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La Guillotina de Mises

Por Mario Zuluaga

Aclaración personal

Las literatura sobre el apriorismo de Mises es muy amplia. En las referencias abajo citadas el lector encontrará algunos pocos ensayos que defienden aquella visión epistemológica y otros que la atacan. Considero que el apriorismo con el que Mises apoya su espléndida visión de la economía es insostenible e innecesario. Simplemente, creo yo, que con valores extraídos del ideario libertario la economía según Mises queda ampliamente justificada.

Cuando leía La Acción Humana y me topé con los pasajes en los que Mises equipara los postulados de la economía con la matemática, pude advertir que el maestro tenía una errada visión de lo que la matemática dice y hace. Ello me llevó a escribir el presente ensayo.

Debemos celebrar tener a nuestra disposición esta obra cumbre de la economía y aplaudir el titánico esfuerzo de Mises por apoyarla con su visión epistemológica, aunque no la compartamos, puesto que ha abierto un apasionante debate que por honestidad intelectual no debemos eludir. Comprendo que escribir una obra de 1302 páginas, en un dilatado período de tiempo y sobre temas de tan alta complejidad, es imposible no caer en imprecisiones e incoherencias.

El título de este ensayo lo he puesto de esa manera porque encuentro una seductora analogía entre la visión epistemológica de Hume y la de Mises. Con lo que es conocido como La Guillotina de Hume se abre camino a un dualismo metodológico que permite distinguir entre ciencias naturales y ciencias sociales. Mises intenta, por analogía, distinguir entre ciencias naturales y ciencias praxeológicas.

Introducción

Hans Herman Hoppe, es uno de los varios influyentes economistas libertarios e impulsores de las ideas de la escuela austriaca de economía. Lo más importante del pensamiento económico de Hoope es lo que a la economía aporta desde su visión de filósofo. El apriorismo miseano es el tema que aborda y defiende en su obra, y en muchas otras, La ciencia económica y el método austriaco [1]. En este importante documento de 68 páginas, Hoppe plasma su visión de la economía y su distinción de las ciencias naturales. Lo que Hoppe quiere defender es la posición de Mises cuando, sobre la economía éste afirma que:

Sus enunciados y proposiciones no se derivan de la experiencia. Son, como los de la lógica y la matemática, a priori. No están sujetos a verificación y falsación sobre la experiencia y los hechos. Son a la vez lógica y temporalmente anteriores a toda comprensión de los hechos históricos. Son el requisito necesario de cualquier entendimiento intelectual de los acontecimientos históricos, [1] pp 6.

Esta visión de la economía viene tutelada por una posición filosófica que Mises acuñó con el término Praxeología  que significa la lógica de la acción humana.

El punto de partida de Mises, y que Hoppe defiende, es aquel que afirma que la praxeología está apoyada en una verdad auto evidente, algo así como un mojón inamovible, anterior a cualquier experiencia, que se sustenta debido a que su negación nos lleva obligatoriamente a contradicciones insalvables. Es decir, un juicio sintético a priori. La acción, la acción humana, que nos conduce por ejemplo a pasar de estados menos satisfactorios a otros más satisfactorios; que nos permite intercambiar bienes con nuestros semejantes con mutua satisfacción; que nos permite preferir el hoy al mañana son, para Mises y Hoppe, verdades que no necesitan verificación experimental y de allí su condición de auto evidente.  Es ello lo que le imprime al pensamiento de Mises su carácter apriorístico. Nos dice Hoope en [1] cómo muchos otros economistas anteriores a Mises tenían también una visión apriorística de la economía como Jean Baptiste Say,  John E. Cairnes, Carl Menger, Eugen von Böhm-Bawerk y Friedrich von Wieser, pero la más acabada visión apriorística de la economía la encontramos en [2], [10]

Para distinguir el método praxeológico del método utilizado por las ciencias naturales, Hoppe nos presenta su visión marcadamente empirista de aquellas cuando afirma que:

¿Cómo sabemos cuáles serán las consecuencias si sometemos un material de la naturaleza a pruebas específicas, digamos, si lo mezclamos con otro tipo de material? Obviamente no sabemos antes de que realmente lo probemos y observemos lo que sucede. Podemos hacer una predicción, por supuesto, pero nuestra predicción es sólo hipotética, y las observaciones se necesitan para saber si estamos en lo correcto o no.

Además, aunque hayamos observado algún resultado específico, digamos que la mezcla de los dos materiales da lugar a una explosión, ¿podemos estar seguros de que ese resultado se producirá invariablemente siempre que mezclemos esos materiales? De nuevo, la respuesta es no. Nuestras predicciones serán aún, y de forma permanente, hipotéticas. Es posible que una explosión sólo se dé como resultado si ciertas condiciones—A, B y C—se cumplen. Sólo podemos saber si es o no es el caso, y bajo qué  condiciones, si nos embarcamos en experimentos de prueba y error al infinito. Eso nos permite mejorar progresivamente nuestro conocimiento sobre la gama de aplicaciones de nuestra predicción original hipotética, [1] pp 11.

Un ejemplo extraído de la física

Podemos ir más lejos de la visión que Hoppe tiene de la investigación científica cuando observamos que la gran fuerza de la ciencia no la hayamos en el experimento puro y duro sino en la teoría que se construye para convalidarlo y preverlo. El dato experimental es el primer paso de una cadena que conforma el cuerpo de una teoría científica. Y pongo un ejemplo clásico extraído de la astrofísica: Son bien conocidas las tres leyes del movimiento planetario descubiertas por Johannes Kepler (1571- 1630) con base en las observaciones que el astrónomo danés Tycho Brahe (1546-1601) realizó del movimiento de los planetas alrededor del sol. Pero sin ninguna duda el triunfo de aquellas investigaciones, que por lo demás constituye el triunfo de la ciencia moderna, lo obtiene Isaac Newton (1642-1727) quien con su ley de gravitación universal deduce, con argumentos matemáticos, las tres leyes descubiertas por Kepler. Además, porque Newton proporciona el método de análisis (método matemático) para explicar no sólo el movimiento de los planetas de nuestro sistema solar sino las relaciones y los movimientos de dos cuerpos enlazados por fuerzas gravitacionales. No son los datos numéricos entregados por Tycho Brahe, ni las leyes del movimiento planetario de Kepler los que convirtieron a la astronomía en ciencia moderna, es la ley de gravitación newtoniana la que se lleva ese mérito. Aunque debemos aclarar que son los datos experimentales los que llenan de contenido y sustancia a las teoría científicas.

Pero lo descubierto por Newton no es el final del camino. La teoría de la gravitación newtoniana no explica el movimiento de tres o más cuerpos sometidos a fuerzas gravitacionales mutuas. El problema de los tres cuerpos, así es conocido, es un problema no resuelto al día de hoy. Estos son los temas de investigación de los que se ocupan hoy en día los científicos dedicados a la mecánica celeste.

Lo característico y apasionante de la investigación científica radica en preguntarse por la causa primera del fenómeno que se tiene enfrente con la casi total certeza de nunca hallarla. El método científico no es estrictamente empirista, ni estrictamente racionalista, es una combinación ordenada e indisoluble de ambos.

Cabe entonces preguntarnos cómo se construye una teoría científica y  cómo se construye una teoría económica y por qué habremos de seguir caminos epistemológicos distintos de tal suerte que nos brinde una alta dosis de confianza de estar en lo cierto.

El método científico es hipotético-deductivo, el experimento y la hipótesis son su instrumento esencial. El fin primordial de la ciencia consiste en la construcción de una teoría a partir del descubrimiento fenomenológico, es por ello que el principio de falsación popperiano aplica en toda regla, [3] y la teoría científica, por lo tanto, entra en un estado de interinidad que puede ser falsable. Por ejemplo: La teoría gravitacional newtoniana, válida para explicar el movimiento de dos cuerpos que se atraen, se vuelve falsa cuando el fenómeno que queremos entender es el del movimiento de tres o más cuerpos unidos por sus fuerzas gravitatorias.

La guillotina de Hume y de Mises

Para entender por qué el método científico no aplica al caso de la economía y las ciencias sociales en general, debemos recurrir a lo que es conocido como la guillotina de Hume. Hume (1711-1776) distinguía entre los que es y lo que debe ser y advertía cómo muchos autores cometían falacias cuando pasaban de la una a la otra en el mismo hilo argumental. Esto decía Hume en [4]:

En todo sistema de moralidad que hasta ahora he encontrado, siempre he notado que el autor procede por algún tiempo en los modos ordinarios de razonamiento, y establece la existencia de Dios, o hace observaciones concernientes a los asuntos humanos, cuando de pronto me veo sorprendido de encontrar, que en vez de los enlaces usuales de las proposiciones, es y no es, encuentro que no hay ninguna proposición que no esté enlazada con un debe, o un no debe. Este cambio es imperceptible; pero es, sin embargo, de grandes consecuencias. Pues como este debe, o no debe, expresa una nueva relación o afirmación, es necesario que sea observada y explicada; y que al mismo tiempo se dé una razón, para lo que parece totalmente inconcebible: cómo esta nueva relación puede ser una deducción de otras, que son completamente diferentes de ella.

Es importante advertir que a diferencia de la guillotina de Hume, Mises nos propone lo que podríamos llamar la guillotina de Mises, y por consiguiente un dualismo metodológico, que nos permita abordar los problemas de las ciencias naturales, por un lado, y los problemas de la praxeología por el otro. No obstante, Mises le otorga un carácter provisional al dualismo metodológico cuando afirma que

Creamos o no que las ciencias naturales logren algún día explicarnos la  producción de las ideas, de los juicios de apreciación y de las acciones, del mismo modo que explican la aparición de una síntesis química como f r u t o necesario e inevitable de determinada combinación de elementos, en el ínterin no tenemos más remedio que conformarnos con el dualismo metodológico, [2] pp 45.

Debido a las dificultades epistemológicas que comporta la praxeología, opino que la disciplina económica, a diferencia de las ciencias naturales, cae en la categoría del debe ser.  Ello así porque las teorías económicas son un invento del hombre (muy reciente, por cierto) y las explicaciones por ellas aportadas son diversas y las más de las veces se contradicen mutuamente. La economía propone esquemas de comportamiento individual y colectivo. Por ejemplo: economía con propiedad privada o economía sin ella, economía centralmente planificada o economía de libre mercado, economía con monopolios u oligopolios, privados o estatales…ctc.  Y cuando una teoría económica quiere ser analizada y criticada se hace desde la visión de otra teoría económica. Por ejemplo, no tiene mucho sentido una crítica al keynesianismo desde la visión de él mismo, y sí tiene sentido una crítica al keynesianismo desde la visión de la escuela austriaca de economía.

Por el contrario, la física, la química, la geología y la biología hacen su aparición con el big-bang y caen en la categoría del ser, no en la categoría del  deber ser. Es por ello que las metodologías empleadas para la investigación científica y la investigación económica siguen caminos diferentes. En las ciencias naturales el objetivo es el descubrimiento de lo que es y su funcionamiento. En la economía el objetivo es entender y proponer los valores que habrán de regir el comportamiento de las sociedades. Es por ello que la economía es una disciplina del deber ser, esto es: normativa. Ello no implica que la ciencia económica habrá de renunciar a los razonamientos que respetan las leyes de la lógica formal y que se desarrollan a partir de  valores tan humanos como los que encontramos en el derecho natural: vida, libertad y propiedad.

Un contradictor cientista, quizás, alegaría que el comportamiento humano está implícito en todo aquello que es anterior a todos los tiempos; que la historia del hombre está escrita y predestinada, como lo sugiere el historicismo hegeliano – marxista y por lo tanto la economía es una ciencia positiva como lo son las ciencias naturales. Ello, aparte de estar inspirado en la visión religiosa luterana y calvinista, no pasa de ser una afirmación gratuita de muy difícil sustentación, aparte de cercenar de un tajo lo que más amamos: La libertad de acción. Ya no seremos dueños de nuestro destino, una fuerza superior e ineluctable nos rige sin piedad y comprensión. Tendremos que resignarnos a tener a Prometeo encadenado.

Detengámonos un poco en el método apriorístico propuesto por Mises. Es conocido que Mises se apoya en los juicios sintéticos a priori de la filosofía kantiana y propone la categoría de la acción, El humano actúa, como un juicio sintético a priori verdadero, no necesita ser verificado por experimento alguno, es auto evidente. (Sorprende que no encontremos sino sólo dos veces el nombre de Kant en La Acción Humana sin hacer referencias a los juicios sintéticos a priori) Es sobre este pilar sobre el que construye su visión epistemológica de la economía. Y afirma que dicho juicio es verdadero porque si lo negamos (el humano no actúa) ésta nueva afirmación queda inserta en la categoría de la acción. Ello es altamente  perturbador y difícil de aceptar puesto que tiene el mismo grado de contradictorio de aquella que dice que no ser es una forma de ser o también así: se es no siendo. ¡Que camino tan tortuoso el que nos propone nuestro querido maestro!

Además, como ya lo habíamos citado, Mises afirma que los enunciados y proposiciones de la economía… son, como los de la lógica y la matemática, a priori. Esta comparación entre economía y matemáticas, en mi opinión, no cabe porque le arrebata a esta última su distintivo principal, cual es el de ser hipotética. Recordemos que todas las proposiciones de la matemática se inician con la frase: Supongamos que…, entonces…

Comencemos por afirmar que la palabra axioma no significa, en matemáticas, verdad auto evidente o incontrovertible, significa punto de partida o suposición arbitraria. En matemáticas las proposiciones no tienen un valor absoluto, no son siempre ciertas o siempre falsas. La matemática descansa sobre la estructura P implica Q  y de lo que se ocupa es en decir que en el eventual caso en que P sea cierta entonces lo es Q.

Por extraño que le parezca a muchos economistas, la matemática es una disciplina eminentemente normativa y además teleológica. Los buenos axiomas (normas) se escogen pensando en que las implicaciones extraídas de ellos nos brinden las mejores explicaciones.

Bertand Rusell, en su libro Los Principios de la Matemática, [5], nos proporciona una descripción caricaturesca de la matemática que luce algo peyorativa pero que no obstante es muy acertada, así dice: La matemática es una disciplina en la que no sabemos de qué estamos hablando (es el rasgo abstracto que la caracteriza) ni si lo que afirmamos es verdad (las proposiciones no tienen valor en si)

Aunque aquello no le quita a la matemática su valor como instrumento de análisis y su aplicabilidad, tampoco le confiere, por si sola, legitimidad a las proposiciones por ella inferidas. Un axioma mal escogido en una teoría matemática la llevaría a resultados insípidos y anodinos. Creo que en ello consiste el error de la economía matemática tan en boga en el pensamiento neoclásico. No se puede negar las correctas implicaciones extraídas de, por ejemplo, las curvas de oferta y demanda, continuas; derivables; creciente la primera; decreciente la segunda con punto de intersección como punto de equilibrio,…ctc, o la función de utilidad, creciente, derivable varias veces, con primera derivada negativa,..ctc. Pero concluir de allí que lo implicado matemáticamente por tanto axioma sea cierto o relevante es, por decir lo menos, una enorme ingenuidad.

Veamos ahora un ejemplo extraído de la geometría que pone en dificultades la visión apriorística de la praxeología al compararla con la matemática. Las tres afirmaciones siguientes son aceptadas como axiomas de la geometría, que tomadas juntas sería una flagrante contradicción:

1. Por un punto exterior a una recta pasa una y sólo una paralela. (Geometría euclidiana)
2. Por un punto exterior a una recta no pasa ninguna paralela (Geometría elíptica de B. Riemann)
3. Por un punto exterior a una recta pasan dos o más paralelas (Geometría Hiperbólica de K.F.Gauss y N. Lobachevsky)

Con cada uno de los tres axiomas (proposiciones arbitrarias) se construye una teoría geométrica de enorme significación física. La geometría euclidiana se usa en mecánica newtoniana. La geometría elíptica es el instrumento primordial de la teoría de la relatividad de imprescindible utilidad en astrofísica. La geometría hiperbólica constituye la base de la trigonometría esférica de uso en cartografía.

El formalismo matemático, y su grado de abstracción, ha llegado a tales niveles de sofisticación que David Hilbert, uno de los más conspicuos matemáticos de todos los tiempos, afirmaba que se podía construir una geometría con sólo tres elementos: mesa, silla y baso de cerveza.

Los argumentos expuestos atrás no amenazan ni le quitan la grandeza y profundidad a la obra de Mises, pero aquella insistencia epistemológica, me parece, la llena de artificiales e innecesarios argumentos que obscurecen el propósito de un tratado de economía. Me atrevo a pensar que a Mises lo asistía un afán de darle a su obra un vestido de rigor filosófico que le concediese una respetabilidad académica. Supongo que quería darle una respuesta a la corriente principal neoclásica, otorgándole a su obra un cariz lógico-deductivo que superara la práctica algorítmica de la matemática. Una respetabilidad que, creo yo, bien se logra si se enmarca La Acción Humana en el ámbito del derecho natural (iusnaturalismo). ¿ No fue eso lo que dio gloria y reconocimiento a la Escuela de Salamanca de los siglos XV y XVI?

La palabra libertad aparece en La Acción Humana 189 veces esparcida en 1302 páginas, aparece alrededor de una vez cada siete páginas. Sin la palabra Libertad, el libro cumbre de Mises se vacía de contenido. El concepto de libertad, entendido primero como libertad individual y colectiva después, como un agregado, y que significa la posibilidad y la capacidad de optar entre alternativas, bien puede ser el primer axioma (norma o punto de partida) de la praxeología. La libertad es una condición necesaria y suficiente para La Acción. Es necesaria porque sin la libertad no hay acción y es suficiente porque libertad significa posibilidad y capacidad de optar y éste es el motor de la acción. Desde el punto de vista de la lógica formal la libertad y acción son conceptos equivalentes.

Ahora, la libertad, no es una ley incontrovertible de sociedades humanas pues ella o su ausencia, en el seno de una sociedad, se puede convertir en norma o convenio. Así como hemos tenido sociedades deliberadamente totalitarias y liberticidas, las hemos tenido deliberadamente libres. Ahora, esta norma o convenio no se descubre, cómo se hace con las leyes de la física, sino que se construye, se modifica y se perfecciona. La libertad, además de ser un valor, tiene propósitos teleológicos y no veo por qué su equivalente, la acción,  se mire como un juicio sintético a priori.

Veamos lo que nos dice Mises sobre la libertad y la praxeología en su magna obra:

De ahí que, como decíamos, sólo en el marco de una organización social quepa hablar con fundamento de libertad. Consideramos libre, desde un punto de vista praxeológico, al hombre cuando puede optar entre actuar de un modo o de otro, es decir, cuando puede personalmente determinar sus objetivos y elegir los medios que, al efecto, estime mejores. La libertad humana, sin embargo, se halla inexorablemente tasada tanto por las leyes físicas como por las leyes praxeológicas. Vano es para los humanos pretender alcanzar metas entre sí incompatibles, [2] pp429.

Aunque Mises relaciona la libertad con el axioma de la acción, no nos dice cómo se subordina la primera al segundo, simplemente lo afirma. Además hay varios pasajes en la Acción Humana en la que Mises no le asigna características de valor a la praxeología comparándola con las ciencias naturales y la matemática. Así dice:

El aludido postulado de la Wertfreibeit (independencia de valoraciones) puede fácilmente ser respetado en el campo de la ciencia apriorística —es decir, en el terreno de la lógica, la matemática o la praxeología—, así como en el de las ciencias naturales experimentales, [2] pp 87

Hay más pasajes en la Acción Humana en los que Mises conecta estos dos conceptos. Es importante advertir que la palabra libertad aparece en el texto de la acción humana más veces (189) que la palabra praxeología que la vemos impresa en el texto  151 veces. Por ejemplo:

Pero tampoco debe el praxeólogo descuidar la mecánica de la volición y la intencionalidad del hombre al actuar, sobre la base de que constituyen meras realidades dadas. Si así lo hiciera, dejaría de estudiar la acción humana, [2] pp 56.

Y donde decimos volición e intencionalidad decimos libertad, pues sería vano desear y pretender objetivo alguno si no tenemos la capacidad de optar.

No obstante los cantos que mises le hace a la libertad individual en La acción Humana  son tan numerosos que hacen del maestro un adalid del liberalismo. Veamos unos pocos casos escogidos al azar:

1. Yerra, en verdad, nuestro siglo al desconocer el enorme influjo que la libertad económica tuvo en el progreso técnico de los últimos doscientos años, [2] pp 29

2. Quienes propugnan la libre competencia y la libertad de empresa en modo alguno están defendiendo a los hoy ricos y opulentos; lo que, en verdad, pretenden es franquear la entrada a individuos actualmente desconocidos y humildes —los empresarios del mañana— gracias a cuya habilidad e ingenio será elevado el nivel de vida de las masas; no desean sino provocar la mayor prosperidad y el máximo desarrollo económico, [2] pp 139.

3. Todas las distintas variedades de credos colectivistas coinciden en implacable hostilidad ante las instituciones políticas fundamentales del sistema liberal: gobierno por la mayoría, tolerancia para con el disidente, libertad de pensamiento, palabra y prensa e igualdad de todos ante la ley, [2] pp 241.

4. Lo que originariamente impulsó al  hombre a acomodar su conducta a las exigencias de la vida en sociedad, a respetar los derechos y las libertades de sus semejantes y a reemplazar la enemistad y el conflicto por pacífica colaboración no fue el amor ni la caridad, ni ningún otro afectuoso sentimiento, sino el propio egoísmo bien entendido, [2] pp 265.

5. Los defensores de la violencia editaron sus libros precisamente al amparo de aquella «seguridad burguesa» que tanto vilipendiaban y despreciaban. Gozaron de libertad para publicar sus incendiarias prédicas porque el propio liberalismo que ridiculizaban salvaguardaba la libertad de prensa, [2] pp 269

6. El estado hegemónico no conoce la ley ni el derecho; sólo existen órdenes, reglamentaciones, que el jerarca inexorable aplica a los súbditos según considera mejor y que puede modificar en cualquier momento. Las gentes sólo gozan de una libertad: la de someterse al capricho del gobernante sin hacer preguntas, [2] pp 306.

Además, hay un pasaje en La acción Humana en el que expresamente Mises equipara la acción con la libertad, entendida ésta como la capacidad y la posibilidad de optar por alternativas, que Mises llama curiosamente voluntad

Cabría decir que la acción es la expresión de la voluntad humana. Ahora bien, no ampliamos con tal manifestación nuestro conocimiento, pues el vocablo «voluntad» no significa otra cosa que la capacidad del hombre para elegir entre distintas actuaciones, prefiriendo lo uno a lo otro y procediendo de acuerdo con el deseo de alcanzar la meta ambicionada o de rehuir la deseada, [2] pp 38.

Es decir, donde se dice acción (praxeología) se dice libertad, y es muy difícil sostenerse en la idea de que la libertad se caracterice como un juicio sintético a priori.

La economía de Mises sistematizada

Una muy buena sistematización de la propuesta económica de Mises la encontramos en la obra de Gabriel Zanotti, La Economía de la Acción Humana, [6]. El propósito de esta obra, como lo dice su autor, es dar un ordenamiento epistemológico de los teoremas de la economía según Mises. Zanotti primero establece el axioma central de la praxeología, así lo define: Acción humana como libre e intencional con conocimiento disperso. Nótese que no desliga la acción de la libertad. Después, con el uso de cinco hipótesis auxiliares y el axioma de la praxeología, demuestra veinticuatro teoremas que rigen la economía según Mises. Estas hipótesis son:

1. Alertness (listeza) empresarial en grado suficiente para la compensación del conocimiento disperso.

2. Versión minimalista de maximización monetaria: el comprador tiende a preferir el precio más bajo frente a igual calidad del bien y el vendedor el precio más alto.

3. Ley de asociación o ley de división del trabajo.

4. Propiedad y libertad de entrada al mercado.

5. Construcciones imaginarias de estado final de reposo y giro uniforme.

Los cinco enunciados anteriores no son axiomas, son hipótesis, y no se derivan del axioma de la acción. Además las cinco hipótesis están inspiradas en el concepto de libertad, entendida como la posibilidad y capacidad de optar entre alternativas.

De los veinticuatro  teoremas que Zanotti deriva de lo anterior sólo mencionaré algunos: Los medios empleados para la satisfacción de necesidades son escasos; toda acción implica el acto de valoración, esto es, el acto de elección entre dos opciones; el acto de valoración es subjetivo; la ley de preferencia temporal; el principio de utilidad marginal;…ctc

Si el axioma fundamental de la praxeología, siguiendo al profesor Zanotti, Acción humana como libre e intencional con conocimiento disperso, es auto evidente ¿cuál será la contradicción en la que incurrimos cuando lo negamos? La negación de aquel enunciado es: que no hay acción, o que no es libre, o no es intencional, o que el conocimiento no está disperso. En lógica formal la negación de una frase de la forma P y Q y R y S es no P, o no Q, o no R, o no S. Es decir, con una sola de las proposiciones componente que sea falsa la proposición original se torna falsa. Ahora pregunto ¿qué tiene de contradictorio o inimaginable una actuación realizada intencionalmente y sometida a realizarse por presiones externas (no libre), por ejemplo bajo amenazas?  Ninguna, ocurren a diario.

Las ideas auto evidentes son de muy difícil determinación, casi siempre así las miramos por que hacen parte de nuestra intuición. La sola intuición en ciencias naturales, e inclusive en matemáticas, no es suficiente para alcanzar un conocimiento certero y en ocasiones es fuente de error. Pongo un ejemplo que sirve de muestra: Todo arco que una el polo sur de una esfera con el polo norte tiene, obligatoriamente, que cruzar la línea ecuatorial.  Pues esto que parece evidente exige, en matemáticas, una prueba. Es un teorema debido al matemático checo Bernard Bolzano (1781-1848) y exige para su prueba el axioma de completez de los números reales, axioma que trasciende cualquier auto evidencia. Otro ejemplo: El todo es más que cualquiera de sus partes. Este es un ejemplo clásico de un juicio sintético a priori. Pues no es cierto, veamos: si consideramos el conjunto de los números enteros N = {1,2,3,…} y su subconjunto de los números pares P = {2,4,6,…} vemos que tienen el mismo cardinal (la misma cantidad de elementos) puesto que se pueden poner en correspondencia uno a uno y sobre, al 1 le asociamos el 2, al 2 le asociamos el 4, al 3 el 6 y así sucesivamente. Es claro que para conjuntos finitos la afirmación sí es cierta.

Referencias

[1] H,H. Hoppe. La ciencia económica y el método austriaco, http://es.scribd.com/doc/102712043/La-Ciencia-Economica-y-El-Metodo-Austriaco#download

[2] L.V. Mises. La acción Humana. Union Editorial, S.A, 1986 http://www.anarcocapitalista.com/pdf.htm#Mises

[3] K.R Popper. La lógica de la investigación científica, http://www.filecrop.com/75473902/index.html

[4] D.  Hume. Tratado sobre la naturaleza humana:
http://www2.udec.cl/~alejanro/pepe/hume.pdf

[5] B. Rusell. Los Principios de la Matemática, Espasa-Calpe S.A, Madrid, 1967.

[6] G. Zanotti. La Economía de la Acción Humana, Unión Editorial, Madrid, 2009.

[7] E.R. Scarano. El apriorismo de Ludwig Von Mises http://www.eseade.edu.ar/servicios/Libertas/1_2_Scarano.pdf

[8] T. Polleit. El apriorismo de Mises frente al relativismo en economía. http://mises.org/community/blogs/euribe/archive/2011/09/11/el-apriorismo-de-mises-frente-al-relativismo-en-econom-237-a.aspx
[9] C. Lujan. El apriorismo de Ludwig Von Mises. http://es.scribd.com/doc/71877931/El-Apriorismo-de-Ludwig-Von-Mises.
[10] L.V. Mises. the ultimate foundation of economic science. http://files.libertyfund.org/files/1820/1359_LFeBk.pdf

[11] M.N. Rothbard. Praxeology: The Methodology of Austrian Economics. The Logic of Action One: Method, Money, and the Austrian School, Cheltenham, UK: Edward Elgar, 1997, pp. 58-77

Categorías:Blogroll, Filosofía
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  1. febrero 10, 2015 a las 10:04 am

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