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El cálculo económico

Por: Mario Zuluaga

Walter Eucken (1891-1950), en [1],  afirmaba que sólo existen dos formas de organización económica: la economía centralmente planificada y la economía de mercado. No hay duda que aquella opinión de Eucken se deriva de lo expresado por David Boaz quien afirma, en [2], que sólo existen dos formas de filosofía política: la que se deriva del uso del poder y la que se deriva de la libertad individual. Es evidente la contradicción que existe entre estas dos visiones y ambas constituyen la frontera de todo el espectro de la filosofía política. Entre estos dos extremos encontramos todos los sistemas políticos que el ser humano ha intentado a lo largo de su historia.

La economía de mercado es la respuesta que los liberales le dan a los seguidores de las economías centralizadas como la única manera de la que disponen las sociedades para la asignación de precios. En 1920 L. Mises escribió un artículo en el cual afirmaba que en economías planificadas desde un poder central era imposible el cálculo económico. Las razones esgrimidas por Mises se apoyaban en la imposibilidad que tiene un pequeño grupo de personas encargadas de asignar y coordinar todas las transacciones económicas que se suceden en una sociedad compleja. Oskar Lange (1904–1965), economista polaco, afirmaba que dicha planificación sí era posible puesto que el comité planificador podía ir ajustando, de tanto en tanto, los precios de los productos. Lo que Lange nunca nos dijo fue bajo que criterios el comité planificador ajustaría los precios. Las ideas de Lange ya las había expresado León Walras (1834–1910) en su teoría del equilibrio general.

Rogelio Pontón nos cuenta, en [3], que matemáticos rusos afirmaban que la planificación de una economía que constara de  de veinticinco millones de productos, y que se hiciese con el uso de una computadora, podría tardar en sus análisis más de quince mil millones de años, superando con ello la edad del universo. También afirma Pontón que la planificación sí se da en las economías de mercado, siendo ella una planificación invisible y a cargo de las enormes cantidades de decisiones individuales de las personas que libremente compran o venden.

Pienso que la válida crítica que Mises y los seguidores de la escuela austriaca de economía hacen a las economías centralmente planificadas no puede apoyarse en el argumento de las dificultades computacionales. Puede pensarse, en un arranque de optimismo o simplemente desde un punto de vista teórico, que el avance computacional puede llegar al extremo de poder calcular y relacionar, en un instante dado, todas las transacciones económicas del planeta. Aún en ese hipotético caso el cálculo económico futuro es imposible por las siguientes razones: Primera, un comité planificador tiene que disponer de algún criterio objetivo de asignación de precios, ésto es, debe disponer de una teoría objetiva del valor, cualquiera que ella sea (en caso contrario no tendría ningún sentido la existencia de dicho comité planificador, todo planificador tiene que diseñar y construír a  partir de un plan) y las teorías objetivas del valor están vaciadas de contenido. Esto lo conocían con lujo de detalles los escolásticos de la escuela de Salamanca en el siglo dieciséis. El ejemplo más claro lo vemos en la teoría del valor – trabajo del marxismo, ver [4]. Cuando nos preguntamos cuál es el valor del  trabajo de un obrero llegamos a que tenemos que avaluarlo en términos de él mismo lo que constituye una inconsistencia lógica. Otro ejemplo, si el valor de todas las mercancías las avaluáramos en términos de un gramo de oro, cuando nos preguntemos cuánto vale un kilo de oro, como material industrial, tendríamos que decir que vale mil gramos de oro y por lo tanto no hemos avanzado en el conocimiento del valor de un kilo de oro. Segunda, cuando dicho comité permite algún tipo de libertad para mercadear y con ello ocasionar variaciones de precios, a los que Lange dice que el comité planificador debe ajustar de tiempo en tiempo, ese mismo conocimiento de los precios en la mente del público genera una variación en los mismos. Esto lo observamos en las bolsas de valores, si conocemos el precio de una acción, ello provoca, por reacción del público, una modificación del mismo. En cortas palabras, conocer implica modificar. Tercera, si quisiéramos determinar el precio de una mercancía con relación al precio de las insumos necesarios para su producción, encontramos que alguno de éstos es justamente la mercancía que queremos avaluar. Por ejemplo: si queremos conocer el precio de un camión, en términos de las piezas que lo componen, encontramos que el precio del motor viene determinado por el precio de los aceros que lo componen, por el transporte de los mismos a los talleres de construcción,…ctc  y dicho transporte depende del valor del camión transportador que, para infortunio de los planificadores centrales, es del mismo tipo de camión que queremos avaluar, por lo tanto el precio del camión inicial queda indeterminado.

Este tipo de definiciones circulares las encontramos también en el lenguaje ordinario; si miramos un diccionario y buscamos el significado de la palabra justicia vemos que en una de sus acepciones ella está definida como el poder judicial y si miramos que significa la palabra judicial encontramos que se define en términos de la administración de justicia. Cualquier comité central de planificación lingüística entraría en crisis cuando intente elaborar, con precisión milimétrica, su diccionario de usos y reglas. Aquí vemos las hondas razones que asistían a Hayek cuando nos hablaba del Orden Espontáneo, como algo que no está racionalmente planificado y sin embargo funciona.

Ya en el siglo XVI, diego de Cobarrubias y Leyva, obispo de Segovia nos advertía de la inconsistencia de las teorías objetivas del valor y entendía que el valor es un concepto subjetivo que depende del mercado. Así decía en [5]: el valor de una cosa no depende de su naturaleza objetiva sino de la estimación subjetiva de los hombres, incluso, aunque tal estimación sea alocada…” y lo ilustraba diciendo que …en las Indias el trigo se valora más que en España porque allí los hombres lo estiman más, y ello a pesar de que la naturaleza del trigo es la misma en ambos lugares.

El mercado, mercado libre, en su sentido lato, es la manera que tienen los humanos de comunicarse. Intercambiamos mercancías para nuestra subsistencia como también intercambiamos opiniones y afectos. Sólo en condiciones de libertad y respeto mutuo es posible la construcción de sociedades dignas y prósperas.

Referencias

[1] Walter Eucken Cuestiones fundamentales de economía política,

Alianza, Madrid (1967)

[2] David  Boaz, Las raíces del liberalismo

http://www.elcato.org/node/2840

[3] Rogelio Pontón. Mercado y Racionalidad Económica

http://www.hayek.org.ar/new/images/fotos/revista/Escuela_Austriaca_No.5.pdf

[4] K. Marx, Salario, precio y ganancia,

http://www.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/65spg/index.htm

[5] Diego de Covarrubias y Leyva, Omnia Opera, Haredam Hieronymi Scoti, Venecia 1604, vol. 2, Libro 2, p. 131

Categorías:Economía
  1. Antonio Mora Plaza
    abril 30, 2009 a las 9:05 pm

    Creo que el autor de este blog no ha leído el libro de Oskar Lange ni a Mises. En cuanto a la primera objección, el propio Lange dice que siempre es la guía de los precios de mercado el criterio de decisión, tanto para consumidores como oferentes en una economía socialista de planificación central. No hay que recurrir a ninguna otra teoría del valor. La segunda no es una objección sino precisamente lo que deben hacer los que toman las decisiones en las empresas planificadas: tomar los precios del mercado para ir asignando los factores y la cantidad producida con criterios de eficiencia utilizando el propio análisis marginal de costes. En cuanto a la tercera, el autor debe ignorar el análisis input-output, donde los precios de los insumos entran como costes en la producción de los mismos; lo mismo ocurre en los análisis del equilibrio general apoyados con los teoremas del punto fijo (Brower y Kakutani). Sólo desde la ignorancia del autor, Mario Zuluaga, se pueden afirmar semejantes desatinos como los expuestos en este blog.

  2. Adrian hach
    octubre 30, 2009 a las 9:24 pm

    Io creo k efectivamente se tiene k hacer una teoria del valor distinta a la de una economia socialista. En el socialismo tal cual, la mercancia no es la producion general, pues no hay acotres interdependientes entre si. POr el contrario gran parte de los productos del trabajo se encuentran palnifcados ( claro esta k ello no sginfica k todo lo k se produce se consuma necesariamente). LA PRODUCION MERCANTIL ES PRODUCION DE MERCANCIAS, Y EL SOMETIMIENTO DE LA FUERZA DE TRABAJO A ESTA. EN UNA ECONOMIA SOCIALSITA NO EXISTE ESTO. Si bien tambien se encesita de al feursa de trabajo, esta no quea reducida a vil mercancia. No se produce para extrar mas mercancias ( esto sucede en “el libre cambio”) si no para necesidades de sus sujetos impregnados. el socialismo tampoco implica la resolucion de clases, esta tambien se encuentra consittuida en tales. pero lo k diferencia a esta de otras es k LAS REVOLCUONES YA NO SE RESUVLEEN EN EL PLANO POLITICO. el comunismo es el ultimo etadio donde ia no hay clases, en el socialismo todabia las hay , mas aun en un socialismo en l k se esconde rasgos capitalistas

  3. Yanuario
    octubre 31, 2009 a las 2:15 am

    La planificación de la economía social, dicha de otro modo, la obtención de la racionalidad a escala social del proceso de la producción y de la distribución, solo es posible con el modo de producción socialista, La propiedad social de los medios de producción transforma el caracter de la empresa que llega a ser una empresa socialista. La maximización del beneficio deja de ser el fin ultimo de la empresa. La actividad de la empresa socialista está subordinada a un fin de la sociedad entera, expresado por el plan de la economía social. Este plan define el fin bajo la forma de un objetivo cuantitativamente mensurable: por regla general, bajo la forma de un determinado ingreso nacional, generalmente el plan establece tambien los medios principales que deben servir para la realización de este fin. El modo de producción socialista sólo hereda del modo de producción capitalista, aparte de las fuerzas productivas, la metodología propia de la racionalidad economica privada de las empresas capitalistas y, particularmente, el cálculo monetario y la contabilidad, junto con la idea misma del principio de racionalidad economica. Se trata de una gran herencia historica, pero insuficiente para realizar la racionalidad economica social de la producción y de la distribución, pues permite aplicar el principio de la racionalidad economica en los limites estrechos de la empresa, pero proporciona el metodo apropiado para unificar la actividad de la empresa, en una estructura jerarquizada de fines subordinada al fin principal. Por tanto, la sociedad socialista debe alaborar este metodo en el curso de su propio desarrollo.

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