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El positivismo jurídico como arma política

Por:  Mario Zuluaga

Ante la crisis de relaciones diplomáticas entre Colombia y Ecuador, suscitada por el ataque de un comando del ejército colombiano  a un campamento de las FARC asentado en territorio ecuatoriano, el viejo enfrentamiento entre el iuspositivismo, o positivismo  jurídico, y el iusnaturalismo, o derecho natural,  vuelve a ponerse de relieve generando con ello un dilema que parece no tener solución.

El positivismo jurídico habilita al estado para establecer una serie de normas jurídicas que moldean el comportamiento humano y que separan el carácter formal de aquellas del aspecto moral o natural de las mismas. En el iuspositivismo no existe la interpretación de la norma, ella ha de aplicarse en sentido literal y no se mira si tal norma es justa o injusta, si consulta valores morales o tradiciones culturales. Es suficiente que alguien competente, y habilitado por el estado, la establezca para que ella cobre fuerza de ley.

Uno de los propósitos del iuspositivismo es alcanzar el estatus de derecho científico: un cuerpo normativo cerrado y completo en el que no han de presentarse vacíos jurídicos; un entramado normativo derivado de unas grandes normas hipotéticas y nunca cuestionadas que revistan un carácter internacional y una fácil aplicabilidad reducida a la consulta rápida del manual que las contiene.

El iuspositivismo se remonta casi a los inicios mismos del derecho, pero cobró gran fuerza con los trabajos de Thomas Hobbes, Jeremy Benthan y David Hume. En la edad moderna quizás el más destacado positivista jurídico sea el austriaco Hans Kelsen (1881-1973) quien en [1] afirmaba que

“una norma jurídica no vale por tener un contenido determinado; es decir no vale porque su contenido pueda inferirse, mediante un argumento deductivo lógico, de una norma fundamental básica presupuesta, sino por haber sido producida de determinada manera y, en última instancia, por haber sido producida de la manera determinada por una norma fundante básica presupuesta. Por ello, y sólo por ello, pertenece la norma al orden jurídico, …”.

El aterrador párrafo anterior hace del derecho positivo una teoría abstracta sin principios éticos que la rijan dando cabida a regímenes criminales como el nazismo en el cual sus métodos y actuaciones se ajustaban a derecho.

No es el aspecto puramente formal del positivismo jurídico su lado oscuro, es la incuestionabilidad de sus normas rectoras la que lo convierte en una teoría perversa. No es justificable una teoría del derecho que sólo exhibe como bondad una armazón coherente de axiomas y normas derivadas de ellos sin anclaje en aspecto alguno de la naturaleza humana. Semejante inspiración no la encontramos ni siquiera en las abstractas teorías matemáticas. Las más fructíferas axiomatizaciones de la matemática están inspiradas en hechos intuitivos y naturales de la vida ordinaria.

Contrario al iuspositivismo tenemos el llamado iusnaturalismo, éste  basa su entramado jurídico en valores naturales irrenunciables como el derecho a la vida, el derecho a la propiedad, el derecho a la libertad de comercio, el derecho a la libertad de expresión, el derecho a la libre asociación, el derecho a juicios imparciales y el uso legítimo de la fuerza en caso de agresión. Considera el iusnaturalismo que cualquier sistema jurídico que no consulte aquellos derechos naturales es ilegítimo e inaceptable pues atenta contra los más elementales derechos humanos; que legitima la existencia de tiranías y calla ante los abusos del poder.

Aquellas dos vertientes de la filosofía del derecho se mezclan de manera ecléctica en los articulados jurídicos de casi todos los países del mundo ocasionando dilemas y controversias interminables. Es, por ejemplo, el caso del diferendo colombo ecuatoriano de hace unos días: Existe una norma explícita en el derecho internacional que prohíbe la penetración de tropas extranjeras en territorios vecinos. Este principio del positivismo jurídico es invocado por la diplomacia ecuatoriana en sus alegatos contra el gobierno colombiano. Por el contrario, la diplomacia colombiana invoca el principio de la legítima defensa, principio básico del derecho natural, como argumento a su favor para justificar el ataque al campamento guerrillero de las FARC en territorio ecuatoriano.

Pero aquí también advertimos la utilización del derecho positivo como arma política. Que el ejército de una nación invada un país vecino significa la apropiación de su territorio, la usurpación de sus recursos naturales, el asesinato y desplazamiento de su población y la imposición de normas y poderes jurídicos extraños a sus tradiciones. Ese no fue el caso del ejército de Colombia. Fue un ataque a un grupo guerrillero colombiano que se ocultaba en territorio extranjero y selvático; nunca se atentó contra ciudadanos ecuatorianos ni contra la infraestructura del país hermano; el ataque que duró unas pocas horas invocaba el uso de la legítima defensa que tenemos los colombianos para dar de baja a uno de los más grandes criminales del mundo quien ha llenado a nuestra nación de dolor y luto por más de treinta años. La reclamación desproporcionada del gobierno ecuatoriano no es otra cosa que la utilización literal de una norma jurídica descontextualizada para atacar a un gobierno que profesa una ideología de desarrollo que no comparte. Este es el más claro ejemplo del uso del iuspostivismo como arma política.

Recuerdo una frase de don Benito Juarez (1806-1872), presidente de México en varias ocasiones, que resume el carácter ecléctico del quehacer jurídico. Así decía: “para mis amigos, la ley, la comprensión y las consideraciones (Juarez, el iusnaturalista). Para mis enemigos, la ley” (Juarez, el iuspositivista)
Bibliografía.

[1] Kelsen. H Teoría pura del derecho , editorial Porrúa, Mexico 1993

 

Categorías:Filosofía
  1. mayo 30, 2008 a las 6:33 am

    Princeton says : I absolutely agree with this !

  2. noviembre 4, 2008 a las 9:14 pm

    Hermano no podemos justificar defenza , porque defenza es cuando somos atacado por sujetos o cosas. esto guerrillero estaban en descanso es decir durmiendo, el ataque fue una violacion alos derechos internacionnales de un pais, el gobierno tenian que actuar en cojunto con el otro gobierno y asi resolver el conflicto. esto fue un ACTO DE CANALLADA.
    PORQUE NO LO HACEN CON LOS GRIGO QUE LES VENDEN ARMAS ALOS PARA Y HACEN EN SU TERRITORIO LO QUE LE DAN LA GANA.
    ,no justifico las guerra ni las invaciones a ningun pais, busquen el dialogo, no como lo que hicieron con los indigena que lo mataron por reclamar sus derechos.

  3. David jiménez
    abril 23, 2009 a las 2:27 pm

    Buenas tardes,

    Dr Mario Zuluaga, He leído dos de sus artículos públicados (apenas por mi reciente conocimiento de la página) y en verdad me complace atribuirles a éstos un concepto de finura, exquistes, con formidables argumentos que fortalecen un ambiente crítico, donde se cuestiona lo jurídico.
    Soy un estudiante de derecho de la u de a, y no hago más que invocarle a usted (en muchos casos) para elucidar cuestiones de filosofía jurídica y demás. Acerca de este artículo sí que guarda usted una apreciación razonable. Según un profesor, el iuspositivismo es radicalmente peligroso, y en este caso, su uso se evidencia como una clara arma política, que se apega a la peligrosa apreciación literal y no se hace consiente de la realidad.

    una vez más le reitero mis respetos y ojalá continue haciendo sus comentarios,

    gracias

  4. David jiménez
    abril 23, 2009 a las 2:28 pm

    conciente
    exquisitez
    (correción de errores ortográficos)

  5. Maria
    junio 3, 2010 a las 8:56 pm

    ME ENCANTOOOO TU TEXTO….
    Asi es como deberia pensar toda la gente…
    Bonita reflexion.
    QuE VivA ColoMbIa!!!

  6. Felipe Zuluaga
    octubre 4, 2010 a las 5:27 am

    Hola Mario, el artículo constituye una excelente, clara y concisa explicación de los dos postulados filosofo-jurídicos.
    Pero debes tener cuenta, que el principio de legitima defensa “es un contraataque como respuesta, a una inminente agresión de un bien jurídico” y en ningún momento, las Fuerzas Armadas de Colombia estaban siendo hostigadas por guerrilleros.

    -En ese orden de ideas, no puedo pretender por ejemplo “golpear brutalmente el día lunes próximo al ladrón, que asalto mi casa el viernes; escudándome en una legitima defensa”-

    Por en ende, si realizamos una ponderación de principios en base a unos criterios razonables y proporcionales, como mecanismo propuesto en la doctrina jurídica en estos casos. Prevalece la soberanía nacional del Ecuador, sobre la legitima defensa que alude el ejercito Colombiano.

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