fórmulas, de silogismos, de curvas y de números.  Solamente triunfaremos si entendemos que la defensa de la libertad se construye a partir de argumentos. Se construye a partir de figuras, se construye discutiendo, se construye rebatiendo”.

Es como si quisiera disociar el lenguaje matemático del lenguaje cotidiano como formas irreconciliables de expresión. El silogismo, la fórmula matemática, cuando cabe usarla, claro, la comprobación numérica, la ilustración gráfica, también son elementos constitutivos de los argumentos que se utilizan para convencer, validar o refutar.

Es una pena que el elocuente discurso del Doctor Ghersi, dirigido a una muy joven audiencia, estuviese más cargado de emoción poética que de análisis crítico.

Referencias

[1] E.A. Ghersi. Los límites del lenguaje y la defensa de la libertad, http://www.newmedia.ufm.edu.gt/pagina.asp?nom=ghersileccioninaugural

[2] A. Rand. La virtud del egoismo, Editorial Grito Sagrado, Buenos Aires, 2006.

Categorías:Filosofía
  1. alexander suarez
    octubre 9, 2016 a las 5:47 am

    Excelente felicidades me a sorprendido saber que en la Universidad Marroquin de Guatemala cuentan con buenos profesionales como usted y la Dra Rocca

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